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Jon Hopkins, prodigio del techno

El arte, en su forma más pura, casi siempre apela a las experiencias y las sensaciones, a la víscera más que al intelecto. Jon Hopkins parece estar consciente de ello y, desde su trinchera, se ha esmerado por disolvernos el cerebro con sus sintetizadores y cajas de ritmo.

No es posible reducir a Hopkins a un músico de techno; este es sólo el medio de su arte y genio. A sus 38 años, cuenta con una nominación al Premio Mercury (por el exquisito Immunity del 2013) y colaboraciones con el titán del ambient Brian Eno y el cantautor de culto King Creosote. El londinense nos mantuvo en ascuas por cinco años, pero recién entregó Singularity, su quinta placa de estudio.

A pesar del tiempo que los separa, Immunity y Singularity se complementan a la perfección, sin tratarse de algo duplicativo. El universo sonoro de Hopkins sigue siendo casi el mismo; sin embargo, su estructuración sugiere que el músico se ha movido a un territorio espiritual. Las excursiones psicodélicas son el eje de la música que en esta ocasión nos concierne. En ellas, la mente se distiende como madeja de estambre, lo cual se reproduce aquí en beats sofocados que luchan por una bocanada de aire para luego disolverse en pasajes ambientales y texturas sintéticas aparentemente esparcidas a capricho, pero que cobran sentido cuando se articulan con los bajos y las secciones rítmicas de 4/4.

Immunity es un álbum tipo MDMA, que posee la melancolía y los matices de la suave distopía que representan las parrandas enormes y aventureras. Este disco es más saludable, algo orientado hacia los sucesos naturales”, comentó Hopkins al diario británico The Guardian.

Singularity tiene, a grandes rasgos (sin ahondar, pues el propio músico lo diseccionó corte por corte en una entrevista para NPR), dos etapas: una visceral y una exploratoria, así como sucede con las drogas psico-activas, un acelere y una estabilización. El genio de Hopkins le permite crear ritmos pulsantes pero también cálidas cascadas sonoras en las cuales empaparse durante el bajón; es decir, el viaje completo está cubierto.

La formación clásica de Hopkins en el piano sale a relucir en varios momentos, como en “Abandon Window” y el melancólico cierre con “Recovery”, piezas que remiten al paisajismo de Sigur Rós, que abruma y conmueve simultáneamente. Mientras que en temas como “Luminous Beings”, presume la influencia de Aphex Twin

Más que un trabajo conceptual, se trata de abstracciones sonoras de las experiencias del artista, sus viajes, bajones, el nuevo orden de las cosas que sucede a cada experiencia psicodélica y aquellas sensaciones a las cuales ninguna palabra embona.

Es difícil admirar la obra de Hopkins a distancia, moviendo arrítmicamente los pies: hay que entrar por inmersión, confiar en él y su experiencia como guía de turistas sonoros.

Texto por: Jésus Serrano

 

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