Bootleg Reseñas

Rómpalo usted mismo | Off Limits 2018

“El punk está muerto”. Qué mentira tan grande. En su tercera edición, el festival Off Limits ha mostrado que el punk aún lucha, grita y destruye a través de uno de los line-ups más impresionantes hasta la fecha y uno de los eventos más frescos en la escena nacional.

Después de cruzar la ciudad hasta llegar al foro 360° en Naucalpan, no teníamos una expectativa real de lo que íbamos a ver. Si bien desconocíamos a algunas de las bandas que representaban al nacional y nos parecía inverosímil la presencia de leyendas como Youth Brigade, Vitamin X, Terrorizer y No Fun At All, nuestra referencia se limitaba a las fotos, carteles y un puñado de reseñas de las ediciones pasadas, que en conjunto apuntaban a que la noche iba a ser demencial.

Profanator, originaria de Querétaro, es una banda de respeto en la escena nacional. Su death-thrash es potente y crudo, fuertemente influenciado por los primeros álbumes de Death. Por desgracia su set es acompañado por un número limitado de personas. Había más interesados en el pit de fotografía que un público real y, cuando terminaron, el recinto aún se sentía vacío. Bestia hizo de las suyas con hardcore bien ejecutado: la agrupación conformada por miembros de Los Viejos y Tormentas mostró un trabajo muy bien pulido que llevó al puñado de espectadores presentes a mover sus cabelleras. Sin embargo, el ambiente en la pista continuaba apagado.

Dolores de Huevos, una de las “superbandas” del país con pesos pesados como  Manuel Ávila (ex-Alisson), Manuel Rubio (Finde), Conrado de la Pradera (Tungas) y Xnayer (Austin TV), llegó como un caso particular. Divagaré, para su disgusto, y diré que son una especie de “avant-punk” o “art-punk” debido a todo el viaje estilístico por el que pasan sus canciones. Los discursos bipolares, acompañados de cambios drásticos de dinámica y una presencia frenética en el escenario rompen de forma contundente con el género. Ciertamente, marcaron una de las presentaciones más especiales de la jornada.

Pronto llegó el primer grupo internacional del festival. In Other Climes, originarios de Nice, Francia, no le deben nada a nadie, traen una energía increíble y, después de un tour por el país, el Off Limits parecía el cierre perfecto antes de ir a Colombia. Su mezcla de hardcore con metal, así como su presencia, lograron una buena reacción del público. Sin embargo, a la llegada del breakdown de su tercera canción, se fue el sonido en el escenario.

Banda, staff y público procedieron a moverse. Alex, el bajista, bajó para convivir junto a los asistentes, incitando una serie de juegos junto a Michael (guitarrista) y Cyril (cantante), que incluyeron el hacer la ola o ver quién gritaba más fuerte. Por desgracia, el tiempo pasaba y no se podía continuar con el concierto. Después de 20 minutos, los franceses pudieron continuar con 3 últimas piezas. Su fuerza era grandiosa, pero la energía ya no era la misma en el público. Acabando, agradecieron y el público les despidió con fuerza… Creo que merecían más.

After The Fall, exponente del melodic hardcore de Nueva York, llegó con una vibra alegre y dió un set ameno que sirvió como una transición agradable. Se pudo escuchar un poco de toda su trayectoria, pero “Dedication” y “Unkind” fueron las dos piezas que más sobresalieron, tanto por su carga emocional como por el ambiente que lograron encender en el público. Después de los últimos acordes de ATF, el festival tomó un carácter completamente nuevo. Hasta este momento, aún cuando los fanáticos aplaudían o gritaban al final de las canciones, el entorno era ligeramente estéril: la gente permanecía detrás de la cabina de audio, dejando un espacio considerable frente al escenario, y los pocos aventurados a ocuparlo solamente reforzaban la idea de ausencia. Por fortuna, esto terminó con la llegada de SECT.

El quinteto canadiense fue algo realmente sorprendente: una exhibición cruda y cáustica a partir de su estilo reminiscente del hardcore, el thrash y grind. Chris Colohan, vocalista del grupo, parecía perder un poco de sí en cada frase que exhalaba; cada canción era una demostración histriónica cargada de emoción en la cual explotaba, tocando el suelo, saltando al público o brincando de lado a lado en el escenario.

La energía provocó que el espacio vacío que había predominado en las bandas anteriores se convirtiera en un moshpit increíble. En la batería, se propiciaban golpes tajantes a los tambores por medio de ritmos rápidos y hostiles, mientras que en la sección de cuerdas, James Chang (guitarra), Scott Crouse (guitarra) e Ian Edwards (bajo) crearon con sus riffs un muro denso y hostil que a partir de ráfagas de entre uno o dos minutos incitaban a mover cada fibra del cuerpo. “Sinking”, “Open Grave”, “Reality’s Wake” y “Curfew” sin duda fueron de lo mejor de su set.

Después de Sect, Vitamin X, una banda Holandesa de gran respeto a nivel mundial, llegó con un show relámpago con el cual la velocidad del público incrementó exponencialmente. El pit parecía licuadora gracias a la velocidad que adquirió, a la vez que un cocodrilo de plástico pasaba por encima del público junto a decenas de cervezas que volaban de un lado a otro. Un momento especial de su presentación llegó cuando Marko Zorac aventó en pleno solo un puñado de confeti a los espectadores. Si bien no han reinventado nada, claramente han sabido explotar lo que tienen, y las canciones “Herida Profunda”, “About to Crack”, “You Suck” y “Bad Trip” lo demostraron con creces.

He de decirlo: la noche llegaría a un lugar que pocas personas creerían posible con la llegada de The Dwarves, el legendario grupo comandado por Blag Dahlia y conformado por los miembros mejor apodados en el género: Rex Everything (Nick Oliveri, ex bajista QOTSA), HeWhoCannotBeNamed (famoso por usar casi siempre una máscara de Rey Misterio), Hunter Down y Fresh Prince of Darkness dieron un espectáculo lleno de sátira, insinuaciones sexuales y comentarios políticamente incorrectos, mostrando el lado más irreverente del punk en la noche con canciones como “Sluts of the USA”, “Dominator”, “Free Cocaine” y “Get Up & Get Hi”. Blag mantuvo una conversación fluida con el público a través de provocaciones, ya fuera con otras bandas -“Somos la mejor banda de la noche, los más guapos y los más famosos”-, O ante el público -“Es un gusto ver el hermoso rostro de todos… bueno, no todos son hermosos, pero eso no importa”-. Sin lugar a duda, todo un espectáculo.

Slapshot, representantes del hardcore de Boston desde el 85, se presentaron con una fuerza incomparable; dominantes en todo aspecto de la palabra. Si alguna vez han tenido miedo de que un cantante los golpee con su sola presencia, aún no han visto a Jack Kelly gritar en “I Told You So” o “Hang Your Boots”. Fue realmente una desgracia que parte de su presentación fuera afectada por el feedback.

La llegada de Darkest Hour fue también algo agridulce. La banda tomó su tiempo en preparar el escenario, tocó 20 minutos en vez de 40 y nadie en esta tierra pudo siquiera acercarse para saludarles o tomarse una selfie. Por otro lado, el haber podido escuchar “Demon(s)”, “Doomsayer”, “Enter Oblivion” y su cover de “Nazi Punks Fuck-off” (original de Dead Kennedys) llevó a una nueva oleada de circle-pits y walls of death dentro del público. La banda ha crecido bastante en su habilidad técnica sin dejar a un lado su brutalidad; sería bueno que tocaran un poco más de tiempo.

 

En los albores finales del festival, unos cuantos ya se retiraban, otros bajaban por algo de comida vegana (que, la verdad, estaba bien) y otros pobres cansados dormían donde cayeran: en sillas, escalones, sillones o cerca del estacionamiento. Por fortuna, la energía no bajaba en la sección principal. Las últimas cuatro bandas del festival se encargaron de eso.

Youth Brigade pasó por toda su discografía en un recorrido dedicado tanto a sus fanáticos más antiguos como a los más jóvenes. Los hermanos Stern, si bien han envejecido, mantienen su intensidad a través de los años. Los coros de cada una de sus canciones son himnos políticos que trascienden generaciones. “Sink With California” y “Fight to Unite” eran repetidas por cientos. “Punkrock mom”, la divertida oda a todas las madres, fue acompañado de un festejo jovial, a la vez que otras tantas como “Sick”, “Violence”, “Modest Proposal” y “Believe in Something” coronaban de la mejor forma a una de las presentaciones más extensas del evento.

De Terrorizer y de Ratos de Porao no puedo extenderme mucho. Ambas presentaciones fueron como una taladrada cerebral en el mejor sentido posible. Terrorizer cumplió la fantasía de muchos al interpretar la mayoría de World Downfall con parte de la agrupación original. Tal como el nombre de grindcore indica, el sonido de la banda en vivo es despiadado, como un triturar engalanado por muestras técnicas de guitarra y batería, que sin remordimiento alguno hipnotiza e infecta los cuerpos para moverlos. Ratos nos hizo recordar su lugar internacional. Solos demenciales de Joao Estevez, los gritos inconfundibles de Joao Benedan (conocido como “gordo”) y un una sección rítmica sencilla, pero efectiva, mantuvieron 40 minutos de poder extraordinario. “Crianças sem futuro”, “Aids”, “Pop”, “Repressão” y “Sofrer” nos dejaron sin aliento.

 

Para cerrar con lo mejor, No Fun At All dió cátedra sobre cómo se debe festejar con 27 años de trayectoria. En su primera visita a México, los suecos bromeaban con alegría entre cada canción mientras el público respondía con vitoreos. Los que momentos antes parecían no aguantar más se veían renovados conforme avanzaba el set. La variedad obligaba a hacer algo, desde los clásicos como “Strong and Smart”, “Wow and I say Wow”, “Believers” y “Perfection”, que con sus coros infecciosos llenaban el foro de esquina a esquina. A la par, los fanáticos hacían eco o intentaban gritar lo que mejor se aproximara a la letra, hasta lo más reciente del grupo con su álbum Grit, que ayudaba a prolongar el pit con sus melodías a la Bad Religion. La fiesta punk fue un éxito, y si algo he de decir, es que todas sus versiones en vivo superan inequívocamente a las de estudio.  

La diversidad de temáticas, acercamientos y variaciones en las diversas escenas que apoya le hacen uno de los festivales más divertidos en la actualidad, mientras que la cercanía que ofrece permite sentir que realmente existe una comunidad. El poder observar a Chris Colohan de Sect corear a The Dwarves, a Terrorizer y a Youth Brigade, o ver a Nick Oliveri esperando pacientemente con una copia de vinil de Terrorizer para que se lo firmaran, como un fan más, permitió ver de nuevas formas a algunos de nuestros ídolos. Si alguien nunca ha ido a un concierto, toquín o festival de punk, debería hacerse un favor y pasar a conocer el Off Limits. Por lo menos sé que ya espero con ansias su próxima edición.

Foto: Rodrigo Mondragón Ramirez para Lados B

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