Columnas Vacas Sagradas

Vacas Sagradas: Fever To Tell 

El revival de los dos mil, o esa coyuntura entre los noventa y el siglo veintiuno, sintetizó las empresas musicales inconclusas de casi tres décadas que le antecedieron; no aparece para concluir las ambiciones originales, pues en la industria esas ambiciones se elevan a metáforas no aterrizables, sino revitalizadoras de los paradigmas con las herramientas y los acontecimientos que ofrece el nuevo milenio. Es así como This Is It (2001) -tal y como su título lo sugiere- se presenta como la quintaesencia del indie rock. Asimismo, incentiva al surgimiento de diversas propuestas, entre ellas Bloc Party, Interpol, The White Stripes, LCD Soundsystem, The Yeah Yeah Yeahs y muchas más. Un año después, Turn On The Bright Lights (2002), con un sonido sombrío, desolador y gélido, aparecería en respuesta a un desgano vital de la sociedad estadounidense, dando pauta al surgimiento del post-punk revival. Y hacia el 2003, Fever To Tell,  a través de un artsy garage-punk, cargaría de aliento, nuevamente, a la escena independiente.

Estos tres álbumes presentan notables convergencias: son productos neoyorquinos, debuts y quizá el mejor álbum de cada banda, pero, por encima de todas estas, son  conformaciones discursivas que representan a toda una generación juvenil en distintas facetas: The Strokes apelaban a una perspectiva desfachatada y políticamente incorrecta, Interpol a la decadencia emocional y The Yeah yeah yeahs, infectados por tanto que decir, a una euforia exaltada por el erótico ímpetu juvenil.

Karen Orzolek, Nick Zinner y Brian Chase, antes de su carta de presentación definitiva, publicaron dos EP: un homónimo en 2001 (conocido también como Master debido a la placa de metal que cuelga del cuello de K. O. en la portada de este) y Machine (2002), los cuales vislumbraron su concepto y talento ante sus contemporáneos y primeras audiencias por medio de canciones como “Art Star” y “Machine”, compuestas a base de percusiones prominentes, riffs excesivos y un trabajo vocal obsceno por parte de Orzolek en una producción lo-fi.

Los live acts enérgicos proyectaron una fase importante para la apreciación musical del trío neoyorquino, pues si bien es cierto que sin la extravagancia – incorporada por los diseños de Christian Joy– y sugestividad, añadidas a una actuación de proporciones teatrales en el escenario de la norcoreana-polaca Karen O -producto de la hibridación entre Siouxsie, Patti Smith, Cherrie Currie, David Bowie y Lou Reed– la disciplinada ejecución de Zinner con las guitarras y la introversión de Brian Chase al retumbar entusiasmadamente la batería, las composiciones de la banda tenderían a ser insípidas y monótonas, como el punk sin el situacionismo de los setenta.

Con un potente preámbulo, el 29 de abril del 2003 es publicado mundialmente Fever To Tell bajo Interscope Records y con la producción de David Andrew Sitek. Es el trabajo que consagraría la identidad de la agrupación ante el mudable paradigma indie del primer lustro de los dosmil.

Fever To Tell puede ser descrito igual que el concepto visual diseñado por Cody Critcheloe para este disco: un producto rústico compuesto por elementos subversivos contrapuestos de forma saturada, al igual que un collage dadaísta pero sin el azar de por medio, reflejando la urbanidad subterránea de Nueva York. El ornamento perfecto para el ambiente de un gig under. 

Tanto en el sonido como en lo visual, escatima en lapsos de tiempo y espacios prolongados para transmitir el impacto. Tan sólo poco más de media hora de duración, distribuidos en doce tracks y una portada bastan para expresar lo más grotesco y agresivo. Otro de los aspectos en los que el álbum economiza es en instrumentos: guitarra, batería y voz comprueban óptimamente que se puede prescindir del bajo. Por lo tanto, el sonido del material se basa en estridencias, hechas a discreción tanto por la guitarra de Zinner, la voz chillante de Karen y los platillos de Chase, como por algunas notas de teclado que aparecen ocasionalmente. Estas agudezas viajan a través de estructuras, en su mayoría impredecibles. En conjunto, dichos parámetros definen a un garage punk como debe ser.

“Rich”, con una secuencia de cuerdas sintetizadas y una batería que se adhiere progresivamente para dar paso al “I’m Rich, like a hot noise…” en una voz orgásmica de Karen O posiblemente es una de las aperturas más vigorosas en un álbum y revela el carácter sexual y el desenfreno que invaden cada rincón del material. Fever To Tell no es decoroso, no deja lugar para asimilar el sonido, pues tan rápido como finaliza “Rich”, inserta “Date With The Night”, a modo de una energía fugaz y fulminante inesperada y un riff introductorio que, al sonar al vacío, advierte la devastación. A esto, le sigue “Man”, track que logra aterrizar la intensidad por un par de minutos, siendo la canción con el mayor número de texturas, incorporando el sonido de un órgano hacia el final.

“Tick” y “Pin” son dos explosivos que destellan un diluvio de guitarrazos y baquetazos acompañados de un coro pegajoso y repetitivo. Entre ellas, aparece “Black Tongue” como un frenesí de alegorías sexuales exclamadas por la voz lasciva de Karen, tal y como sólo Peaches lo hacía para aquellos años, acompañada por la batería retumbante de Brian Chase en tintes pop.

La intensidad desciende para “Cold Night”, pero la fuerza se mantiene y las composiciones se complejizan, al añadir estructuras con una ejecución notablemente calculada en los cambios rítmicos de “No no no” que, con un epílogo en el que se distorsionan las notas de la guitarra y se disminuye la velocidad de la instrumentación gradualmente, inserta al riff y a las baterías – hoy memorables – de  “MAPS” (escrito con mayúsculas, pues son siglas de: My Andrew Please Stay) o, tal y como Karen O la introduce en los conciertos, justo antes de una lista de dedicatorias (“I like to dedicate this song to…“), “The YYY’s Love song“. Canción escrita tras la ruptura de Orzolek con Angus Andrew, frontman de Liars, y que, gracias a al coro “Wait, they don’t love you like i love you“, se ha elevado a un himno definitivo del amor en el indie rock.

El cierre de “MAPS” abre camino a “Y-Control”; una declaración sobre la madurez y la independencia construida en similitud a “Rich” pero con luminosidad añadida. Finalmente, “Modern Romance”, una balada de desamor y, en contraste, un minuto después, el hidden track “Poor Song” (canción que, hasta la publicación del Live at The Filmore, era conocida como “Porcelain”), con “Baby I’m afraid of a lot of things but ain’t scared of lovin’ you“, clausuran Fever To Tell cálidamente.

El debut de The YYY’s a través de los años se ha consolidado como un pilar de la escena independiente estadounidense y, en consecuencia, como un urgente grito catártico para una juventud acomplejada, con mucho que decir ante la distopía de inicios del siglo XXI. A pesar de que han disminuido el carácter desenfrenado y han modificado  significativamente el estilo original en su búsqueda de la madurez sonora, a casi quince años del lanzamiento, Fever To Tell continúa vigente y con una gira conmemorativa en proceso. Se confirma que “The NYC cool kids belong together”

 

 

0 comments on “Vacas Sagradas: Fever To Tell 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s