Música Nueva: Garantía Lados B

Garantía Lados B: Criminal

En la actualidad, un sinfín de agrupaciones buscan conseguir el aura sonora de decenios pasados, a veces, a costa de obtener un producto desprovisto de emoción, estéril. Sin embargo, pocas pueden llegar a un punto tan congénito y siniestro como Luis Vásquez lo hace; justo ahí donde el revival acartonado tiene prohibido el paso. Tomando el nombre de uno de esos espléndidos cuentos de Italo Calvino, Luis viene generando su propia concepción de oscuridad y distopía envuelta en sintetizadores y ritmos marciales.

Por allá, en el 2010, el debut homónimo de The Soft Moon cosechó los aplausos de la prensa con su fascinante dinámica de impecable minimal wave y el post-punk más gélido. Dos años después, en Zeros -lanzado unas horas antes de Halloween-, la temperatura bajó aun más; el hostil recibimiento en “It Ends” siendo el preámbulo de la opresiva “Machines” para, a su vez, hacer la transición a la angustiosa y frenética “Zeros” es sublime. El toque casero que se percibe en el debut se torna en una atmósfera furiosa y primitiva. Entonces, con dos sólidos lanzamientos bajo el brazo, Luis decide alejarse de California para radicar entre Alemania e Italia, dejándolo todo atrás para dedicarse a indagar en sí mismo, todavía con mayor profundidad que la que lo impulsó a grabar su primer álbum en su departamento. Si costó moldear a Zeros en seis meses, en Deeper el trabajo se duplicó. Un acercamiento torcido al techno o una apropiación del EBM, cada tema aquí parece obedecer a sus propias leyes, donde el halo gótico siempre está detrás, como celoso guardián. A pesar de la incitación -muy marcada- al movimiento en “Far”, “Wrong” o “Feel”, el cierre gradualmente violento en “Being” plasma unos gritos desgarradores que nos hacen pensar hacia dónde quiere ir: I don’t know who I am, (…) I don’t know where I am. 

Un bajo lacerante nos empuja a adentrarnos en “Burn”, con su estridencia y rítmica envolvente, pero mortal. Lo que hace unos años era una murmuración sobre los desolados paisajes sonoros, ahora se ha corporizado por completo en una voz agobiada. A “Choke” la sentimos tan familiar: esa reiteración sofocada parece venir desde finales de los noventa. “Give Something” desacelera el ímpetu aunque incrementa la desdicha. El primer momento de abandono del cuerpo lo da “Like A Father”, con su dinámica inicial de electro-industrial. Le sigue “The Pain”, con ese enfoque de darkwave lúdico y más propenso a sintetizadores dramáticos.

“It Kills” parece seguir la tensión claustrofóbica de los dos primeros temas; quizás aquí se proyecta mejor el desarrollo global artístico de Luis Vasquez con la densidad horrísona que alcanza. El rabioso interludio llamado “ILL” que, en sus mejores momentos, irradia una vibra cercana a Esplendor Geométrico, termina de corromper la atmósfera. Para “Young” la toxicidad ya es elevada, volvemos a la manipulación vocal como elemento destacado de una disonancia cadenciosa. La energía desbocada y exultante de “Born Into This” trata de sacudirnos. El bajo en su éxtasis impertérrito, las percusiones maquinales y el hipnótico sintetizador. “Criminal” apuesta por la melodía de un sencillo pero evocador riff, aderezado por efectos que se encargan de oscurecer las texturas: “It’s the way I’m broken.” Un pequeño festín de concesiones instrumentales enrarecen las líneas tan íntimas: “It’s the way I’ve learned to die, It’s because I’m broken.” Y lo que no se ha podido decir, finalmente se expulsa a través del ruido como una purificación: “Waste me, kill me now… Criminal.” 

Cuando un proyecto es una extensión de la vida del autor, el arte puede abrirse paso entre las entrañas para llegar a la materia blanda. Luis lo ha hecho por casi una década, escalando en la intensidad de la expresión, valiéndose de la paleta gótica y, ahora, de lo visceral del industrial para afianzarse en su ahínco. Por instantes, haciendo un ejercicio de nostalgia en la forma. Así, cada vez puede ir despojándose de las ataduras, optando por mostrar su rostro en las portadas en lugar de su fascinación por el minimalismo y la elegancia de las vanguardias rusas. Abandonando Captured Tracks por Sacred Bones.

Criminal es un álbum que peca de algunos clichés, atragantará a más de uno; sin embargo es el tour de force más completo y ambicioso de él hasta la fecha. Y lo es porque de eso se trata conocer a alguien; con mayor razón, hacerlo con uno mismo para salir del cascarón. No es de sorprender que él nos lo avise de antemano: Luis Vasquez never intended for The Soft Moon to reach the public’s ears; but you found it, were drawn in by its danger, and insisted that others hear. 

 

 

 

 

 

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