a.VH – d.VH: Antes y después de Van Halen

Los grandes exquisitos de la música suelen tomar por sentado a muchas bandas cuyo atractivo opera en un nivel “básico”. Por ejemplo, habrá quien te tira por loco cuando dices que AC/DC es una gran banda. Argumentarán que llevan haciendo el mismo disco 40 años y que no supusieron ningún tipo de innovación a la fórmula de rock enraizada en blues. Ejemplos similares surgirán al mencionar bandas como Aerosmith, Guns N’ Roses,  Kiss, Scorpions y demás asociadas a un rock mainstream y de radio. Todas estas tienen méritos extraordinarios en la música pop, no porque su música haya inventado el hilo negro o mucho menos; sino porque genuinamente, desde una perspectiva de análisis no esnobista, dejaron una huella que deriva en influencia y herencia de estilo. Por más que construyeran sobre cimientos y estructuras explotados hasta el cansancio, el mérito de sus aportes a la cultura popular no deja de ser relevante. ¿Por qué Appetite for Destruction y Back in Black son unos discazos? Porque al analizar este tipo de música no se utilizan parámetros de innovación o experimentación. Para estos discos partimos de sensaciones más primitivas y ligadas a la emoción que al raciocinio. Ambos apelan directo al headbang y al air guitar, reacciones de catarsis tan válidas como cualquier otra en el arte. No toda la música tiene que ser analizada desde una óptica académica o vanguardista.

Otra banda que entra dentro de las mencionadas anteriormente, de seminal importancia para la comprensión del rock contemporáneo y su desapego definitivo del blues, es Van Halen. Hoy, su efecto se ha visto difuminado por un fenómeno similar al de la evolución del metal en la música. Ejemplo, hace 30 años, Reign in Blood estaba considerado como una de las caras más extremas de la música. Hoy, palidece su impacto inicial debido a que con el paso de los años nos hemos acostumbrado a versiones más extremas de metal, derivadas precisamente de la influencia de Slayer. Pensemos también en cine. La famosísima escena final de Bonnie and Clyde. En su momento, era la cúspide de la violencia en el cine. Hoy, es cualquier escena de un blockbuster de acción. Con Van Halen, sucede algo similar. El impacto que genera escuchar el estilo de Eddie Van Halen en “Eruption” pierde la novedad en un escucha moderno, acostumbrado a grandes proezas en la guitarra. La cosa es, que ninguna de esas hazañas hubiera sido posible sin el punto inicial de la era del shredding, obviado por los exquisitos y los incautos: Van Halen, el magnífico debut de los hermanos Van Halen y compañía. Su sonido suena tan enraizado al rock ochentero y sus clichés que olvidamos que aquí está el punto de partida. Los clichés existen porque Van Halen fue tan grande, influyente e importante que los imitadores copiaron su estilo hasta el cansancio.

Cuando Van Halen fue lanzado, el panorama del rock era complicado. Su popularidad de los ’70, impulsada de la mano del éxito global de Kiss, del rock orientado a álbumes de Pink Floyd y de los sonidos suaves de los Eagles y Fleetwood Mac; encontró en el ascenso del punk, la popularidad del disco y el nacimiento del new wave rivales formidables; atacando desde diferentes frentes. El hard rock de mucha testosterona e híper masculinidad comenzaba a sonar y verse obsoleto. También, empezaba a escucharse cansado: repetitivo, falto de ideas y con muchas deudas al pasado. No obstante, en 1978, uno de los años más importantes para la evolución de la música popular (lanzamientos esenciales de Kraftwerk, Blondie, Elvis Costello, Wire y Devo) Van Halen vio la luz con su álbum debut homónimo.

Entender la influencia del sonido de Van Halen en su debut, sobre todo como motor de la vena más tradicionalista del rock, es darse cuenta de que la música de guitarras ochentera comenzó con este disco, en 1978. Es fácil hacer paralelos de este disco con lo que harían bandas que alcanzarían estrellato multiplatino como Mötley Crüe, Bon Jovi, Whitesnake o Poison. Sin embargo, estas bandas alcanzaron el sonido Van Halen ya bien entrados los ’80, cosa que la banda original proyectó en el ’78. A pesar de que el rock de Van Halen suena de lo menos innovador en una retrospectiva simplona, es de entenderse que estaba bastante adelantado a su tiempo. Cuando el álbum fue lanzado, los guitarristas del mundo encontraron en el sonido de Eddie el futuro: las distorsiones de muchísima ganancia. También, en su técnica, el distanciamiento total del blues: tomar los fundamentos del estilo de Ritchie Blackmore y llevarlos a una expresión más juguetona pero feroz. El llamado “brown sound” se volvió el nuevo estándar en la guitarra.

También, con Van Halen comenzaba oficialmente la era del hair metal; con sus solos que buscaban imitar cuando menos un atisbo de lo desplegado en “Eruption” y con líderes de banda que trataban de igualar el carisma de David Lee Roth. La banda fungió como el arquetipo sobre el cual se construyeron todos los titanes ochenteros que volvieron al género una parodia de sí mismo. Van Halen dio nueva vida al rock, aunque su influencia sea vista de manera negativa en la actualidad. No obstante, negar la genialidad de la banda por las ridiculeces de sus discípulos sería cerrarse a algunos de los discos más importantes, y sobre todo divertidos, de la historia del rock.

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