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Los 7 mejores momentos del álbum Svigaplatan

El tercer álbum de Sigur Rós tiene muchos factores que lo hacen una obra imprescindible en cualquier colección musical. La interpretación personal es el punto de partida para escucharlo de principio a fin, de manera ininterrumpida, como un paréntesis en el tiempo, haciendo más personales los significados. Las canciones sin nombre, el álbum sin nombre, las letras sin significado y cantadas en la glosolalia característica de Jónsi. Un álbum con un tercio de canciones iniciales que tiñen todo de una atmósfera fría y contemplativa. La cuarta canción un poco más optimista y alegre como punto de inflexión para los últimos cuatro temas más oscuros y lentos, apreciándose ese tenor principalmente en la sexta y séptima canciones, terminando de manera colérica y estruendosa con la octava canción, con la cual cierran absolutamente todas sus presentaciones desde el 2001. Este fue el primer álbum a partir del cual Orri Páll se convierte en el baterista oficial hasta la fecha, siendo Untitled 7, también conocida como Dauðalagið, la primera canción que compondría. Se le han asignado nombres alternos a las canciones, que van desde nombres propios hasta locaciones. Durante una charla entre el autor de la nota y los miembros de la banda, Georg Holm mencionó que esperaba no volver a componer algo tan complejo como este álbum. Los tres últimos temas contienen los mejores 30 minutos continuos de toda su carrera.

Untitled 1 a.k.a. Vaka – 4:54

El inicio del paréntesis. Una fría melodía pastoreada por un piano que peca de dulzura, que puede hacer que lo hermoso duela de una manera inexplicablemente bella, con sampleos de voz. La canción es un simple círculo de acordes, que en algunos puntos cambia al estribillo con un acorde diferente. El embelesamiento acumulado a lo largo de casi 4 minutos desemboca en la mejor parte de la canción, con distintas voces cantando cosas indistintas, en una simbiosis musical que enajena al oído y a todas las emociones.

Untitled 2 a.k.a. Fyrsta – 4:36

El clean tone y reverberación de la guitarra de Kjartan son parte esencial de lo que puede crear esta canción hasta que llega a este punto en el que el coro se repite dos veces y la guitarra se difumina en medio de una atmósfera desoladora y que sirve de puente para conectar con la tercera canción, en uno de los outros más tristes en su discografía.

Untitled 3 a.k.a. Samskeyti – 4:49

Esta canción demuestra que el post-rock no necesita de baterías o progresiones rítmicas para lograr in crescendos. Con ayuda de controladores y efectos, un piano permea sutilmente con un arpegio en medio de alternancias de bajos. La introspección y temple que en un principio nos trae, poco a poco se agudiza y culmina en el momento en el que el piano hace octavas más agudas del mismo arpegio, encontrándonos a nosotros mismos muy frágiles ante ello.

Untitled 6 a.k.a. E-bow – 6:38

Durante los dos últimos minutos, la catarsis se apropia de nosotros. Con un muy poco usual sonido de arco electrónico en el bajo (de ahí el nombre alternativo de la canción), los overdrives adquieren más gain, Jónsi deja a un lado el arco y puntea con los dedos, los baquetones son volteados para golpear con la madera en vez del fieltro, las teclas en un arpegio y cadencias que abonan al arrebato emocional que provoca este final.

Untitled 7 a.k.a. Dauðalagið – 7:33

La canción más larga que han escrito. El frío inicio en un compás de lento tempo que marcan las escobillas metálicas. En este punto, Jónsi y su guitarra interpretan un lamento al unísono, en un vaivén de notas. Lo abstrayente de este episodio dura 3 minutos y lo merecido para ello es admirarse, contemplar, escuchar; sólo eso.

Untitled 7 a.k.a. Dauðalagið – 10:35

Se desata la cólera. Las escobillas son sustituidas por las baquetas y, con ello, se acentúa el poderoso final. La canción explota y se termina a sí misma; aniquila, vapulea todas las emociones. El éxtasis es máximo. Las emociones trascendieron.

Untitled 8 a.k.a. Popplagið – 6:06

La segunda mitad de este himno lleva invariablemente a un trance, al grado que puede tocar tanto el área sensible del oyente, como la contemplativa. De nueva cuenta, las escobillas abrieron gran parte de la canción. Jónsi se lamenta al unísono con su guitarra en sólo tres notas. Viene el silencio de la batería; el bajo con overdrive y tocando el power chord E5; Jónsi eleva el tono de su lamento; Kjartan toca tres notas dentro de la escala; Orri reaparece con las baquetas y golpea cada vez más fuerte hasta que se desata el infierno. Dentro de todo este torbellino de emociones y conmoción, el minuto 10:46 pone sentencia a todo, que incluso en las interpretaciones en vivo es invariablemente la cumbre más alta del concierto.

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