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La Monte Young: De la revolución modernista a la espiritualidad

La Monte Young fue pionero de todo y aliado de nada. Ni artista, ni músico, ni compositor, ni gurú espiritual, pero sí fue un catalizador.

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En las esferas del minimalismo, ambient, drone, el american avant-garde de los sesenta, el experimental, fluxus y demás, siempre aparece el nombre de La Monte Young. Cualquiera que ahonde en alguna de las escenas anteriores se dará cuenta rápidamente que, inmerso en un tema, el nombre de este artista parece huir, no embona al cien por ciento.

La Monte Young fue pionero de todo y aliado de nada. Ni artista, ni músico, ni compositor, ni gurú espiritual (al menos no totalmente) pero sí catalizador. Indiscutiblemente, fue una de las figuras más influyentes de la música moderna y con apenas unos cuantos trabajos grabados, una influencia mencionada por un sinfín de artistas y cuya trayectoria apenas está documentada. Una aproximación hacia la naturaleza, el arte, la espiritualidad y la técnica sin precedente. Un legado abrumante y al mismo tiempo poco atestiguado.

Hoy, Young tiene 82 años. Se le puede encontrar intermitentemente en su loft en Nueva York que abre sus puertas a una eterna instalación de arte y espacio de meditación. En ocasiones, se presenta al lado de la artista Marian Zazeela (también su esposa) y la discípula del matrimonio: Jung Hee Choi. Esta joven parece tomar un mandato arriesgado ante un mundo de personalidades y saturación con tal de darle continuidad al fundamento de la obra de Young y compañía: la creación experimentada e ilimitada, espiritual, desinteresada y generosa.

A razón de esto, un documento para la vida y obra de La Monte Young.

Nacido en el Idaho rural, encaminado a las grandes urbes de Los Ángeles y Nueva York, Young fue un estudioso joven cuya visión académica incluiría el jazz tocado a lado de Ornette Coleman y Don Cherry. Posterior, desarrolló un enfoque en música electrónica, preocupado también por los temas del clásico, el dodecafonismo y la música clásica india. Para el final de su vida académica, habría tomado un interés no sólo por la vanguardia, también por el conceptualismo.

Aún durante su periodo como estudiante, Young crearía “Trio for Strings”, celebrada y peleada como avance serialista, como origen del minimalismo. En realidad, es significativa por su acercamiento experimental a los tonos sostenidos y sus interacciones, al mismo tiempo que seduce a la creación conceptualista que posteriormente sería tan importante en la obra del artista.

A principio de los sesenta y colocado en Nueva York, Young llegaba como parte de un movimiento crítico en la historia del arte americano. La nueva generación de artistas estadounidenses se hacía notar al fin como un ente creativo independiente y relevante. Pero a diferencia de su veterano adversario europeo, las tradiciones americanas no eran tan profundas como para expresar sin cambiar. La nueva generación de artistas, si era hija de Rothko, Newman y Pollock, verdaderamente debía innovar.

Dentro del mundo de la vanguardia específicamente musical, se hacían dos grupos de oposición: Uptown y Downtown (alias Tribeca, los “lofts”). El uptown era representante de la continuidad, un european son, mientras que el movimiento del downtown quería crear su propia identidad quejándose de una tradición expresiva redundante y de una pobre imitación europea. Así nacía la nueva generación de compositores, acompañados por los ideales creativos de John Cage y con el objetivo negar y destronar toda convención, lograr toda trasgresión buscando así una verdadera identificación.

Philip Glass y Steve Reich, convivían cercanos al mundo de los artistas y poetas del fluxus, como Yoko Ono y Dick Higgins. Estos compartían interés en la urbanidad, la conceptualización, el performance y lo radical. Los mundos de lo “clásico” y lo “moderno” se tornaron íntimos y la distinción de arte popular se enmarañaba. Entre todo ello, estaba, quizás más propiamente, La Monte Young.

Inicialmente, Young llegó a este mundo a desarrollar su afecto por lo conceptual. Operaría como editor y colaborador de libros de arte como An Anthology of Chance Operations, donde estaría su famosa colección de piezas Compositions 1960 (visualizadas a través del artículo). Estas evalúan el hacer composición y arte de manera simultánea, atacando a las suposiciones de lo que la música y el performance son. Incluso en concepto, se daba a entender el verdadero interés de Young por una investigación de las limitantes de la estructura musical.

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A pesar de que la fama de los lofts era de ser artistas dada y en búsqueda de shock, Young se veía con aspiraciones diferentes, y así es como dejaría al fluxus y a este círculo de artistas atrás. En parte oda a Cage, en parte indeterminada y natural, la búsqueda de Young era llegar a las verdaderas facultades del sonido, sus limitantes de presentación, espacio y tiempo.

Su trabajo continuaría, quizá abordando el concepto de otra manera. Nacieron piezas como One of The Four Dreams of China, que se enfocaría en la repetición de tonos específicos, como examinando cada uno de sus momentos en el espacio, sus cualidades expresivas y las sutilezas de sus cambios tanto independientes como interactivos. Aquí, vale la pena examinar el acercamiento tan significativo al tiempo de Young, que lo tiene también como uno de los pioneros del drone. Dentro de las ideas de la vanguardia por extender el tiempo dentro de una obra (como Terry Riley habla de su música cíclica), Young definió la capacidad de una música con la posibilidad de crear stasis. Una forma donde no hay una direccionalidad concreta del tiempo; más bien, da al tiempo la oportunidad de quedarse quieto.

Nacería así, dentro de él, un entendimiento mucho más concreto de lo que algunos envisionan como ejercicios propiamente minimalistas y otros, tal vez más críticamente, como drone. Young creía en la capacidad de inducir estados en ruta contemplativa. Al mismo tiempo, materializaba no sólo la relación de su escucha, sino la del ambiente. Había en su obra un interés profundo por los sonidos del contexto urbano, el buzz de la ciudad, la entonación de los elementos de una gran urbe. La instalación sonora de Max Neuhaus ilustra esto de manera increíble. Debajo de las rejillas, el zumbido secreto de la ciudad:

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“Max Neuhaus’s ‘Times Square’ sound installation is meant to be stumbled upon by visitors to the chaotic crossroads in Manhattan. First installed from 1977 to 1992 beneath a metal vent, and later restored in 2002, the low, droning tones are not labeled anywhere as a work of art, and often blend into the 24-hour cacophony of Times Square.”

Este sonido urbano tiene relación con el ambient, pero su acercamiento es decididamente diferente. El ambient parecería haber encontrado al techno en su connotación urbana. DJ Olive lo nomina como illbient. David Lynch tiene su electric hum que parece comunicar y navegar a través de todo. Es el zumbido en camuflaje metropolitano.

Recordaría alguna vez Young escuchar, constantemente, transformadores eléctricos durante su infancia. Los pigmentos adicionales al esquema urbano. Más tarde, esta obsesión haría que sus músicos afinaran sus instrumentos a las diferentes fluctuaciones de zumbido de la red eléctrica neoyorquina  y adecuada a cualquier otra.

Posteriormente, se formaría el colectivo musical Theatre of Eternal Music y se montaría el Dream House, una instalación de luz y sonido continuo, buscando existir como la evolución de este sonido eterno, un organismo vivo. Dentro de un loft en Nueva York, el Dream House sería la entonación, la voz manifestada, como mantra, de la ciudad. Algunos colaboradores como John Cale y Terry Riley serían parte de este proyecto, y también llegaría la importantísima creatividad de la músico y artista de luz Marian Zazeela.

Para hablar de la importancia de Zazeela es necesario hablar de su trabajo colaborativo con Young: 31 VII 69 10:26 – 10:49 PM / 23 VIII 64 2:50:45 – 3:11 AM The Volga Delta o más amigablemente conocido como “the black record”. Zazeela le daría a Young una plasticidad expresiva para los conceptos expresados, pero también monumentalidad para la stasis propuesta, adicionalmente de un carácter abrasivo que hace de esta obra una especial y clave para el drone moderno.

Dream House (incluyendo su grabación), se pretendía como un lugar de creación perpetua, que al menos Young y Zazeela tomaron a pecho. Como poseídos por el drone de la ciudad, se dedicaron a nuevos conceptos como el esculpir esculturas de luz con sintetizadores y cantar de manera retroalimentativa a la instalación. Las presentaciones abiertas al público duraban días.

La pareja, compartiendo un fascinación por la música clásica india, buscaría traer a Pandit Pran Nath a América. Lo que no sabían es que terminarían siendo sus discípulos. Nath, un cantante dominante, diestro de la técnica kirana gharana (link) y cuyas lecciones para Young y Zazeela se enfocarían en él/los raga.

Los raga, entendidos dentro de occidente como el elemento armónico y melódico de la música, en realidad conllevan un bagaje tradicional y espiritual mucho más profundo. Dentro de la tradición musical india, son vistos como esquemas melódicos improvisados, cambiantes. Usualmente son vocales y capaces de “colorear la mente”, de inducir emociones específicas tanto al cantante como al escucha.

Estos dos no fueron los únicos atraídos por Pandit Pran Nath. Muchos de sus contemporáneos dentro de la vanguardia también realizaron acercamientos a las tradiciones musicales no occidentales con tal de conseguir alternativas para el dogmatismo musical occidental. En su mayoría, estas expediciones resultaban como investigación de campo con un objetivo puramente académico. Otros como Terry Riley, Young o Zazeela serían cortejados por el trasfondo espiritual. Con este anhelo de conocimiento, la pareja entró de lleno al mundo de la música espiritual. La música como forma de adoración. Este sería el núcleo de lo que en un futuro sería el legado del trabajo de Young. Incluso en su búsqueda por la destrucción de las limitaciones del tiempo, la forma, la presentación y la creación, su música tocaría un poco más allá.

Sería demasiado presuntuoso asumir el significado de este “más allá”. Sobre todo dentro de una tradición de espiritualidad indeterminada. Sobre todo sin tener una fuente concreta de las creencias de Young. Pero lo que sí podemos hacer es señalar que la concepción espiritual de la obra de arte es significativa, recurrente y se presta a la analogía.

El filósofo francés Jean-François Lyotard recurre al concepto de lo sublime análogo a este anhelo, el de la creación que busca representar lo irrepresentable. El hacer visible lo que si bien es concebible está fuera de nuestro poder de representación. Lyotard apropiadamente hace referencia a blanco sobre blanco (composición suprematista) de Kazimir Malevich para ejemplificar lo que el mismo Malevich ya comprendía.

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“I have broken the blue boundary of color limits, come out into the white, besides me comrade-pilots swim in this infinity. I have established the semaphore of Suprematism. I have beaten the lining of the colored sky, torn it away and in the sack that formed itself, I have put color and knotted it. Swim! The free white sea lies before you. “

Alrededor de este tiempo, Young concretaría su trabajo definitivo: The Well Tuned Piano. A razón de que esta obra ha sido ampliamente estudiada, aquí nos limitaremos únicamente a describir su aspecto básico.

La obra existe como una eternamente cambiante y prolongada improvisación, que al mismo tiempo tiene una estructura y una conceptualización sumamente definidas. El eje central de la obra es la construcción casi obsesiva de una afinación de temperamento justo (explicada a detalle aquí). Este nuevo empeño de Young confiaba en cómo describen los liner notes la capacidad de acordes y temas para crear “nubes” atemporales de sonido capaces de inducir estados y emociones específicas. Como un raga informado por la academia occidental. La pieza ofrece sonidos poco familiares, donde los pulsos entre notas parecen operar casi manualmente, donde el paso de un cluster armónico a otro es de precisión espeluznante.

Si bien la obra ha sido cambiante y apenas su versión de Gramavision da un testamento concreto de su existencia, si bien es una obra de ambiciones modernistas en lo respecta a la experiencia y si bien la experimentación es la que da mejor comentario de la obra tan influyente de Young, esta es la representación ideal de las ambiciones espirituales y conceptuales de un artista cuyo proceso era, a la vez, de acercamiento matemático y sumamente técnico en su construcción.

Young mismo ha dicho que su obra no es la búsqueda por la “música de las esferas”, sino que más bien se preocupa por tratar al sonido como se aparece en el mundo real. Su construcción revela una estructura compleja, consternada por las percepciones aurales y sus consecuencias mediante el uso estudiado de las limitantes de la música. Young crea a la manera de un raga que se construye para colorear la mente. Crea en sentido de hacer un método científico, una experiencia física, una obra conceptual de arte.

Es así que Young se dio cabida, de alejarse de la vanguardia americana, de los pensamientos minimalistas y la entrega del ambient. Más allá del drone y su dedicatoria al tiempo. Lejos de una contrariedad entre occidente y oriente. Un paso adelante de las ambiciones del arte modernista en necesidad de una revolución propia.

Hoy, no quedan más que presentaciones y trabajos igual de informados, pero que parecen enfocarse en la preservación de una tradición inculcada por Prad Nath. Queda un Young que pretende trabajar pacientemente, sólo dedicándole una entrega material al trabajo que sepa que tendrá el mismo impacto que The Well Tuned Piano. Queda instruir a su discípula junto con Zazeela, y esta ya ha dejado clara su enorme aptitud para continuar este legado.

Young ha construido un hito definitivo en la historia de la música moderna y aun así no aspira en lo absoluto a una vida pública. Parece cómodo viviendo por medio de su obra, sin importar si esta influye o no, si se conserva o no.

Su legado puede ser preservado, como varias veces hemos alabado en este medio, como el de un artista integral. Sin embargo, parece quedar corta esta atribución y al mismo tiempo también parece justo recordarnos de el hincapié que hemos puesto en este medio en contra del culto a las personalidades.

Young es adecuadamente privado. Su trabajo es radical. Su obra está más allá de lo integral. Su influencia está aquí, para el que la quiera usar. Más importante que todo esto, y ya de una manera profundamente personal, es su anhelo por materializar lo que existe, pero que parece inalcanzable.

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