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Nine Inch Nails, en la escala de lo sublime: 7 discos esenciales

No es que Trent Reznor haya inventado el industrial, pero sí proyectó luz sobre éste. Inspirado por actos brillantes, aunque muy densos para el esplendor noventero de MTV, como Ministry y Skinny Puppy, la música de Nine Inch Nails llevó el género musical a las masas, las grandes arenas y los festivales musicales.

Ubicado más allá del bien y el mal, Reznor es un músico vital, con un poder sobrehumano de replantearse sin reciclarse y de actualizar sonoramente su catálogo de manera que no pierda vigencia y forme parte del cuerpo de trabajo de la banda, el sistema de halos. Con el lanzamiento del EP Bad Witch, NIN cierra el ciclo que comenzó con Not the Actual Events (2016) y continuó con Add Violence (2017), en el cual experimentó con drum n’bass (“God Break down the Door”) y hasta techno (“The Lovers”).

En lo que contamos los días para su presentación como headliner en el Corona Capital, he aquí un ranking de todos los gloriosos LPs de NIN. No se incluyen EPs, discos en vivo ni la compilación instrumental Ghosts (I-IV).

  1. Hesitation Marks (2013)

Probablemente el trabajo menos agresivo a la fecha, a excepción de “Copy of A” y “Came Back Haunted”, hechos a medida para los fans puristas. Sin embargo, el resto de los cortes se mueven en terrenos de la música electrónica experimental, con beats techno y vocales procesadas en las que Reznor, por primera vez, canta, en toda la extensión del término. ¿El resultado?, aunque no es desastroso, no sé si sea lo suficientemente interesante para conseguir escuchas repetidas.

  1. Year Zero (2007)

Uno de los LPs menos valorados de Reznor y compañía, probablemente porque tuvo poca difusión y la interpretación de sus cortes en vivo es, a la fecha, limitada. Se escucha como una obra de transición ubicada entre los grooves irresistibles de With Teeth y los macanazos asesinos de The Slip. Líricamente, fue la primera vez que Reznor abandonó las confesiones y optó por un concepto sobre las teorías conspiraciones y los gobiernos opresores.

No sería exagerado decir que contiene una de las piezas más experimentales de NIN a la fecha, “The Great Destroyer”, una máquina de destrucción sonora que corre a 150 BPM y que a la mitad se convierte en el apocalipsis: beats rebanados y sintetizados en texturas y frecuencias que perforan los oídos.

  1. The Slip (2008)

No puedo pensar en otro álbum de la banda que me deje tan exhausto como éste. Putazo tras putazo, baterías para hacer brazo cortesía de la máquina Josh Freese, guitarras chorreantes de ese fuzz que se siente como alambre en los tímpanos y vocales frenéticas… es imposible mantenerse quieto. Llama también la atención que el nivel de interacción que generó con los escuchas, pues Reznor regaló en línea las sesiones multitrack de todas las canciones, permitiendo un sinfín de remixes a los internautas. Destaca la locura total de rolas como “Letting You”, la estructura casi geométrica de “Echoplex” y la insania de “Head Down”, que hace cuestionar la cordura propia.

  1. With Teeth (2005)

Esta placa tiene uno de los mejores tracks introductorios de NIN, “All the Love in the World”, una letanía sobre la soledad que progresa sobre una secuencia triphopera y que revienta no en los guitarrazos y berridos que uno esperaría del Sr. Reznor, sino en una expiación a manera de gospel… vaya manera de celebrar la sobriedad. Alguna vez escuché a alguien definir los dos sencillos principales, “The Hand that Feeds” y “Only”, como NIN para el antro, y no me parece algo equivocado, aunque ya nadie use el término “antro”. Sí contiene un par de macanazos bien acomodados (“You Know what You Are?”, “Getting Smaller”) y tiene un cierre tremendo con “Right where it Belongs”, para ponerse metafísico y escéptico.

  1. Pretty Hate Machine (1989)

He aquí la primera vaca sagrada del conteo. ¿Es synth pop? ¿Es industrial? ¿A quién le importa?, es brillante, como beber un licuado de Depeche Mode y Skinny Puppy. Duro y pegajoso a la vez (that’s what she said), el debut del grupo está plagado de cajas de ritmo que suenan como mazos demoliendo paredes, guitarras abrasivas, teclados melódicos y letras sobre autodesprecio. A casi treinta años de su lanzamiento, su sencillo principal, “Head Like a Hole”, permanece como uno de los componentes imprescindibles de los setlists de Reznor y compañía.

  1. The Downward Spiral (1994)

La desolación nunca fue tan accesible: el sonido es agresivo pero digerible, las estructuras de las rolas son convencionales (en su mayoría) y las letras seducen con toneladas de auto compasión y contemplación suicida. Aquí, Reznor le bajó dos rayas a la ira y optó por un camino filosófico, un descenso en espiral hacia un lugar oscuro… ¿una metáfora de la aceptación de la muerte, tal vez? Se trata de su primer álbum conceptual en forma, entretejido con piezas instrumentales que comienza brutalmente con “Mr. Self Destruct” y termina con la acogedora y lastimera “Hurt”, hoy “propiedad” de Johnny Cash.

La belleza y la porquería, la mugre y la pureza son uno mismo en esta experiencia sonora a la cual te sometes sin oponer la menor resistencia. La virtud de Reznor -de la mano con la leyenda Alan Moulder– no sólo radica en las melodías hundidas en el lodo y las heces, sino en la artesanía de un sinfín de sonidos hasta entonces desconocidos en el rock, como el uso (o abuso) del decimator, un efecto fabricado por Korg que juega con la digitalización sonora y que se convertiría en el sello de NIN; o las guitarras atascadas de fuzz en tracks apilados uno sobre otro y siempre al frente de la mezcla. Tanto se ha dicho de este LP, que únicamente queda escucharlo una y otra vez, pues, sin duda, ofrece algo nuevo a cada escucha.

  1. The Fragile (1999)

El plato fuerte de este conteo es la obra más ambiciosa de Reznor a la fecha, en la cual “metieron mano” decenas de músicos, desde Dave Ogilvie (Skinny Puppy) y Page Hamilton (Helmet), hasta Dr. Dre, Clint Mansell y Adrian Belew (King Crimson). El resultado es una especie de viaje de regreso en comparación con The Downward Spiral, en el cual los pasajes ambientales juegan un papel vital.

La experiencia sonora es más análoga que en su predecesor, en el sentido que junto a Moulder, Reznor invirtío harto tiempo elaborando secuencias con los instrumentos menos convencionales que pudo hallar, como el ukelele, la slide guitar y trozos de metal (¿es un serrucho lo que suena en la intro de “Somewhat Damaged”?), aunque se preservan las guitarras en multitrack al frente de la mezcla (“We´re in this Together”) y un surtido amplio de sintetizadores (“Into the Void”).

No todo es perfecto, los tornillos flojos en este caso son las letras: hay que reconocer que Reznor nunca ha sido un letrista brillante, sino repetitivo ad nauseam y más que predecible. Aquí, la poesía gótica adolescente llega a su máxima expresión, con todos los sinónimos posibles de “decay” (“decadencia”). En el tiempo en que las compañías discográficas tenían más dinero del que podían gastar, The Fragile no tuvo el mismo éxito comercial que The Downward Spiral.

Mientras su exprotegido, Marilyn Manson, se encontraba en la cima de su carrera gracias a Mechanical Animals (1998), Reznor enfrentó dificultades para financiar la gira de promoción del álbum y varias críticas negativas de los medios (actualmente, los papeles están invertidos, basta ver al remedo del “Reverendo” que se posa sobra los escenarios y a un Reznor con la pila siempre al 100 en constante búsqueda de torcer su arte y ofrecer algo nuevo). The Fragile es una obra maestra, de eso no hay duda, tal vez incomprendida en su momento, pero que hoy reclama su lugar como el opus magnum de Nine Inch Nails.

Texto: Jesús Serrano.

 

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