Álbumes Columnas Descubre música Música Nueva: Garantía Lados B

Joy As An Act Of Resistance | La cruda y corrosiva consagración de Idles frente a los ortodoxos estándares

Joy As An Act Of Resistance es, junto con Songs Of Praise de Shame, Beyondless de Iceage, New Material de Preoccupations y Room Inside The World de Ought, el quinto underdog del post-punk en el año. Con una lírica protestataria, ácida y atascada de hate al más puro estilo de Joe Talbot, Joy As An Act Of Resistance supera por mucho lo hecho en Brutalism, su álbum debut, hace apenas unos meses.

Surcando los caminos del hardcore punk, Idles retumba el 2018 con su segundo álbum en la palestra sólo para demostrarnos que “this album is an attempt to be vulnerable to our audience and to encourage vulnerability; a mere brave naked smile in this shitty new world”. Explicando la vulnerabilidad de sus integrantes hacia el mundo actual y tratando de inculcárnosla, Idles hará una completa crítica a los tópicos que han regido al planeta desde la aparición de las redes sociales: el machismo, el racismo, la política, el aborto, el amor, el amor propio, la homosexualidad, la sexualidad, la inmigración y, recientemente, el Brexit con toda su envolvente carga clasista.

Joy As An Act Of Resistance es un álbum con el que quien lo escucha rápidamente se sentirá identificado tanto en sus letras como en su sonido muy de la vieja escuela punk. “I was done in on the weekend. / The weekend lasted twenty years” abre el álbum, colocando a “Colossus” como el gancho idóneo para escuchar en loop lo que viene más adelante. Sus potentes tambores, acompañando a una fulminante guitarra de fondo, hacen de “Colossus” la pieza más ad hoc para empezar la rebelión que contagia Idles. La primera parte de la canción termina y, después de un silencio afónico, revive mediante gritos, hooks y una mordiente letra:

I’m like Stone Cold Steve Austin:

I put homophobes in coffins.

I’m like Fred Astaire:

I dance like I don’t care.

I’m like Ted DiBiase:

I win no matter what it costs me.

I’m like Evel Knievel:

I break bones for my people.

I’m on my best behavior.

Like Jesus Christ our savior.

I’m like Reggie Kray.

“Never Fight a Man With a Perm” es el espécimen más Idle-ish que el álbum puede tener. Hüsker Dü con Red Bull. Un clínico bombo en su inicio, seguido de una contagiosa bassline, hace de esta canción una completa catarsis en nuestros oídos. “I’m Scum” continúa con ese completo sentimiento de nostalgia por Misfits bajo esos coros tan coordinados, la manera tan clásica de hacer sonar el bajo y el fraseo inundado de una carente falta de amor propio: “Dirty, rotten, filthy, scum. / For a long long while I’m known as, / dirty, rotten, filthy, scum.” Simplemente brutal.

De ascendencia ucraniana, Danny Nedelko, inmigrante, frontman de Heavy Lungs y amigo de los integrantes de Idles inspirará la cuarta canción del álbum, la homónima “Danny Nedelko”. Diciendo que “Roma no fue construida en un día, ni únicamente por los Romanos”, el segundo single de Joy As An Act Of Resistance explicará en poco más de tres minutos que, lejos de las fronteras, los pasaportes y las banderas, todos somos humanos; todos somos iguales sin importar nuestra raza y origen.

Personalmente, “Love Song” es, junto con “Gram Rock” y “Rottweiler”, una de las mejores canciones del álbum. Llegando a niveles hilarantes, Joe Talbot escribe, como su nombre lo dice, una canción de amor, pero con una torcida lírica ácida. Burlándose sarcásticamente de las melosas love songs, Idles externa afecto a su particular manera; dejando claro que sí se puede hacer una canción sobre amor sin sonar a The Ronettes.

I fucking love you.

I really love you.

Look at the card I bought!

It says: “I love you.

Por mucho, “June” es la parte más triste del álbum. Inspirándose en la muerte de su hija en junio de 2017, Talbot escribe, desde lo más profundo de su dolor, una canción llena de melancolía. En una entrevista con Rolling Stone, el frontman de Idles explica cómo se sintió al escribir sobre su pérdida: “I didn’t really intend on it ever coming out… It’s quite a telling sign of what I’m writing about, which is carrying the shame of grief and feeling like you’re a burden because you’re feeling so dysfunctional and angry at the universe for something that you have no control over. People often have a strange embarrassment for just feeling pain.” Devastador.

En el ombligo del álbum, “Samaritans” salta ante nuestro tímpano y recrudece ese feeling vomitivo que el machismo tiene dentro de sí. Y es que su letra está inundada de referencias en torno a ese tipo de sexismo inculcado, muchas veces, desde la infancia. Estructuralmente, la emotividad esencial de Idles está plasmada en esta séptima canción del Joy As An Act Of Resistance. Su dinamismo nos hace querer desempolvar nuestros discos de la adolescencia para recrear aquellos días en los que la música era algo totalmente distinto a lo que ahora se palpa. Una canción tan bipolar como entrañable.

“Television” y “Great” alargan esa nostalgia al sonido más teen que el punk tuvo en los dosmil. Rayando en el punk rock más consumido en el Warped Tour, los de Bristol recrean, en casi seis minutos y con dos canciones, nuestra etapa más inocente, musicalmente hablando.

Después de ese pasaje inundado de nostalgia por el pasado, Idles regresa con “Gram Rock”. La mejor canción del álbum tiene dentro de sí una total madurez en todos los aspectos. Líricamente, es una bestialidad. Sin embargo, su encanto radica en su musicalización. Las inesperadas guitarras raspadas creando un notable wall of sound en el aire alimentan por poco más de dos minutos una eufórica forma de punk arcano que no se escuchaba desde The Dusk In Us de Converge el año pasado. Altas dosis de ruido, gritos y guitarrazos. Por mucho, “Gram Rock” es la joya de la corona.

Ten points to Gryffindor!

El final de Joy As An Act Of Resistance está a escasas dos canciones y una de ellas, “Cry To Me”, se envuelve en la bandera de The Cramps con una voz emulando a la de Lux Interior y, detrás, una guitarra completamente influenciada por la 1958 Gretsch 6120 Orange de Poison Ivy. El encore ideal.

“Rottweiler” fue la primera canción que se creó para el álbum. Originalmente hecha para estar dentro del Brutalism, la banda la dejó intencionalmente fuera del tracklist final para agregarla a su segundo LP, siendo esta la canción que cierra el disco.

Por más de cinco minutos, el sudor y la suciedad que despide esta canción es remarcable. “Rottweiler” es esa canción que describe perfectamente lo que Idles representa: una banda potente en todos los sentidos y rica en momentos que harán de su nombre uno muy entrañable para los que adoramos este género. “Rottweiler” es simplemente el epílogo soñado.

Keep going!
Keep fucking going!
Keep going!
Fuck ‘em! Fuck ‘em!
Go!
Smash it!
Ruin it!
Destroy the world!
Burn your house down!

Unity!

Con la cabeza destruida y embriagados de punk, el álbum termina dejándonos sensaciones encontradas. Pero son buenas sensaciones encontradas. Aunque todavía es muy temprano para decir que Joy As An Act Of Resistance es el mejor álbum del 2018, sin pensarlo estará muy cerca de estarlo. Su destructivo sonido, aunado a su polifacética lírica, hacen que Idles vaya subiendo escalones en la pirámide de nuevas bandas dispuestas a impresionar a los que osen ponerle play a sus álbumes esperando algo digerible y convencional.

Joy As An Act Of Resistance. Recuerden este nombre.

 

 

Anuncios

0 comments on “Joy As An Act Of Resistance | La cruda y corrosiva consagración de Idles frente a los ortodoxos estándares

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: