Grateful Dead, la psicodelia en su estado más puro

La psicodelia, hoy principalmente relacionada como movimiento artístico con la música, es una corriente que abarca muchos medios de expresión, visuales y audiovisuales. No obstante, la inmediatez de la canción pop y el poder de su discurso en la era de la contracultura, lograron que la música sea la representación por excelencia de la expresión psicodélica.

Lo que resulta curioso de la música como conducto de imágenes psicodélicas, es que precisamente se trata de un medio no visual. Es más fácil dar a entender esto en el arte plástico o en el cine, dos medios viscerales en la manera de entregar sus ideas. Para el plano auditivo, se tuvieron que crear un estilo y una estética que fungieran como transductores de imagen a sonido, de sensación a audio. Éstas características, creadas en la segunda mitad de los ’60, siguen rigiendo el discurso psicodélico en la música, debido a lo efectivo que resultó en traducir esas experiencias con drogas a algo práctico, y en lo avanzado que fue ese sonido para su tiempo.

Las primeros emprendimientos de la música psicodélica fueron el resultado de los grandes compositores de la época y sus tempranas experiencias con LSD y hongos. A partir de eso, cada quien plasmó su visión particular de su viaje, a través del estilo sobre el cual se habían cementado; y es por esto que la psicodelia de los Beatles es sumamente diferente a la de los Beach Boys o la de The Doors. Todos son víctima de su contexto e influencias, de la misma manera que cada quien tiene una experiencia personal diferente en un dado viaje. De ahí, la psicodelia comenzó a ramificarse en subgéneros, rockpopgarageacid, y hoy incluso ambientelectronichip-hop. Con suficiente intención, cualquier manifestación musical puede convertirse en una expresión de música psicodélica.

No obstante, debido a la idiosincracia de la industria musical y la contracultura, surgieron varios elementos que, por más que difiriera el sonido de una banda a otra, lograron crear una estética unificada. Las técnicas de estudio se volvieron más ambiciosas y surgió una nueva corriente de pensamiento creativo, en la cual el estudio de grabación era un instrumento más con el cual crear música. De esta premisa surgen los grandes abusos técnicos de los ’60: los paneos extremos (“Third Stone from the Sun” de Hendrix”), los experimentos con cintas (“Tomorrow Never Knows” de los Beatles”), las extensas improvisaciones (“The End” de los Doors), la introducción del órgano como facilitador de texturas (“In-A-Gadda-Da-Vida” de Iron Butterfly) o la llegada de nuevos efectos como el fuzz o el phaser (“Sunshine of Your Love” de Cream).

Como toda corriente explotada de manera abusiva, la producción psicodélica dio paso a algo menos extravagante, un back to basics, derivando en una estandarización de la producción de rock que se definió en los ’70 y que sigue marcando la pauta de cómo grabar a una banda en la actualidad. Tanto la contracultura como la psicodelia se vieron derrotadas por un sueño de paz que mostró ser imposible. No obstante, los mejores descubrimientos de los ’60 se condensaron en algo más accesible y enfocado.

Para muchos historiadores, el gran ejemplo de cambio de paradigmas de producción se dio con dos trabajos de los Beatles, RevolverAbbey Road, uno para cementar el estilo psicodélico y el otro para sepultarlo. Sin embargo, en mi visión particular, hay que ver más allá para entender los verdaderos matices estéticos de la psicodelia y sus sucesores. Lo ideal sería voltear a ver a la cuna del movimiento hippie, en San Francisco, hogar de una escena llamada “el sonido de San Francisco”, de la cual, una banda llamada Grateful Dead eran los mayores exponentes.

Existe, al menos en las generaciones más jóvenes, una idea muy vaga del alcance e importancia de Grateful Dead. Su música no responde a las características llamativas de la psicodelia que uno busca en los trabajos de bandas más descaradas como Jefferson Airplane, The Mothers of Invention o el Pink Floyd de Syd Barrett. Se podría decir, a partir de esto, que la psicodelia de Grateful Dead es sumamente sutil, generando un efecto de constante descubrimiento al escuchar su música. No hay recursos dramáticos de estudio ni sonidos despampanantes, sólo una noción muy elevada de musicalidad e interacción de instrumentos. Química musical pura entre los miembros de la banda, un rasgo que se busca más en una banda de jazz que en una de rock.

Para entender la predilección por lo musical sobre lo teatral de Grateful Dead, se puede hacer una comparación muy interesante con la carrera de los Beatles. Ambas bandas tuvieron una aproximación totalmente contraria para explotar su etapa psicodélica. Es bien conocido que la magia de estudio de los Beatles superó a sus capacidades para tocar en vivo, por lo que a partir de Revolver, la banda decidió enfocarse en su trabajo de estudio, dejando oficialmente los escenarios. Por otro lado, Grateful Dead tomó el enfoque opuesto, sus lanzamientos de estudio eran meras excusas para salir de gira y convertir las composiciones de sus álbumes en extensos jams que reflejaban la verdadera naturaleza de las canciones. La banda pretendía que su música fuera una experiencia que, complementada con luces y drogas, formaran una experiencia redonda, más allá de escuchar el álbum en casa. Es por eso que existen decenas de grabaciones en vivo de la banda disponibles en su catálogo, porque cada concierto resultaba una vivencia diferente, sumamente significativa.

La etapa meramente psicodélica de Grateful Dead, al igual que la de sus contemporáneos, murió con el cambio de década. Su catálogo dentro del estilo se puede englobar en tres trabajos de estudio y uno en vivo; The Grateful DeadAnthem of the SunAoxomoxoa Live/Dead. A esto por supuesto se le deben sumar todos los bootlegs de conciertos que se han hecho oficiales con los años, como la famosa serie Dick’s Picks o los volúmenes completos de Europe ’72, los cuales recopilan la transición entre una controlada psicodelia y ambiciones en el jazz fusion. Debido a este vasto catálogo de bootlegs, muchas personas se quedan con una idea muy reducida del trabajo de la banda, ya que para realmente entender las visiones psicodélicas de Grateful Dead hay que darse un clavado muy profundo en su discografía, para bien o para mal.

Es interesante resaltar que muchas personas no iniciadas no ven en Grateful Dead un bastión de la psicodelia; sobre todo por las inclinaciones hacia el country y el folk que tuvieron en los ’70, que por cierto también son esenciales para la música pop, sobre todo en Workingman’s Dead American Beauty. Sin embargo, se pueden apreciar ciertos rezagos de los ’60 en trabajos posteriores de la banda, sobre todo en las intrincadas improvisaciones de Jerry García, guitarrista líder, que pueden generar con suficiente atención un estado de trance y asombro. Y justamente ese es el secreto de la efectiva psicodelia de la banda, que no necesita recurrir a la pomposidad para inducir en el escucha un efecto estupefaciente, de música que apela a los sentidos en su modo más complejo.

Una manera para entender las improvisaciones de la banda es hacer un paralelo con los solos espirituales de John Coltrane, o con la libertad que Miles Davis le dio a músicos como Chick Corea, Herbie Hancock y John McLaughlin en sus sesiones eléctricas. Es música que utiliza instrumentos tradicionales en maneras de cierta forma comunes, pero que como un todo, se suman como una experiencia trascendental para los escuchas con un oído acostumbrado a lo complejo. Tal vez por eso Grateful Dead no sea para todos, de la misma manera que no todos tienen la misma capacidad para encontrar orden en el aparente caos del jazz.

En mi visión particular de lo que representa la psicodelia, los elementos más efectivos para lograr esa estética deseada deben estar implícitos en la música, no en lo agregado. En ese sentido, álbumes como The DoorsThe Psychedelic Sounds of the 13th Floor Elevators Happy Trails de Quicksilver Messenger Service me transmiten un estado puro de psicodelia, una experiencia que puede ser replicada en vivo para incrementar sus efectos, y en ese rubro, nadie tiene más maña que Grateful Dead. Pocas bandas dedicaron tan devotamente su carrera a sus actuaciones en vivo, dejando de cierta manera en segundo plano sus trabajos de estudio, algo que incluso se coló al ethos de otros movimientos como el punk y el hardcore. Ésta afección por las posibilidades de la música en directo hicieron que cada concierto, desde 1965 hasta 1995, fuera abordado como una celebración única, una experiencia psicodélica sin igual en la música popular, ya sea en un pequeño bar de San Francisco o en un estadio de futbol americano.

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