Bootleg Reseñas

Dos noches intensas en Mutek 2017

La calidad ofrecida por Mutek es algo que debe aplaudirse, y es sin duda uno de los factores que atraen más público con cada edición. Un deleite tanto para expertos como para quienes desean conocer propuestas con las que no se podría tener contacto si no fueran incluidas en el cártel de festivales como el Mutek.

Una particularidad este año fue la locación. Cada vez crece el número de propuestas que inducen al público capitalino a salir de los confines de la ciudad y esto fue un factor interesante para esta edición. Llegar a Fábrica fue más fácil de lo que se pensó, aunque la distancia provocaba la sensación de encontrarse muy  lejos.

Al ser un festival multidisciplinario, era de esperarse que además de ofrecer experiencias en forma de conciertos se encontraran exhibidos los trabajos de algunos estudios y artistas mexicanos como La Cité,  Intus o Paolo Montiel, quienes se apoyan en métodos similares para crear su obra, logrando una experiencia totalmente inmersiva dentro del festival y utilizando el deteriorado encanto del exterior como un elemento extra. La parte visual es una de las más importantes en la selección de proyectos para este festival, por lo que no sorprende el elevado nivel de exigencia hacia su producción, excediendo por mucho las expectativas impuestas en un nombre tan emblemático como Mutek.

Dentro de Fábrica, la coordinación y cercanía entre escenarios daba la oportunidad de presenciar casi todos los shows. Aún así, era una tarea difícil estar al tanto de lo que ocurría en todos los escenarios cuando el lugar se llenaba de gente y en algún momento se perdía el interés por interrumpir el show que se está viendo para explorar lo que otros proyectos ofrecían.

Nocturno 1: Noviembre 24

Lucas Paris: Al momento en que el Canadiense tomó el escenario, el público aún no era numeroso. El despliegue audiovisual no dejaba de ser contundente. Servía para empezar lo que se viviría durante toda la velada: una selección de proyectos cuyos shows no sólo se desenvolvían en la experimentación sonora sino en la presentación visual con la que cada quien jugaba a su manera.

 Chloé: La dura tarea de empezar la jornada sobre un escenario que será pisado por otros artistas es la de tener un público menos numeroso y ser el chivo expiatorio para probar que todo funcione correctamente. Sin hacer un despliegue de calidad monumental tanto sonora como visualmente, el show de la francesa pasó casi desapercibido por un público que empezaba a llenar el lugar y que se interesaba por empezar la fiesta en lugar de atender lo que ocurría sobre el escenario.

Emptyset: Los visuales distorsionados correspondían a los sonidos perpetrados por los ingleses, unos de los primeros en tener un gran número de seguidores entre el público -o al menos eso fue lo que la atención prestada dejó entrever-. La contundencia de su sonido difícilmente quedaba opacada por elementos exteriores.

Kelly Lee Owens: El show de Owens fue una de las sorpresas de la noche. Cumpliendo con la calidad mostrada hasta ahora, Owens prescindió del típico show de girar perillas y pulsar botones, controlando muchos de sus instrumentos ella misma. La británica se presentó dinámica en los momentos donde el techno explotaba, una actitud que compensaba con creces la falta de visuales -innecesarios, cuando toda la atención era reclamada por Owens y la palpable manipulación de los efectos sobre los que su voz se deslizaba-.

No Light & /*pac: Una presentación en conjunto de dos proyectos mexicanos que consiguió dar un espectáculo dinámico y a veces confuso, explotando al máximo cada elemento posible tanto en la parte sonora como en la visual y escénica. La única pretensión exhibida fue la de mostrar una calidad inaudita en cada aspecto del show, logrando cautivar a un público que empezaba a mostrarse desencantado por las presentaciones debido a la repetición de elementos en muchas de estas.

Leafar Legov: Lamentablemente, el show de Legov no logró elevar los ánimos del público, llegando a ser opacado por la voraz necesidad de mucha gente de platicar durante cualquier concierto.

Elektro Guzzi: La típica banda de rock resultaría un rompimiento gigantesco con los proyectos presentados en Mutek. Pero siendo la experimentación el motor del festival, era de imaginarse que, a pesar de usar instrumentos tradicionales (guitarra, bajo, batería), los Vieneses no quedarían tan desapegados de los proyectos presentados hasta ahora. Y sorpresivamente, fueron quienes dieron el show más destacado de la noche, produciendo un techno manchado con tintes de post-punk que sólo logró prender a un público que empezaba a mostrarse impaciente por los “platos fuertes” del festival.

Nina Kraviz: La presencia de Kraviz fue esencial para esta noche; la mayoría de los nombres no resonaban de la misma manera en el público, y era un hecho que estar ahí y no ver a Nina resultaría en un error gigantesco. Las bajas temperaturas descendieron aún más pero dentro de Fábrica no había otra alternativa que bailar, y no hay mejor forma de hacerlo que teniendo un extenso show por parte de Kraviz.

Nocturno 2: Noviembre 25

Transgresorcorruptor: El proyecto “experimental” de Yamil Rezc tiene una propuesta bastante cuidada tanto en sonido como en visuales, y la respuesta de los pocos asistentes al ambient y noise de la banda fué óptima para calentar motores. Se trató de uno de los pocos proyectos que no limitaron sus alcances en los instrumentos ejecutados, turnándose entre tornamesas, computadoras y batería.

Egroj: La propuesta de Jorge Ávila y Jorge Schez se inclinaba por matices más oscuros e introspectivos. Sin embargo, fueron los visuales los que clamaban la atención del público.

artificiel: Mientras todos los proyectos presentados usaban los visuales como un ente sincronizado pero al mismo tiempo ajeno a la ejecución de su maquinaria, el caso de los canadienses destacó por usar este recurso para evidenciar sus métodos, en los que el orden y el caos convergen de forma impecable. Distintos objetos cotidianos –tornillería, fotografías, un violín, una melódica- eran utilizados de cuantas formas fueran posibles sobre una superficie que, a su vez, era grabada por una cámara, grabación que era manipulada y transmitida en las pantallas, repitiéndose y sampleandose una y otra vez para formar una composición audiovisual incomparable con lo presentado en todo el festival. La complejidad presentada y la facilidad con la que los canadienses se adueñaban de ella fueron factores imprescindibles para hacer de esta presentación una de las más destacadas de todo el festival.

Telefon Tel Aviv: Desde el momento en que artificiel abandonó el escenario de la Sala A, eran evidentes las ansias de gran parte del público por ver a Telefon Tel Aviv. El proyecto comandado por Joshua Eistis logró deleitar a su audiencia gracias a un respeto visible también por parte de Eistis, quien se encontraba tan comprometido con otorgar calidad durante su show que gritaba a la gente de audio que subieran el volumen. La atmósfera oscura que caracteriza a Telefon Tel Aviv se hizo presente con una fuerza enorme gracias a los visuales que a veces rayaban en lo monocromático sin tornarse aburridos.

The Sight Below: Aunque mostró una calidad en cada aspecto, las marcadas influencias de ruido y shoegaze no fueron suficientes para hacer que la gente se mostrara interesada en esta presentación. Fue una posición incómoda también por ser la antesala de los shows más esperados de la noche, ya que las capas de sonido conducían a una melancolía que rompía con el madrazo que venía en el “escenario principal”.

Thomas Fehlmann: Una persona con un catálogo tan impresionante es garantía de un show obligado y, sin utilizar una gran producción, Fehlmann cumplió el cometido de hacer bailar al público sin la necesidad de captar su atención por completo.

Squarepusher: El show de Thomas Jenkinson estaba tachado entre la multitud como imperdible, y sin duda excedió las expectativas de muchos. Uno tras otro, los beats descendían estrepitosamente y sin piedad sobre los oídos de todos los presentes, mientras las pantallas resplandecían con violencia a la par que el público intentaba moverse a un ritmo en cambio constante, logrando ser víctimas del frenesí que se esperaba de una figura tan representativa del drum’n’bass.

Dark Sky: Habría resultado criminal que la velada terminara con Squarepusher, por lo que fue bastante atinado finalizar esta segunda noche con Dark Sky. No necesariamente resultó ser un bajón de ánimo, pero ayudó a minimizar los estragos causados por el show anterior sin apagar al público, manteniéndonos en movimiento sin necesidad de sobreexplotar los recursos mostrados durante el festival.


Mutek no hace más que reafirmar su compromiso tanto con el público como con los proyectos que presenta cada año, y esta edición sólo genera expectativa para lo que vendrá en 2018.

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