Los 40 mejores álbumes de Heavy Metal

Por Diego y Sebastián

Eventualmente, la música moderna daría origen a un género como el rock y este, a su vez, a una abundancia de otros macro-géneros, incluyendo el metal. En su fundamento, el metal es un formato más del rock, pero este luce de cualidades únicas, específicas y hasta anormales para una expresión artística.

Suponemos que el romance central del rock es con el tabú y la experiencia rebelde de la juventud. Así, el metal es un tratamiento de estos temas pero de una manera mucho más directa, dramática, exponencial. Esta dedicatoria a lo prohibido necesitaba su día en el sol. Sabbath lo plantearía como un: si la gente va al cine para asustarse… ¿por qué la música no podría ofrecer lo mismo? Más allá de esto, el metal traería consigo un espacio definido e indiscutible para el desarrollo de la llamada música pesada. Este sería el axis central para las cuestiones de rugosidad, de desorientación, lo oscuro y violento como expresión. A diferencia de cualquiera de sus otros hermanos musicales, el metal haría de su misión extender este esquema a través de todos los medios y configuraciones posibles.

Desde Sabbath hasta Meshuggah y más allá, las propuestas del enorme género no han parado de devolverse a su público con sonidos e idearios para los bluseros, parranderos, grifos y románticos fantásticos, los amantes de la historia, paganos, inadaptados sociales, satanistas, socialistas y nacionalistas, morbosos y espirituales, los apocalípticos y críticos a la guerra, góticos hambrientos, cyberfreaks, shredders y muchos más.

La atomización máxima de lo que hoy llamamos metal conserva, hasta hoy, una tribu urbana claramente segmentada. Una comunidad radicalmente dedicada y libre de influencia externa. Un movimiento global cuyos actores principales cargan con la razón de ser una minoría y, por lo tanto, su recelo y éxito particular los vuelve de naturaleza insular. Entre más crecen sus espacios y el propio estilo se diversifica, más lejanos están de lo que pasa afuera de su realidad. Hoy, lo que sería un hijo del rock es un propio universo cultural. No hay fan tan auto-gobernable como el del metal.

Aquí, nosotros como melómanos, expatriados y nuevos ciudadanos del metal, vemos la fragmentación increíble del macro-género como un gran triunfo cultural pero que entonces ofrece una pregunta fundamental. En sus años formativos existió, antes de cualquier subgénero, el “heavy metal”. Su rapidísimo avance hacia el glam, power, thrash y todo lo demás es el margen de un estilo inicial. ¿Qué pasa con este? ¿Cuándo empieza y cuándo acaba? ¿Cuáles son sus grandes referentes?

El heavy metal, metal tradicional o metal clásico, sigue existiendo y se define por un margen de tiempo y sonido. La manera más fácil de identificarlo es a través de su propia comunidad. No hay rastas, corsets, ni corpsepaint, ni shorts camuflados. El heavy metal lo crea el blues, el ocultismo y la fantasía, el teatro y el riff. Sabbath, Maiden y Priest y todos los demás que mantuvieron el sonido enfocado.

En esta lista nos referimos a las bandas más cercanas a los años formativos del metal y el llamado NWOBHM, que describe los esfuerzos por continuar el sonido de la música concebida a partir de 1970. Descartamos álbumes por su reconocimiento en escenas específicas, ajenas o cuyo estilo de metal es directa y EXCLUSIVAMENTE aliado de un subgénero del propio. Descartamos álbumes que no se consideran del todo metal, sino originadores del sonido, o cuyos artistas mismos definieron su estilo de otra manera. Pero sí consideramos álbumes que, por su contexto histórico, a pesar de poder haber influenciado o sentado las bases de un sub-género, correspondieron inicialmente como parte del heavy metal.

Aquí los referentes absolutos del metal casto e inmaculado, antes del imperio y en su plena definición. Lo mejor del heavy metal.

40. Crystal Logic – Manilla Road (1983)

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Manilla Road es de esos grupos a los que les queda bien la etiqueta de “hidden gem”. Realmente, la única audiencia que aún los recuerda y venera está dentro de los que, de una u otra manera, vivieron esta escena. Si de por sí el metal es un género insular, parece que mucho más lo es el mundo del “heavy metal tradicional”. Mientras que Manilla Road representa el lado de este, percibido como el “anticuado”, quizá al mismo tiempo sea el álbum clave para reconsiderar. La banda no sólo tiene un catálogo inmenso, sino que cada una de sus entregas está tan lejana de cualquier expectativa de la industria musical de la época que permanece como una de las mejores maneras de conocer qué es lo que los músicos de la época buscaban, lo que los inspiraba y motivó a crear. Crystal Road tiene su cualidad espacial y progresiva, repleto de interpretaciones apasionadas y de trabajo de guitarras de una inmensa calidad. Un vistazo para un espacio y tiempo en donde los llamados “inadaptados sociales” eran gente reunida en bares y discotecas de alternativa, donde los parches en las chamarras de mezclilla contaban las historias que el “perfil de Spotify” aún no logra contar. Donde un buen “air guitar” y una chela eran suficientes para callar, escuchar y disfrutar. En Manilla Road, vive la subcultura del metal en su momento más insular y, por lo tanto, comunal.

39. Into Battle – Brocas Helm (1984)

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El grupo americano comparte mucho con Manilla Road. Como estos, son una de las grandes bandas de lo “auténticamente heavy metal“. De reputación amplia pero reconocimiento recóndito. Un debut con un sonido claramente inspirado por los británicos, pero que encuentra su propia esencia en mezclar el sonido clásico de Maiden con la actitud y ansiedad musical de Motörhead. Into Battle en un álbum lleno de variedad resultante de americanos tratando de imitar a todos los grandes grupos británicos en un mismo momento. La fusión trae consigo canciones cortas y abarrotadas de cambios y movimientos inesperados. Guitarras melódicas y de riffeo extenso, solos líricos y una atmósfera un tanto medieval. Into Battle es otro gran referente de la realidad del metal de la época, sin tanto maquillar.

38. King of the Dead – Cirith Ungol (1984)

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La portada -un guerrero luchando contra una especie de Lich– y el nombre de la banda -el nombre de uno de los pasos por los cuales se podía acceder a Mordor- nos dicen todo lo que hay que saber sobre Cirith Ungol. King of the Dead no sólo supone uno de los ejemplos más destacados de lo que sería característico en el power metal, sino también una fusión interesante con elementos a-la doom que Saint Vitus y Candlemass utilizaron ese mismo año.

37. Battle Hyms – Manowar (1982)

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El lado más caricaturesco del metal, desde un punto estético hasta uno de estilo musical, no puede estar mejor representado que por una banda como Manowar. La banda ayudó a popularizar el eventual power metal, el género heredero natural del sonido del heavy metal setentero, con todo y extremos risibles asentados en una diégesis que se mueve entre lo bélico y lo fantástico. Hoy, Battle Hymns suena bastante anticuado; no obstante, sería difícil comprender muchos detalles estilísticos del power metal sin su existencia.

36. Never Turn Your Back on a Friend – Budgie (1973)

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Cuantiosamente usado como referencia, sumamente olvidado. En los años formativos del metal, mientras que muchos de los actos estaban informados por el blues y su sonido era denso y caminante, Budgie fue un grupo más cercano al acercamiento de bandas como Rush (en sus primero años) cuya influencia eventualmente sería definitiva en darle luz a la escena del NWOBHM, Maiden y la progresión natural al power metal. En este álbum, Budgie se aleja de la producción de Roger Bain y consigue darle aún más tangibilidad a sus características progresivas y psicodélicas, mientras que acentúan el volumen de sus rápidos y distorsionados pasajes más pesados haciendo un contraste lleno de cumplidos. La producción de este álbum es detallada y creativa incluso para los estándares de la época, resultando en un álbum que no sólo propone una serie enorme de atributos musicales, sino también un sonido como cachetada al rostro. Budgie funge como el acto formativo que dió carácter multifacético al metal.

35. Hall of the Mountain King – Savatage (1987)

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Savatage es algo así como Saxon y Sodom combinados sin un verdadero plan. Es importante decir que la banda alcanzó, a partir de este y su siguiente álbum, un verdadero éxito comercial; pero a razón de este, su sonido cambiaría drásticamente. Aquí, nos referimos específicamente a un álbum que a veces suena extremo y otras parrandero. Ese fue el encanto de este esfuerzo que con gran ímpetu lanzaba música aventurada a la sinfonía y melodía pero no paraba de gritar y golpear. Hall of the Mountain King es una versión teatral y glam del metal más pesado que llegó dentro del esquema tradicional y comercial. Hacia el final de los ochenta, Savatage demostró que, por cambiante y expansivo que fuera el contexto del metal, el sonido que empezó todo era aún fácil de identificar. Sin importar las diferencias en producción, medios de comunicación e instrumentación, el heavy metal sonaba a heavy metal.

34. Lightning to the Nations – Diamond Head (1981)

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Los mecenas de Metallica. En verdad, Diamond Head debe ser apreciado por darle un empujoncito más a la línea que mide la “pesadez” en el metal. Lo que hacía Budgie unos ocho años atrás (tan inspirados por Rush) esta banda lo recapitulaba pero con mucho mayor complejidad. Lamentablemente, en la escena del NWOBHM, Diamond Head no encontró un lugar duradero. Ni tan oscuros, ni tan fantasiosos, ni tan rockeros, pasaron desapercibidos a la sombra de actos más dedicados a un solo sonido. A pesar de todo esto, nos dejan Lightning to the Nations, un álbum de corazón thrash. Alborotado, efervescente y vivaz, su música llevó un recordatorio al metal sobre qué es esa confrontación abrasiva tan esencial.

33. Kingdom Come – Sir Lord Baltimore (1970)

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Kingdom Come es de esos álbumes de los que que se hablaba como en secreto, y con el internet se redescubrió y convirtió en el arma favorita de los “conocedores” para enjuiciar a todas las bandas que se consideran originarias o protometal. Este álbum tiene todas las cualidades para ser peligroso en una de esas conversaciones; americano, producido en Electric Ladyland y con un fuzz que hace del tono de las guitarras ARGUMENTATIVAMENTE más pesado que cualquier otra cosa en su momento. Sin embargo, lo que tiene de increíble este álbum es justo lo que lo saca de esta conversación. Al ser americano, suena inmediatamente diferente a todos sus contemporáneos “pesados” que suenan inevitablemente… pues ingleses. Las interpretaciones y el sonido de este álbum están más informados por algunas de las prácticas blues/rock/psicodélico de la música rock americana. Así, en comparación con bandas como Sabbath, si bien lo pesado permanece, desaparece el componente “oscuro”.

32. Keeper of the Seven Keys (I, II) – Helloween (1988)

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Keeper of the Seven Keys es un disco tan definitivo en su estilo que los clichés del power metal comenzaron a surgir después de su lanzamiento. Originalmente vendido como dos discos diferentes, pero conceptualizado como uno solo, Seven Keys es probablemente el punto más alto de las bases para el power durante la década de los ochenta, ya que, a pesar de todo lo kitsch relacionado con el género, Helloween logró con sus aires de grandeza un tono de seriedad que ha servido de ejemplo para todas las bandas que siguieron sus pasos.

31. Long Live Rock ’n’ Roll – Rainbow (1978)

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Es interesante pensar en que muchas de las cosas de las que se alejaría Blackmore en Deep Purple para realizar el sonido de álbumes como Machine Head e In Rock eran justo las que revisitaría para la creación de la música de Rainbow. En esta extraña revaluación, este álbum se conserva, más que otra cosa, como uno de los tótems máximos del rock de estilo jam. El acercamiento a la composición no es tan esquelético, ni crudo como en los momentos de Deep Purple aquí referidos. Está lo barroco y lo fantástico, lo ostentoso que ya había propuesto Rainbow, pero con cierta retrospectiva. Dio acompaña esta idea con sus letras y dramática exposición. El álbum se vuelve una experiencia un tanto complicada de contextualizar, pues en comparación con algunos de sus contemporáneos encaminados al speed y power, Rainbow, si bien fungía el rol de fantasía, aún tenía los pies en la tierra. Heavy metal de glamour mundano.

30. Blackout – Scorpions (1982)

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Con Michael Schenker fuera del panorama, Matthias Jabs tuvo la responsabilidad de propulsar el sonido de los Scorpions hacia su nueva faceta. En esta, mantuvieron el filo de sus raíces hard rock con agregados de melodía pop. “No One Like You” se convirtió en el primer éxito mainstream de la agrupación y el camino hacia su dominación mundial quedó pavimentado.

29. Shout at the Devil – Möntley Crüe (1983)

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El glam metal es un sub-género de reputación complicada. En tiempos recientes, el nü metal siguió el mismo camino que el glam, por lo que a aquellos que no nos tocó vivir en los ochenta no nos debe ser tan difícil entender el auge y caída de la escena metalera de Los Ángeles. Antes de todo, y de que el glam se volviera parodia de sí mismo, había ideas musicales que expandieron la paleta del metal y probablemente las más concisas se encuentran en Shout at the Devil. El disco no es perfecto. Sin embargo, los puntos altos se volvieron estándares del metal.

28. Abigail – King Diamond (1987)

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Un disco conceptual de horror gótico que relata la historia de una joven pareja que se muda a una mansión embrujada, donde naturalmente, todo comienza a salir mal. Las letras de Abigail son uno de los mejores trabajos de King Diamond, una banda cuyos discos son, en mayoría, trabajados conceptos. De igual manera, la interpretación vocal extiende lo demostrado en los mejores momentos de Mercyful Fate, dejando en claro que su separación no fue en vano.

27. High ‘n’ Dry – Def Leppard (1981)

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Para aquellos que, a base del éxito y sonido de Hysteria, no entienden las credenciales heavy metal de Def Leppard, bastará con escuchar High ’n’ Dry. El error en el que incursionan muchos historiadores es el de asociar esta época de la banda con el NWOBHM. Lo correcto sería acercar el estilo de la banda en estos años formativos con un hard rock más en la línea de los Scorpions: sin temor a la cursilería y al pop.

26. Wheels of Steel – Saxon (1980)

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El segundo de Saxon es un referente absoluto a la que  se supone como la “segunda época del metal”, un poster boy del NWOBHM. El sonido del álbum es puntual como momento de transición que no se compromete demasiado con una sola característica. Es un álbum de tempo alto pero no extremo, rockero pero no jamero, dramático pero no teatral. Gracias a esto, Wheels of Steel aún brilla con momentos de genuina singularidad. Incorpora sabores de hard rock americanos con el gran sentido de estructura británico, así como las historias de AC/DC sobre motores y festejos, pero con una cara más ceñida. Mantiene sus influencias bien atadas y su música es propulsada por un dominio del lenguaje metalero que hace de su sonido maduro y hasta cierto punto accesible sin perder de vista la agresión. En principio, la primera banda auténticamente metal que hacía música para divertirse.

25. Welcome to Hell – Venom (1981)

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Sí, es un hecho que la estética, temática y agresividad de Venom son ingredientes originales del black metal, pero también es cierto que aún estaban muy lejos de ese género. Venom, más bien, tiene un lugar especial en el NWOBHM como una de las bandas con voz más única y que más hicieron con lo poco que tenían. ¿Producción? Mínima. ¿Interpretación? Paupérrima. ¿Composición? Austera. Lo que sí tenía Venom y exhibe en Welcome to Hell es enorme creatividad, pasión y una cierta naturalidad en su sonido. El álbum es oscuro pero demasiado rápido para ser un tipo Sabbath, es rápido pero demasiado crudo para ser un tipo Maiden. Si acaso se parecían a algo era al descontrol con feeling de “rock n roll” de Motörhead. Pero si Lemmy era el alma de la fiesta, Venom era la muerte. Todos los factores anteriormente mencionados se combinan en este álbum para complementarse de la “peor/mejor manera”, y así Venom es una leyenda del heavy metal en camino de volverse un verdadero infierno.

24. Overkill – Motörhead (1979)

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A veces muy punk, a veces muy rock, otras simplemente metal. Overkill es el segundo álbum y gran viñeta de lo que Motörhead trabajó toda su carrera; música grande, descontrolada y radical. Hay quienes atribuyen a este álbum el gran logro de darle continuidad al NWOBHM con ese vigor punk tan bien escondido; pero en retrospectiva, más parece haberle dado validez a una ola de metal más extremo que tenía bien entendido los fundamentos de la música pesada. Si ese espíritu punk ayudó al NW a volverse más rápido y agresivo, en los actos del underground también inspiró la necesidad por el sonido más orientado a lo crudo y directo. Overkill es un álbum radical para su tiempo, no por su música pero por la interpretación y el sonido que nace a partir de esto; es un álbum que suena familiar pero también arriesgado.

23. Balls to the Wall – Accept (1983)

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¿Alguna vez han escuchado las historias de cómo al inicio de su carrera, Angus Young corriendo alrededor del escenario vestido de schoolboy y el look de chico malo de Bon Scott cantando sobre los diversos placeres del libertinaje, a veces era percibido como demasiado kinky, posiblemente homoerótico? Bueno, pues, si esto era suficiente como para causar estragos en la audiencia de la época, ahora imaginemos la “gran controversia” de Accept. El sonido de AC/DC no es lo único paralelo entre estas dos bandas. Los alemanes, que algunos consideran demasiado influenciados por los australianos, definitivamente se diferenciaban por subirle a la perilla de la agresividad y el taboo. Para este momento en su carrera, la banda ya había destacado por letras abordando temas sensibles y lo hacían con un buen grado de ambigüedad que da paso directo a la intriga. “London Leatherboys” y portadas al puro estilo S&M alemán eran sin duda al estilo Priest, pero aquí su exhibición era más provocativa. Con toda honestidad, la banda sabía perfectamente el valor estético de lo que hacían y la atracción que les conseguía. En Balls to the Wall, se acompaña esto con ese ideario de rebeldía total y una música de guitarras malabaristas y trotantes. El vocalista Dirkschneider dando fuertes chillidos que representan la idea primordial de todo el rock de un vocalista que cambió defectos por un performance dedicado. Las ideas se juntan con ganas de ser himnos y el álbum se vuelve sumamente familiar. En muchos sentidos, le vino bien al metal  una banda provocativa en todos los sentidos más inesperados.

22. Pyromania – Def Leppard (1983)

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Pyromania es un documento perfecto de la transición entre el heavy metal de High ’n’ Dry y el pop metal de Hysteria. En el medio de esos dos titanes se encuentra un disco que fusiona lo mejor de los dos mundos. Los coros de estadio y la producción pomposa se topan con la energía de una banda joven. Descartar esto como un alejamiento del heavy metal supone no entender las transiciones naturales del género del nicho al mainstream. Ahí es justo donde recae la importancia de Def Leppard.

21. Lovedrive – Scorpions (1979)

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Los setenta de los Scorpions son una fase que, para muchos fans casuales, permanece oculta. Entre cambios constantes de miembros en el departamento de guitarras y diferentes enfoques estilísticos por álbum, los Scorpions no lograban encontrar un sonido que les perteneciera totalmente. En Lovedrive, de la mano de Michael Schenker, la banda encontró el estilo con el cual cosecharían éxitos en los ochenta para volverse una de las bandas más grandes del mundo.

20. Stained Class – Judas Priest (1978)

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Los setenta fueron altamente productivos para Judas Priest. Stained Class es un álbum enmarcado entre otros grandes momentos para la banda, pero que con gran certeza es uno de los más significativos para su legado. Aquí la banda alcanzó balance de composición y habilidades técnicas. Es una entrega con música rápida pero también inteligente, donde se construyen riffs, solos, baladas y progresiones “épicas”, todas dentro de un esquema que hasta parece simplista en su efectividad. De esta misma manera, la producción goza de ser tan cuidadosa que, mientras hay mucho que escuchar, ningún elemento es opacado en la mezcla. Dentro de la evolución del sonido de la banda, también es claro que Priest encontró un anclaje en las temáticas oscuras y la velocidad que harían parte fundamental de su evolución. Algunos celebran estos años de Priest como el nacimiento de la verdadera “all-metal” band. Sin Stained Class no hay progresión para la banda, pero mucho menos para los grupos cercanos a este momento tan definitivo para la madurez en la forma en que se escribía el metal.

19. Don’t Break the Oath – Mercyful Fate (1984)

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Un año después de Melissa, la banda continuó forjando su especial sonido. Los fundamentales continúan; riffs y solos de guitarras gemelas que parecen no tener un fin a sus ideas. King Diamond más cómodo con su extraño estilo vocal. Los avances, una composición que encuentra en el ya distinguido sonido de la banda un nicho teatral. Aparece lo cinematográfico y se apoya de su ya fuerte estética y letra. Así, Mercyful Fate crearía espacios para bandas tanto en dirección de lo más extremo como de lo más escénico. Una combinación sorpresivamente funcional de algo como lo severo de un Venom y lo aparatoso de Maiden. Tal vez precisamente al crear algo tan particular, la banda se arrinconaba a sí misma y desaparecerían como tal. No obstante, su visión perduraría.

18. In Rock – Deep Purple (1970)

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Más allá de Machine Head, el catálogo de la banda ofrece una variedad enorme de progresiones dentro del espectro del rock. Este álbum funge como momento crucial para la banda encontrando lo que serían sus verdaderas aspiraciones, el verdadero valor de sus músicos. Blackmore, por su parte, harto de la composición de los álbumes anteriores, empezaría a construir riffs y, sobre todo, un tono de guitarra que hasta hoy se separa incluso de sus parecidos en Led Zeppelin por esas características simplificadas, bottom-heavy y de groove trotante. Por su parte, Ian Paice orientaría sus interpretaciones más hacia al diálogo con su guitarrista, rellenando los espacios con puntuales fills. El rol de Jon Lord, a su vez, le da un aspecto algo extraño a este álbum, al aún estar cercana a la clásica configuración de rock, blues y psicodelia. Sin embargo, la dirección que pretendía Blackmore hace de In Rock una ruptura definitiva a lo que vendría por parte del heavy metal.

17. Rising – Rainbow (1976)

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Este, el álbum que ha competido hasta por el título del más grande en el género, tiene un valor tanto para Rainbow como para el metal que vale la pena aclarar. Para Rainbow (y quizá más para Blackmore), este es su más grande momento en lo que corresponde a la auto-realización de un artista. Es un lineup perfecto, estrenando ideas y ambiciones concretas con gran precisión, todo en un álbum cargado tanto al principio como al final. La fantasía tiene aquí un rol más relevante y parece menos “acomodada” como en el álbum que le seguiría. Para el metal, Rising representó en su momento evidencia certera de un género inspeccionado por la supuesta “calidad” de sus músicos así como también un meta por alcanzar para futuras bandas.

16. Heaven and Hell – Black Sabbath (1980)

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La banda que empezó todo, que logró tanto tan rápido, mostraba a este punto fracturas ya imposibles de ignorar, incluso de soportar. Las tensiones tanto internas como externas y que con cada álbum se agudizaron, para este momento amenazaban con destruir con todo. Iommi y Osbourne se separaban, Butler y Ward permanecían indefinidos en cuanto a su compromiso con la banda e incómodos con la decisión de Iommi de continuar. La única buena noticia: la llegada de Ronnie James Dio. Muchos opinan que este fue el final del auténtico Sabbath, otros lo ven simplemente como un capítulo más. Lo único completamente verdadero es que, a partir de este momento, ya nada sería igual. Iommi encontró en Dio algo a lo que ya había renunciado hace mucho tiempo atrás, un vocalista con amplio talento técnico y profundo conocimiento musical. Lo que se escucha en este álbum es música con una dirección mayormente armónica y una clara dramatización musical. Mientras que Iommi llevaba años construyendo riffs seguidos casi al pie de la letra por su acompañamiento, Dio abría la puerta a nuevas posibilidades y Iommi estaba listo para acomodar. El sonido que buscaba Iommi para probar que Sabbath no era sólo fuerza bruta, que también era iletrado, de gran escala y artístico, estaba a punto de cuajar. No es un álbum con ideas radicales, ni un sonido crucial, es más bien la agrupación de grandes talentos contribuyendo al gran canon del metal.

15. 2112 – Rush (1973)

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Antes de los sintetizadores, el sonido de progresivo académico y las canciones de estadio, Rush era una banda de hard rock. El primer clavado exitoso de la banda en el prog fue también el fin de su etapa como una banda de heavy metal. 2112 es uno de los discos más pesados de rock progresivo de los setenta, que antepone el impacto propio del metal a la complejidad inherente al prog, dejando una mezcla tan digerible como digna de analizar.

14. Blizzard of Ozz – Ozzy Osbourne (1980)

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¿Cuál será el verdadero valor de la trayectoria “post-Sabbath” de Ozzy? Sin duda, este álbum es de sus momento más grandes, pero también uno de los más difusos. Ozzy parece haber tomado nota de sus años con Sabbath sobre cómo hacer un álbum con gran pacing. El tracklist de su debut solista conecta grandes y pesados números con baladas y exploraciones, pero ahora los contrastes son más drásticos que nunca. Ozzy tenía más que una idea que plasmar y, en esto, todos los momentos suaves y los brillantes riffs salían de un embudo, elevados por la original perspectiva de Randy Rhoads. El celebrado guitarrista no sólo le ofrecía a Ozzy una despampanante habilidad técnica, pero también un oído crucial para la composición de lo melódico y lo armónico, para las canciones de rock de estadio que fascinan por su abordable melancolía y vigor. Entre himnos a la British Steel y con un showman a la glam, Blizzard of Ozz alcanzó un sonido moderno, accesible y juguetón que no perdía en ningún momento su autenticidad con la inimitable y tenebrosa presencia de Osbourne. Este es un referente inmediato para entender el nuevo modelo del metal hacia los ochenta y el principio de su verdadera popularización comercial.

13. British Steel – Judas Priest (1980)

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¿Un intento comercial o una genuina inspección? Dicen que en cuanto Judas Priest salió a tour con AC/DC, se dieron cuenta de lo mucho que podían hacer y que no necesariamente hacían. Inspirados por el grupo australiano y su apabullante pero populista sonido, nació British Steel, el álbum que conjuga metal con el good times. Agresión y adrenalina. Si bien el álbum logró un enorme atractivo comercial, este en fundamento es más dance que pop, en el sentido de que sus características sencillas y pegajosas buscaban crear euforia, no sumisión. Lo que goza como resultado este álbum es un diálogo de guitarras más efectivo en su postulación de ideas. Canciones slick pero impulsivas, letras violentas pero próximas. Un Judas Priest descubriendo los sonidos dentro de su propio sonido y que recibe la rebeldía como algo crucial.

12. Melissa – Mercyful Fate (1983)

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En estos años de alta proliferación metalera, llegó una banda danesa con un referente visual tan directo como sus letras. Los temas que eran conjurados en el metal meramente por un atractivo a lo oculto, aquí parecían ser sinceramente homenajeados. El sonido: una combinación entre el punk-rock e intensa interpretación a manera de Alice Cooper (con todo e indumentaria) y esos riffs de intervalos cerrado y cadencia colosal. Melissa se coronó como el álbum de heavy metal más perversamente íntegro, con músicos bien adecuados que hacen el sonido del metal uno no solamente abrasivo pero siniestro. Las guitarras cruzan apresuradas, la batería es desconcertante y King Diamond se establece creando en él un estilo de caricatura incómoda, vil, depravada.

11. Sabbath Bloody Sabbath – Black  Sabbath (1987)

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El álbum definitivo para la consagración de Sabbath en el panteón de la historia del rock. Con todo y todo, los padrinos del metal, en su época, no fueron exentos de enormes críticas. Iommi, peleó por muchos años contra los constantes juicios, que ponían a su música como nada más que una novedad con graves faltas en su talento. Este quinto álbum introdujo lo que sería la etapa más elaborada para la música que aún celebramos dentro de la obra de Sabbath. El álbum que respondería a las comparaciones de Zeppelin, con música más conceptual, más orquestada y más producida pero igual de pesada. Con esto, en un momento crítico para el género, en muchas maneras la banda probó la longevidad y alcance del género asegurando así su desarrollo y validando su voluntad.

10. Iron Maiden – Iron Maiden (1980)

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Un debut que ha perdido la debida atención por la falta de atención a su contexto histórico. Ya mencionado en esta lista, no es que la música exista en un vacío, pero sí es de suma relevancia decir que Maiden dio un brinco radical en lo que se esperaba del “sonido” heavy metal. “Prowler” existe desde 1978 y Maiden desde el 75. La llegada de este álbum fue lo que se trabajó durante años por parte de Dave Murray y Steve Harris, principalmente. Sin embargo, para este momento, Maiden aún tenía su toque punk y, a pesar de que ellos mismos lo odiaban, quizá esto no haya sido del todo malo. En retrospectiva, hasta parece que la era de Paul Di’Anno fue más importante de lo que parece. Si bien no era la visión de Maiden, sí fue una introducción al sonido (ya radical) que eventualmente sería. El nivel de atención capturado por la banda ya era considerable y precisamente este sonido que exhibe el debut era el necesario para una década de los ochenta a penas venidera. Quizá si este álbum hubiera sido el Maiden de Dickinson, más que lograr un brinco a escala internacional, la banda hubiera sido objeto de ridículo. Este debut es literalmente la introducción debida de Maiden al mundo.

9. Screaming for Vengeance – Judas Priest (1982)

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Después de British Steel y Point of Entry, este es una especie de regreso a forma para Priest, pero no uno retrógrada sino uno que regresó a casa con nuevas experiencias para informar su crecimiento. Aquí ya es clarísimo que la banda entendía el valor de la economía de recursos y la accesibilidad, sólo que aprovechaban una nueva visión de producción. Específicamente hablando de guitarras y voz, Screaming for Vengeance manipula estos elementos libremente, empujando a Priest hacia el mundo de los efectos y nos hace dar cuenta que, hasta ese momento, la banda había sido relativamente discreta con su post-producción musical. Las adiciones hacen del álbum uno de semblante futurista que a pesar de incorporar estos nuevos elementos no lo lleva al punto irreconocible. Le otorga a una ya madura fórmula de Priest una nueva dimensión utópica, novelesca y prodigiosa; quimera.

8. Black Sabbath – Black Sabbath (1970)

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De un álbum como este quedan pocas cosas que decir. Tanto estética como musicalmente, Sabbath hizo una importantísima disrrupción concerniente a la que podía ofrecer la música en el relativamente reciente mundo de la música popular. Apenas con la década de los sesenta acabada, se comenzaba a digerir el porvenir de la cultura pop y el rock. Black Sabbath propuso algo que hasta ese entonces únicamente era sospechado, tentado sobre el apetito secreto de una subcultura. En muchos sentidos, lo que se desprende del “terror” que confronta Sabbath tan directamente es específicamente su atractivo hasta entonces solo cortejado. Se acabó lo tibio. Se abre en muchos sentidos, así, el verdadero principio de una alternativa musical que corresponde a lo expresivo y lo cultural, no sólo a lo artístico y lo técnico. La revolución de Sabbath no fue de carácter avant-garde descubriendo los mismos pilares que componen el arte, ni tampoco experimental al explorar las cualidades musicales, más bien por concepto, estética y filosofía enfrentaron a las masas de música popular con los deseos ocultos, el morbo y las pasiones incomprendidas.

7. Ace of Spades – Motörhead (1980)

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El álbum que peca únicamente de ser típico. Podríamos decir que la trilogía esencial de Motörhead está en Overkill, Bomber y Ace of Spades. Este último, siendo el gran referente para empezar con la banda. De una o otra manera, este álbum tiene muchos parecidos con los otros dos y sigue siendo igual de relevante para escuchar. ¿Por qué? Quizá otro parecido de esta banda con el punk, es que mucho de su material, a pesar de ser parecido, existe en un formato tan corto que sigue ofreciendo atributos individuales que hacen que valga la pena. De la misma manera que una discografía como de los Ramones parece ser homogenizada pero igual llena de sorpresas, Ace of Spades es un álbum clásico que, a diferencia de sus dos álbumes precedentes, limpia un poco el sonido en cuestión de producción y así permite gozar el detalle de las interpretaciones, sin dejar de lado la esencia de canciones rápidas, rabiosas. Como un álbum clásico e imprescindible, queda ya presente entre los más grandes referentes de metal. El único error sería considerarlo como la única ventana hacia el trabajo de la banda.

6. Vol. 4 – Black Sabbath (1972)

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Dentro del cuerpo de trabajo de la banda, quizá Vol. 4 sea su álbum más balanceado y también improbable. Para la historia del metal, un referente inmaculado. En uno de los lapsos más decadentes para la banda, este álbum logró balancear lo rústico de las interpretaciones con el espíritu libre de Sabbath, tomando así grandes riesgos creativos y, por otro lado, ejecutando los fundamentales del sonido de la manera más precisa. El tracklist es una buena combinación de algunas de las canciones más conceptualizadas, con momentos inesperados y aún un fuerte enfoque en la fórmula de riff a riff de Iommi. Aquí se escucha a una banda en un su cresta, pelando por aún ser dominantes en un sonido que rápidamente estaba evolucionando y, por lo tanto, se volvía comparable.

5. The Number of the Beast – Iron Maiden (1982)   

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Hemos tratado de detallar aquí la gran primera fragmentación del metal, pues a pesar de que esta lista se esfuerza con conversar una unidad, es claro que hubo una expansión natural del género y por lo tanto del nacimiento de sus sub-géneros. Mientras que Sabbath siempre representará el lado blusero, crudo y austero del metal, Maiden es el gran símbolo de lo épico, teatral y progresivo del metal. Con la llegada de Dickinson, la música de Harris oficialmente se consagra como capaz de darse a estructuras y arreglos más complejos. Podríamos argumentar, como ya hemos esbozado aquí, que antes de Maiden, esta vaina de creación le pertenece a Rush, sin las limitantes de Di’Anno, este Maiden más rápido y complejo parece al fin hacerle conexión al espíritu de esta banda y representar su evolución repentina en el canon musical. Number of the Beast es un álbum de historias y pasajes, de riffs ambiciosos y solos elocuentes, donde deambulan los obligados y encima de todo las interpretaciones aspiran al rock de estadio. Dickinson trae consigo algo que ninguna subcultura supone, un frontman en total control de su audiencia dedicado al entretenimiento de una masa de gente. Hay un stage setup en donde los músicos corren de un lado a otro, hay juegos de guitarras y showmanship, mientras el imaginario visual de Derek Riggs crea un personaje más grande que la propia banda y se hacen esfuerzos por recrear esto en su forma teatral. Un show total. Number of the Beast acaba así con la concepción del metal atado por siempre al underground. El momento decisivo para la expansión del metal.

4. Holy Diver – Dio (1983)

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Todas las alineaciones de metal, llegan a tener su eslabón débil, su defecto. Después de Sabbath, Dio fue incentivado a crear una carrera como solista y sin duda esta es una oración brutalmente engañosa. Dio empezó una carrera solista con una alineación acompañante de metal casi perfecta, esta haría de este álbum específicamente uno extraordinario en lo que tratamos de ilustrar en esta lista. Después de Sabbath, Vinny Appice sabía perfectamente como malabarear lo elocuente del hard rock y lo neandertal del metal. Jimmy Bain, salido de Rainbow, llevaba años estructurando los años más creativos de Blackmore. Finalmente, Vivian Campbell un guitarrista fácilmente de glam, con esa escuela de showmanship y shred inaugurada por Van Halen, aquí con gracia se adapta a un metal más elemental. Como cuando Dimebag Darrell se adoptó al dirty south en Pantera, Campbell lleva su enorme talento a música multidimensional. A su vez, Dio parece más inspirado que nunca no sólo en sus conceptualizaciones temáticas sino en interpretaciones que gozan de una producción tan limpia que permite que su concierto alcance nuevos niveles de intensidad.

3. Machine Head – Deep Purple (1972)

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Junto con Sabbath, esta entrega termina por concretar lo que hoy llamamos heavy metal. Machine Head es un elemento fundamental, no sólo para la canción de metal, sino también para el guitarrista, bajista y baterista. Aquí Deep Purple gozó de un lineup más amarrado que Blackmore, encontró una buena medida de auto-disciplina y las canciones suenan más estructuradas y menos a jams bluseros, alejándose así de cualquier comparación dentro del mundo del rock. Adicional a la composición, Blackmore también muestra nuevas maneras de abordar conceptos como el solo y el lick, que a partir de este momento serían imprescindibles para los “shredders” del futuro. Jon Lord, de igual manera deja  sonar a un interesante “wild card” para volverse un verdadero complemento para la música. Todo esto, resulta en un momento único para lo que se entendía como música pesada, se vuelve aquí un The Doors en esteroides, un Sabbath más dinámico, una versión de Deep Purple más explosiva. Machine Head se vuelve el objetivo del metal en su presente y futuro.

2. Powerslave – Iron Maiden (1984)

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Ya hablamos del showmanship de Maiden como parteaguas en el género y, dentro de esto mismo, si alguna vez se han preguntado por qué Maiden tiene alrededor de 12 álbumes en vivo, Powerslave es parte de la respuesta. Con Number of the Beast la banda daría el brinco a volverse un monstruo internacional con suficiente posicionamiento y audiencia para traer consigo su show en tours de enorme escala. Piece of Mind, dio un gran accesorio a uno de estos tours y terminando con este, Maiden estaba llevando esta inercia para dar otro brinco. Harris y compañía trabajaron en un espacio de tiempo pequeño todo lo aprendido en los últimos dos álbumes de su música y show aplicándolo a conceptualizaciones más teatrales, canciones todavía más elaboradas y letras con narrativas todavía más amplias. Inmediatamente después de la salida de Powerslavela banda saldría en un nuevo tour y probarían que incluso ante las dudas de muchos, canciones tan ostentosas como “The Rime of the Ancient Mariner” podrían funcionar en el contexto de enormes sedes y audiencia “heavy metal”. Maiden crearía así, un esquema para las bandas de metal futuras para gozar de enormes libertades creativas, marcas con presencia y otro nivel en la escala mundial.

1. Paranoid – Black Sabbath (1970)

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Bien, ya está entendido el enorme valor del catálogo de Sabbath. ¿Pero por qué Paranoid es tan fundamental? El debut es muy blusero y los demás son desarrollos específicos sobre el propio género. Paranoid es a veces tan directo que bajo rigurosa examinación se vuelve intangible. Iommi y compañía dicen ni siquiera saber de dónde llegaban las ideas y la grabación del álbum fue efímera, acoplada de sus sets en vivo y en medio de un tour. No es un álbum que empieza a cuestionar, ni tampoco a ahondar en sí mismo. No tiene puntos altos, ni bajos, ni desviaciones, todo el álbum es efectivo y esencial. Es literalmente el momento, el cenit de la expresión llamada metal. Es un álbum cuya concepción y resultado resulta tan honesto que hay poco más que decir a 48 años de “War Pigs”, un opener que al mismo tiempo es canción de protesta. “Paranoid” es el manifiesto del inadaptado oficial; “Planet Caravan” es terror cósmico; “Iron Man” es coloso de roda; “Electric Funeral” es el fin del mundo; “Hand of Doom” es el fin de uno mismo; “Rat Salad” es automatic writing; “Fairies Wear Boots” es espejismo, fantasía, ilusión.

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