Vacas Sagradas

Vacas Sagradas: Os Mutantes

Para nosotros, en la actualidad, los sesenta parecen el verdadero parteaguas de la revolución cultural. Para otros, quizá sea el verdadero comienzo de la actitud posmoderna. Cayeron de violenta manera los grandes referentes ideológicos. El liberalismo democrático encontró su verdadero huésped en el individuo y este se desarrolló en una era de cultura brutalmente ecléctica y veloz.

También es cierto que hay suficientes excepciones tanto en la crítica como en la idealización de la época. Es cierto que hubo un incremento descomunal en la democratización de la opinión y por lo tanto en la expresión cultural; sin embargo, paralelamente persistieron los engranajes sociales que buscaban la limitación de las expresiones mismas y también crecieron las violencias “sin sentido”. En realidad, fue el radicalismo lo que creció.

Si bien hay suficientes ejemplos de este fenómeno en Estados Unidos (como el Summer of Love y la misma razón de su existir), estas luchas también se presentaron, incluso más agudamente, en otros lados del planeta.

En Brasil, la tropicalia nació como el movimiento de vanguardia artística consecuente a un gobierno exponencialmente militarizado. Este fue el latigazo al gobierno endurecido, buscando administrar una nueva prosperidad. Caetano Veloso, Gilberto Gil, Gil Costa: una comunidad artística inmersa en un trabajo multidisciplinario de vanguardia y con carga política. Las demandas del movimiento no eran referentes únicamente del estrato artístico, exigían también cambio en la idiosincrasia, en el esquema represivo. Fue el cometido latino de experimentación con proyecto, de la incorporación expresiva decididamente ecléctica y de una memoria nacionalista.

En este sentido, la tropicalia fue un término que funcionaba como la re-substanciación de la musicalidad latinoamericana y también del deseo por la relevancia y la construcción futurista. Esta vanguardia, a diferencia de algunos otros lugares, no sólo tenía la aspiración de la cultura interna o la incorporación de una externa, sino de mantener a las dos en el mismo nivel de importancia. Un referente latinoamericano de originalidad cosmopolita.

Uno de los pilares centrales del movimiento era el Manifiesto Antropófago, escrito por el poeta Oswald de Andrade. Este texto argumenta a Brasil como un caníbal cultural, lo cual presenta como su gran virtud. En esencia, este canibalismo cultural aterrizado a un movimiento artístico se asemeja a las ideas que se tenían de poder incorporar todos las influencias posibles en una sola creación en búsqueda de una verdadera originalidad. Un concepto de vanguardia no novedoso, pero que calcula que en el querer encontrar la verdadera creación, dentro de un mundo donde todo ya existe, la única manera de lograrlo es la combinación libre.

Tal vez gracias a esto, lo más asombroso de los nuevos trabajos generados por el movimiento fue la capacidad de acomodar tanto lo avant-garde como lo popular. Este motivo final se puede celebrar como brillantemente conciliador, pero a la vez puede desdeñarse como excesivamente relativista bajo el esquema de la nueva época posmoderna.

Os Mutantes llegó al movimiento con la asistencia de la composición de Veloso, Gil e incluso Jorge Ben, donde los operadores del proyecto, Rita Lee, Sérgio Dias y Arnaldo Baptista, tenían una visión definitiva para su debut. Mientras que mucha de la tropicalia parecía una oda al rock ‘n’ roll (más precisamente al British Invasion sacudiendo la mano del bossa nova), la música tradicional de la bahía, el fado portugués y la experimentación, el debut de Os Mutantes mantenía un trabajo de estructura pop y discurso psicodélico más organizado.

Lo que lograban era darle juerga, jovialidad y humor a las pretensiones políticas y vanguardistas de la tropicalia. Con la misma curiosidad burlona del trabajo de The Mothers of Invention, su música exploraba los sonidos en juego. Su experimentación fue radical e hipnotizante como la de The Velvet Underground, pero sin el frío cinismo. Una catarata de sonidos fantasiosos que de vez en vez se desbordan pero siguen siendo divertidos, como una peligrosa pendiente disfrutada por un niño en bicicleta.

Posterior a su debut, tanto el movimiento de la tropicalia como la música de Os Mutantes cambiaría. La trayectoria del grupo probó ser más que una parte del canon de la vanguardia brasileña, dedicando su progresión a las diferentes tonalidades de rock y a su estética, todos siempre con un espíritu de curiosidad infantil. Su homónimo permanece como un álbum provocador y carismático que levanta sospechas del valor de hasta los más dedicados trabajos de sus contemporáneos en el mundo del psychedeliameets-pop.

“Panis Et Circenses” es un opener que asemeja un fado hippie. Como una canción popular de The Who que, con cada verso, se acerca más a su misma abstracción. “A Minha Menina” tiene a Jorge Ben en delay y fuzz, dándole a la samba un puente de distorsión hacia sus parecidos en el rock inglés. “O Relógio”, jugando a la balada peligrosa, muestra la capacidad de los intérpretes para hacer música de estructura líquida. Simple, pero tomando la forma de cualquiera de sus envases. “Le premier bonheur du jour” es un cover que ilustra la osadía experimental, la que fácilmente podemos contrastar con lo más “aventado” de sus contemporáneos ingleses. “Tempo no tempo”, un cover adecuado a The Mamas & the Papas, informa de manera más clara las diferentes formas en que se aborda la armonía vocal y sus increíbles resultados.

El álbum encapsula, en relativamente poco tiempo, los atributos más fascinantes de la música de su época. Todo en un pastiche que no empalaga. Todo en un universo donde los elementos genuinamente se halagan.

Hoy, crece un reciente interés por la banda y parece importante prestar atención a su razón de ser; no parece conclusivo atribuirlo únicamente a la accesibilidad y la globalización. Queda claro lo anteriormente mencionado respecto a los logros específicos y contextualizados de la banda. Queda claro también que aceptamos el valor del escarbar digital. Pero, ¿por qué la reunión inesperada? ¿Por qué tantos oídos hoy se prestan con tal facilidad a un sonido que sin duda es más que extravagante?

Se les hace mucha referencia a la supuesta influencia y condecoración por parte de nombres como Cobain, Byrne, Banhart, Beck y los Flaming Lips. Pero más allá de la psicodelia, de valorar el radicalismo, ¿estos artistas realmente son cercanos a lo que suena en Os Mutantes? ¿No será que la gran deuda está con algunos de los sonidos de la alternativa relacionados con el freak-folk? En esos proyectos de indie, de lo-fi, que acomodan lo mundano, la fantasía y esa juguetona experimentación, ¿está la deuda en lo que celebramos en proyectos del canon millennial como Neutral Milk Hotel? Algunos de los momentos más coloridos y extraños en proyectos de actos como The Microphones recuerdan a esa curiosidad infantil, a esa acomodación de lo azucarado y lo raro. El mismo Banhart cae a veces dentro de estas propuestas y nuestra conexión se empieza a formar.

En realidad, es difícil ahondar en la cuestión de la validez de esto. Si existe una deuda, es una meramente simbólica. Os Mutantes quizá no informó directamente a estas expresiones, pero podemos ver el parecido, el atractivo y el sentido que estas buscan. Lo fantasioso, lo ecléctico, lo experimental y bubblegum de los actos de freak-folk más excesivos como Animal Collective parecen ad hoc a todo lo que suena en el grupo brasileño. Hasta se achica la influencia de un British Invasion, que prácticamente permeó en todo el mundo, cuando se tienen características musicales tan específicas y tan permanentes.

Los brasileños quedan hoy, no por su valor en la tropicalia, no por activistas al puro estilo hippie de los setenta, no como vanguardistas inaccesibles y mucho menos como estrellas de rock o sonidos latinoamericanos. Permanecen como conciliadores, como osados experimentadores y niños curiosos. Apreciadores de la música informada pero, sobre todo, jugada. El escapismo de la vanguardia y la canción popular.

Recuerden que pueden ver a Os Mutantes este miercoles 4 de Julio en el Plaza Condesa. Boletos aquí.

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