Soundtracks caseros: Moon

Verne le dio verosimilitud al primitivo deseo de conocerla, los antiguos astrónomos se dedicaron a despejarla de las entelequias enraizadas, pero Méliès es el que le abre la puerta del séptimo arte, al género en sí mismo, integrándola a la órbita del celuloide. Hasta entonces, las alucinantes historias estimulaban la imaginación, asombraban ante el abanico de posibilidades que la tecnología ofrecía a la especie y nada frenaba la persistente labor de la mente del lector. Por eso Le Voyage dans la Lune es el motor de la fantasía del siglo XX, concretando lo fastuoso y lo increíble, para regalar la imborrable postal de una nave incrustándose de lleno en el rostro lunar.

Sin embargo, tres siglos atrás, el humano ya había oteado el yermo paisaje del satélite, sin necesidad de motores enormes o trajes fastidiosos. Gracias a la magia. Al menos así lo esbozó Kepler en un relato breve, todavía omitido de los anales de la historia, considerado como el trabajo seminal del género. Escrito en latín, repleto de notas técnicas, pero conservando la esencia del canon: rigor, ilusión y propósito. Somnium es pedagógico y entretenido, a pesar del peso científico impuesto.

Duncan Zowie Jones jamás se sintió identificado con lo estrambótico, con la fama; prueba de ello es que, en la universidad -donde se licenció en filosofía-, prefería ser llamado Duncan Jones. Había quedado en el olvido su segundo nombre, Zowie, el de la infancia nómada; por algo su padre, en unas líneas, resume el que sería el tinte de su temprana vida: “Will you stay in our lovers’ story? If you stay you won’t be sorry (…) So take a chance, with a couple of kooks“. Su gusto por la ciencia ficción es, a todas luces, un proceso calculado por su progenitor -basta indicar que, durante sus primeros meses de vida, se gestó Ziggy Stardust-: esas noches leyendo y absorbiendo las tomas e ideas de las películas clásicas le marcaron. Vaya, la creatividad le corre por las venas.

Situada en un porvenir hiperbólico, la mayoría de la energía del planeta depende, en exclusiva, de la reserva abundante de helio-3 del suelo lunar. La maniobra de recolección y envío es ejecutada por un solo obrero en una estación aislada, cuyo contrato está cerca de expirar, para volver a casa después de tres años. Inundado de recuerdos, su mente comienza a delirar con apariciones que lo llevan a desasirse de la realidad. Entonces, la turbia incógnita se advierte. La atmósfera angustiosa del encierro contrastando con la inmensidad del espacio es el marco de la lucha interna del protagonista.

La proeza de la actuación de Sam Rockwell es digna de mención, llevándonos del estupor a la desdicha, en una cinta en la que todo el peso dramático recae en él. Los homenajes tangibles -y, hasta cierto punto, instintivos- a las vacas sagradas de los setenta y ochenta, nos regalan ese toque romántico para los amantes del género. Pese a beber de influencias, Moon alcanza una vitalidad propia que la vuelve una agradable sorpresa. El impacto sonoro está garantizado por el trabajo de Clint Mansell. Duncan Jones exhibe calidad, trabajando con los elementos reducidos que posee y, de paso, festeja a la vieja escuela sirviéndose de una trama descarnada para enfatizar en profundos conflictos humanos: ambición, soledad, y consciencia.

La siguiente lista de reproducción busca ser el eco de la psique de Sam Bell, encarando la verdad, en la solitaria agonía que, al final, cada uno de nosotros experimentamos.

 

 

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