Álbumes Listas

Los 10 mejores álbumes nacionales del 2017

No es ninguna novedad afirmar que, debajo de la superficie acaramelada y sintética del pop nacional, late una escena independiente atestada de cautivadores y exuberantes sonidos. Bandas que se desarrollan lustrando sus propuestas de foro en foro, compartiendo el entarimado con sus iguales, fraternizando para robustecer el ímpetu dentro del circuito. Desde la colérica Tijuana hasta la pintoresca Tuxtla Gutiérrez.

Si bien este año ha suscitado una opinión dividida en cuanto a los lanzamientos del panorama internacional, el espinoso itinerario musical, no me cabe duda que lo que se gestó en el país -y fuera de los confines también- ha sido de una llamativa calidad. La dilatada gama sonora de la escena subterránea -que por momentos parece querer escaparse de ese calificativo cada vez más ambiguo- recorre la brutalidad lóbrega, la saturación nostálgica y el candor rítmico. Por ello, clasificar las producciones más allá de caprichos y disgustos personales es una ardua labor que siempre deja proyectos valiosos a la sombra. Por ejemplo, la amarga desesperanza en el black metal de The Depressick, la intensa pulsación en el hercúleo noise rock de Sunset Images, el post-rock místico y dinámico de Vyctoria, el gélido soplo de post-punk que exhala Frío y Vacío, el post-metal sulfúrico que despliega A.P.E. con gravedad y la sorprendente oleada hidrocálida de shoegaze conformada por Car Crash Sisters y Le 1991.

Estos diez álbumes representan lo más memorable del ecosistema independiente mexicano, donde se enarbolan las influencias para crear el soundtrack de la generación venidera. Asimismo, se condimenta este top ten con unas merecidas y brillantes menciones honoríficas, que reafirman la sensación de año redondo en el panorama local.

 

10. Ruina Circular – Espejo Convexo

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Ya habían dado muestras de la rítmica negrura que podían alcanzar, y un bienio de esfuerzo después les ha bastado para dar forma a una sólida producción. En “Color del Cielo” se aprecia el trabajo; un bajo flemático, la guitarra medio ausente congeniando con el sintetizador y, de repente, la sobrecogedora voz de Azul Carazo infundiendo un bello dramatismo. Mucho más abismal resulta “El Miedo”, con su melodía sombría donde la lírica ininteligible asemeja murmullos fantasmagóricos. La concisa “Relación” vuelve a modificar el horizonte, en vista de su intencionado coldwave animoso, en la que se desenvuelve una guitarra más corpórea, punzante. “La Fuga” parece insinuar una síntesis con su fugaz ritmo y altibajos pronunciados. Vuelve al protagonismo la voz de Azul en “Fire”, y todo está acomodado para prestar voz a un texto de la lúcida poetisa Ella Wheeler Wilcox. El tema homónimo es conducido en absoluto por Daniel A-rp, viejo conocido del círculo under electrónico de la capital. Por momentos, el vértigo siniestro del diálogo entre bajo y sintetizador podría encuadrar en sus grabaciones techno, sino es por la aparición de la áspera guitarra. Con Ruina Circular, el dúo refleja la cohesión estética de lo trágico en lo dulce, la esencia del darkwave moderno.

  • Amsterdam 211 – Tajak

    La segunda placa de estudio de este flamígero trío destila un regocijo sensorial esquizoide. Su ritual lisérgico compagina elementos de dimensiones volátiles, enajenamiento sideral, un sahumerio profano para encarar la realidad. El acoplamiento conseguido por los integrantes se transforma en una verborrea telepática imposible de ignorar. Psicodelia pura y dura.

 

9. Minor Shadows – Minor Shadows

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Ganaron reflectores muy pronto, con su forma peculiar de fragmentar los sonidos y probar conexiones donde antes no había. Pareció que se perdían, pero estaba crepitando en el horno su debut, y desde la portada te grita cómo será la dinámica. La abrupta mutación de sustancias recibe al oyente en “Stonenhem”; apenas se han rebasado tres minutos cuando de la superficie inestable ya brotaron beats, distorsión y vocalizaciones guturales. Avisando por el nombre, “The Coming of the Second Mouth” es una pieza de alaridos acompasada por una línea de distintivo EBM con chispazos de percusiones de black metal. Los sintetizadores son manejados con clarividencia, estimulados siempre por un siniestro fin. En “Resina” el tono es más uniforme, los fragmentos cruzados parecen plegarse de forma natural -techno retorcido-. Al ir asimilando su sinuosa irreverencia, dos interludios seguidos de escabrosa velocidad abren el apetito de mayor ruido. No obstante, el drone matizado de crujidos en “New Flesh // pt. II” trastoca la propia coherencia interna de la vorágine del dúo. Con “Sabemos Que Un Piscis Se Come El Cáncer // pt. III” hay un desprendimiento de lo áspero, fabricando una pista relativamente amigable con un ritmo entrecortado de electro-industrial, la vereda más accesible hacia ellos. “Let Tel Aviv” abre con sección de piano y de fondo la voz gutural, al acecho. El sintetizador se acopla tomando las riendas, y viceversa, una pugna inocua que centraliza cada elemento presente. De repente algo se quiebra, “No Puede Ser Sólo Manitoba” retoma vigor y locura. La friccionada “Is We Really?” explora connotaciones precisas de collages digitales. Finalmente, “Drumheller” aglomera cada persistente rasgo a lo largo del disco en cinco minutos. Ajetreo, excentricidad, gritos y confrontación. Esta producción abandera, de manera brillante, el abanico de posibilidades radicales en la electrónica.

 

8. Sigue Al Perro Verde – PSICO C-M3N

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Hay bandas que desde el nombre te ofrecen el indicio de lo que será su música. Esta es una de ellas; mordaz, potente. Como en la pista inicial, donde un shoegaze abrasivo e hipnótico conduce la situación. A pesar del lacerante estribillo “me siento apático y agresivo“, hacia la mitad de la canción la voz femenina se torna quebradiza augurando un desenlace fatídico e inevitable, sí, tal cual la vida misma. Así, ejerce como compendio perfecto de este atípico dúo. Se abre el camino; entonces, “Lodo” -single imaginario- golpea de lleno con su frenesí y los gritos cubren incluso la distorsión: finalmente se revela ese ameno nihilismo que sobrevuela el álbum. “Vamos a acabarlo todo”. Unos minutos de dispersión le dan pasillo a la demoledora “Dólares sangrantes”, con su carga magnética y su crítica tajante que la vuelven vigente a la situación actual. Después de mucho delirio, hemos alcanzado al “Perro Verde”, radiante de noise pop vagabundo. “Mi consciencia se ha ido“. Sin una brújula, el camino se bifurca; parajes colmados de melancolía suceden a otros que rozan lo cadencioso, siempre cobijados por pedales juguetones. Tras el largo recorrido, llega una balada -cantada a dúo- solipsista, exánime, apoyada por una solitaria guitarra acústica. “Y yo me alejo más y más, más y más“. Ruido blanco, todo cayó.

  • Eres Tan Guapo – Heterofobia

    Confrontando la normalidad -o lo que algunos creen que es- con su (post-)punk crudo, de letras altamente subversivas, saluda el cuarteto regio para sacar a la luz su primera grabación. Nueve canciones que caben en dieciocho minutos donde la sombra gótica mama del barullo del hardcore, ofrendando un grito histérico que, si le ponemos atención, advierte que nos estamos pudriendo.

 

7. MAW LP – Maw

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Justo tres años, el tres de noviembre, habían transcurrido desde la publicación de su sorprendente EP, cuando, sin hacer alboroto previo, emerge de la espuma su larga duración con guiños visuales -y musicales- palpables a MBV y a la escena shoegazer nipona, quienes también conjugan su amor por el reverb y los felinos domésticos. “Sinestesia” inaugura una sensibilidad inexplorada en el grupo, formada por una densa pared sónica que arropa al oyente, dirigiéndolo por olas ensordecedoras en las que es posible escuchar el violeta. “(…) tanto ruido en mi ser“. La segunda pista mantiene la esencia y, al mismo tiempo, prueba con tonalidades más tersas, cercanas al dream pop. “Zafiro de mar” va de menos a más, desatando un maelstrom hambriento que captura los oídos en los minutos finales. Le sigue “Kurt”, una pieza concebida para regodearse en la viscosidad del sonido. Con “Ave María” manifiestan un compromiso con la estridencia, con el desmadre estimulante de la espontaneidad. En “Gallina” se percibe un aire rústico, cándido, acunando al oyente en la elaborada melodía. Mientras que, en “Luces”, el lánguido motorik toma la batuta -“ahora estoy aquí y no quiero regresar“- para templar todavía más el entorno. Empero, aún no ha llegado el final, el tiempo da lugar a otra más y no se van por las nubes; deciden partir cediendo la voz a los instrumentos. “Nos vamos a morir” es una declaración unánime, rígida. El conjunto chihuahuense firma un álbum que podría equipararse a una cascada, por su ininterrumpido flujo de texturas inundando los sentidos.

 

6. Homesick – Sadfields

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Ellos mismos definen su propuesta como “una senda por la que atraviesa el tempestuoso ruido”, una vía de acceso -o salida-, en otras palabras. Así se siente desde la primer embestida a las cuerdas en la vaporosa “Missing”, preámbulo ideal.  Un arpegio se empieza a elevar y el acentuado bajo marca la línea; entonces el estallido sonoro ahoga la atmósfera. “Whenever” es su forma de presentarse formalmente, haciendo uso de lo que se apreciará como su sonido característico: letras emocionales e íntimas, guitarra atiborrada de efectos, un recio bajo y una batería rabiosa. Verdadera angustia adolescente. “Falling Apart” se asoma, la canción con la que este trío del sur de la capital se dio a conocer. En ella, pintan un marco tenso y grisáceo, que rapta la audición. Orilla al oyente a tratar de fundirse con el estruendo atemporal. Una vez que se ha absorbido ese sentimiento de desazón, “I Don’t Know Why” juega a ser una canción grácil, propia de alguna banda de culto británica de finales de siglo. Sin embargo, por la mitad, los gritos del estribillo rompen la ilusión de tajo, su dinámica de ruido y armonía impregnan cada detalle. “Out of Hand” es el vivo ejemplo de esa manera de enfrentar al silencio. El punto final del disco es construido por la extensa y ascendente “I’m Tired (Space Echo)”, describiendo un hastío visceral. En resumen, Sadfields nos obsequia media hora del mejor bálsamo para liberar el malestar.

  • Viva México – The Polar Dream

    Tomando con sabiduría su lugar como viejos conocidos de la escena, con trece años de crecimiento condensados en periplos europeos, una búsqueda incesante de nuevas sonoridades y un enardecido apego a sus raíces es que se lanzan a concretar su álbum más colorido, producto de la nostalgia -nacida en sus tours- que invade a todo mexicano al ausentarse. Festivo pero introspectivo. Al mismo tiempo, este paseo onírico por el país es una declaración de pertenencia, de reafirmación de nuestra identidad. El quinteto tapatío, sin proponérselo, consuma la visión de Eisenstein casi un siglo después.

 

5. Sorrow Tomorrow – Has A Shadow

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De todos los grupos mencionados, ellos habían guardado el silencio más prolongado de estudio. En enero finalmente lanzan su sophomore, el cual llevaba en sus espaldas, aun antes de nacer, el peso de satisfacer las expectativas tras su increíble debut. “Sorrow” estrena un patrón de órgano pérfido, envuelto en la misma pauta psicodélica, si bien más enrarecida que antes. Lo que ellos prefieren llamar darkgaze son desfogues bestiales y sórdidos, la voz siendo un instrumento más. En “Lord of the Flies” prima la reiteración -un aire gótico-, desarrollándola hasta las últimas consecuencias. Con la enigmática “The Flesh” se repara en el severo compás, seguido por cada elemento; la estentórea comunión. La voluble “Attack of the Junkie” es una invitación al descontrol, repleta de una vibra incitante. Pero también en la oscuridad es posible sacudir el esqueleto, “Cul de Sac” aglutina sintetizador y órgano para plantearnos una especie de psych wave. “Vampire Kiss” ondula una desdicha; queda la impresión de poder sonorizar el cuadro “Love and Pain” de Munch. Bajan los decibeles: “Horror Will Grow” es un tema sencillo donde el órgano reanuda su contagioso dominio, tal vez el hit ochentero que nunca lo fue y que hubiera encabezado las listas. “Not Even Human” incendia el ambiente con su garage ácido, frenético. Y estamos frente a la canción que baja el telón; “World Sensation” debe edificarse mediante el crescendo teatral, la yuxtaposición del órgano fantasmal y los platillos retumbando. Por álbumes de este calibre, desbordantes de personalidad, vale la pena aguardar un par de años, o más.

4. En Vida – Wohl

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En Guadalajara, cuando se sabe de algo fulgurante, por más subrepticio que quiera mantenerse el asunto, la información viaja en el aire a una pasmosa velocidad. De cierta manera, a pesar de algunas edificaciones inmensas y un sempiterno estado de apatía propio de las megalópolis, la ciudad continúa siendo un gran pueblo donde el peso de las costumbres prima, donde el cotilleo es la mejor publicidad. Limitándonos al terreno musical, Wohl fue cargándose con entusiastas al paso de sus presentaciones. Muchos habían oído hablar de ellos, podías reconocerlos por su nombre en alemán, pero quizás no se fijarían en la memoria hasta el preciso instante en que reproducían su música en vivo, frente a ti, expulsándolo todo a través de los instrumentos. Justo así florece “Cuando todo comenzó”, en su entrañable inicio al que, después, la batería hiperactiva y las guitarras extasiadas dan forma. Habiendo alcanzado el punto de ebullición, alteran el ritmo antes de acabarla para provocar el primer momento épico del álbum. “Komorebi” se filtra a través de las hojas, luminosa, recordando un poco a los primeros toe. Para “Luciérnagas”, el cuarteto ofrece el goce de ser testigos de cómo conducir una melodía desde su nacimiento. “Dreams” es una las composiciones añejas, lanzada durante el primer año de vida del grupo. Se escucha cómo sienten insuflarle savia onírica, estimulando al oyente a soñar. La melancolía encuentra un hueco en “Es mejor no estar aquí”, dando inicio a la pronunciada recta final emocional. “6” lo tiñe por completo -es de otra dimensión la ejecución en el prolegómeno etéreo y trascendental- de colores claros. El colofón, en la cabalística séptima pieza, encarna la diáfana magia que irradia su música. Wohl exalta a la vida en sus rasgos más minúsculos, ahí donde los pequeños detalles cimientan lo que algunos llaman felicidad.

  • Todo el ruido entre nosotros – De Osos

    Si algo desprende el post-rock milimétrico y confeccionado con detalles electrónicos de esta one-man band, es una singularidad notable. Arturo Luna recrea aquí la compleja sinergia entre tecnología y naturaleza astral. La producción impecable hace posible remitirnos al feeling de los ingleses Maybeshewill o 65daysofstatic, aunque diferenciándose por un tratamiento más higiénico en las capas de sonido. No nos sorprenda si, en unos años, el modelo de su fragor pueda explotar otra vía de concebir lo instrumental en el país.

 

3. D’arcy – No Somos Marineros

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Si cuando no tenían material grabado ya movilizaban decenas de personas a sus shows, con Lomas Verdes bajo el brazo noquearon a muchos, dieron un golpe definitivo sobre la mesa. Se sabía que este año sacarían su segundo material, y es después de julio que lo divulgan, bajo la atenta mirada de gran parte del circuito sobre ellos. “Los bajos fondos.” viene a indicarnos una sutileza melódica, disparada por el sigiloso bajeo. Hay que dejarlos ir por el oleaje instintivo de las texturas minimalistas -ya era hora-. En cuanto suena “Je suis un basur.”, sube el ánimo, un poco, al menos, gracias a esa batería resuelta y las guitarras bañadas de efectos tan familiares. Sigue así en “Andamio vía.”, aunque jugando en un papel principal las mismas guitarras de esencia noventera. Para “Cutlass (’96).”, vuelve a suavizarse el ambiente: la afligida armonía sume a cualquiera en remembranzas involuntarias, dolorosas. Aquí podemos apreciar en su máximo esplendor las letras abatidas que marcan a D’arcy. El tema homónimo dilata esa sensación melancólica, con una primera mitad y un cierre rayando en slowcore, pero catapultada a la catarsis en su clímax saturado. Tras los zambombazos recibidos, “Googoolows (gugulous).” quiere recuperar el aliento, extraernos del sopor para que levantemos el rostro. “Gemelos cóctel.” nos tiende la mano, facilitando la tarea de alentar con frases cortas: “lo que no desaparece sirve para mendigar“. Con un riff repetitivo, “Billy.” engaña de inicio, pero gradualmente detona con los primeros y anhelados gritos en el álbum. Lo que más de uno estaba esperando: a “Eurosport.” nada la detiene; exultante e ignífera en su minuto de arrebato, después se ciñe a encaminar la energía restante para apagarse de a poco. Con este nuevo material, la agrupación capitalina lo vuelve a hacer a lo grande, evidenciando que la transición a veces cae mejor.

  • Gravity Works – Vinnum Sabbathi

    Liberado al espacio tras la resaca de año nuevo, el ansiado debut de la banda fue la primera alegría en el circuito. Más que un álbum, podría describirse como una travesía fantástica, acrecentada por los atinadísimos samples orbitando la resonancia catastrófica del doom. Es complicado eludir el pavor cósmico que impacta el casco, cuando se experimenta la insoportable ligereza, el vacío. Damas y caballeros, estamos flotando en la pesadez.

 

2. Presentimiento – mondragón

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Respaldado por media docena de entregas lacónicas y presentaciones cinemáticas, mondragón se ubicó, en menos de un lustro, como uno de los proyectos con mayor futuro en el panorama electrónico. En dichos trabajos se puede marcar un trayecto evolutivo admirable: desde el embrión de productos sonoros aislados, hasta la consecución de un álbum descomunal. Esbozado, primero en la mente de Edgar Mondragón y, después, concretado como grupo a lo largo de meses. Al cruzar el umbral, “Cenit” no se guarda nada. Percusiones entrelazadas de una batería convencional y un drum pad, imponiendo la norma de movimiento, mientras un tenue resplandor ambiental suena al fondo. De repente, un bajeo recalcitrante se alza para engrosar el sonido durante el apogeo. Resulta clara la finalidad de adjudicarle el peso de single con toda su potencia seductora. “Austral” se presenta menos grandilocuente con un sintetizador ambiguo, que da pie a un paulatino incremento de intensidad. La voz de Norbert Duke -fundador de Forecast in Rome, proyecto hermanado- lustra los minutos finales. Esta canción fue originalmente incluida en “Interlude”, su sexto EP publicado en 2015. Otra canción rescatada de sus trabajos anteriores es “Agosto” -otrora “Agosto I”-, donde la guitarra logra una suntuosidad fugaz. El cuarteto manifiesta, así, su faceta más apegada al post-rock. También “Castricum” proviene de “Interlude”desparramando altas dosis de groove atmosférico durante seis minutos. Algo se ha desatado, puede intuirse. “Repite” aprovecha ese camino adoquinado para materializar la tónica dance. Podría reiterarse cien veces y seguiríamos oscilando en la pista. En “Imprevisto” parece imposible quebrar el tiempo, con su bien fabricada textura vívida que se empalma a “Muran” a la perfección -sensación de continuidad propia de un DJ set-. “Éfeso” se encarga de evocar, con éxito, la época dorada y clásica de Warp Records. El broche de oro lo da la pieza homónima con su bella abstracción y complejidad. Al ser minuciosamente construida, requiere los catorce minutos finales para desarrollar su entramado rico en matices, que ejemplifican la quintaesencia del mejor álbum debut del año en la escena.

 

1. Tips para ir de viaje – Vaya Futuro

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Pocas cosas caracterizan tanto a la banda tijuanense como las variables: modificar su nombre, su ritmo de vida, su ciudad, su manera de abordar melodías, su formación original; andar por toda la república, conocer el extranjero… Parece apropiado asemejarlos a unos camaleones que mudan su piel cuando las circunstancias lo requieren, cuando se han sentido suficientemente cómodos en ella y reflejan el entorno. “Hay otras formas de llegar“. A mediados de año difunden el primer sencillo -y vídeo-, el tema homónimo, que da muchas pistas de los derroteros que la banda seguiría en el álbum. “Nunca sabes qué viene“. Despreocupados, con un halo de psychedelic pop que incluso pende en el trabajo audiovisual, sintetizador dulcísono, cada elemento apreciado con claridad. “Adáptate a lo que ves, no a lo que quieres“. La maduración -rápida- ha dado pie a un discernimiento patente que las letras exteriorizan y el satinado sonido avala. “No permitas que te cieguen de toda esta belleza“. 

Nunca supo el motivo de viajar“. Le sigue el segundo sencillo, “Sueco en África” cuyo carisma se apodera de todo. Alucinante, hermosa y trágica -un tanto más enigmática en el vídeo-, con unas bien trabajadas guitarras de tintes vintage y coros pegadizos que recuerdan aires clásicos. “Despacio” se compone de una guitarra acústica y la melosa voz de Luis Aguilar sosegando la marcha, mientras hacia el final se van añadiendo teclados y hasta un theremin: un claro mensaje para bajar las revoluciones. En “Abismo” siguen esa línea de pop fastuoso y placentero, abrillantado todavía más por la producción. Pero entonces suena “Las Muertas”, inquietante, y la voz alzándose en un tono desgarrador, emotivo, que denuncia las iniquidades humanas, la violencia de género. Y, por momentos, nos remite a pensar en una crónica descarnada -en forma de canción- de Lemebel. Unidas por la estática y las temáticas adyacentes, “Desierto” relata la condición que muchos atraviesan, la determinación de cruzar la frontera para prosperar. “Por poco no llegabasFolclórica, mexicana hasta el tuétano en fondo y forma, salpicada de una indecible pena. “Ya llegué“.

El interludio meteórico, “Mr. Mapooch”, prorrumpe con un vigor lisérgico, triunfante, para recordarnos con voces infantiles que no todo es desdicha. A su vez, da pie para la cargadísima de fuzz “Sol en la frente”, repoblando los decibeles a puro tesón y con algún seductor devaneo de trip-hop. En “Cuando tu eco se apague”, impera la parsimonia del teclado y la guitarra acústica, coronada por dos arrebatos de los instrumentos que rubrican la mutabilidad del álbum, lo impredecible de una odisea. “Si lo que hago es importante, para mí eso es suficiente”. Vamos en la recta final, se puede respirar, y “Canción de Lado C” denota la placidez de la tarde, una melodía campechana que avanza sin prisa. “No importa nada más”. Para la meditabunda “Autostop a Tlaxcala” no hay sorpresas; composiciones amigables de arreglos pulcros y contagiosos coros. “Cuando mañana no estemos aquí”. Una base etérea repitiéndose -justo como un loop hipnótico y melifluo- materializa a la bellísima “+&+”, que canaliza la fragilidad acumulada, el fondo ideal para la lírica incorpórea. “En mis sueños veo el cielo”. Al instante en que se extinguen las palabras, inicia una sección dominada por el serrucho musical y el teclado, brindando una sensación espectral y embriagadora.

“Es momento de partir”. El quinteto deja lo mejor al final, en su pista más larga. Con “6 AM” parece cobrar vida la portada noctívaga de una postal urbana en silencio, casi retraída. Nos suena familiar, anestésica. Entonces los coros se encumbran victoriosos y oportunos. “Ha llegado la hora de irse de aquí”.  Al minuto cinco los efectos han anegado la atmósfera, los instrumentos, al unísono, deliran en su soliloquio para despedirse. Vaya Futuro entrega su trabajo más ecléctico y elaborado, plagado de arreglos primorosos y concesiones instrumentales: melodías amigables pero con sustancia, que permite rastrear su carácter pretérito. Ellos han concebido su tercera producción como una aventura que los identifica, un riesgo al que se enfrentan todos los músicos. Si se necesitara una palabra para definirlos, esta sería resiliencia, y parece que Tips para ir de viaje es un monumento a la misma.

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