Reseñas

Muertos de día: una fiesta surf para verdaderos zombies

Cuando la epifanía no termina, las segundas fechas son necesarias. Por eso, el pasado domingo 5 de noviembre, se celebró el día de muertos de una manera espectacular en el foro Bajo Circuito. “Muertos de día” es una alegoría a esta celebración, la cual cambia por completo el sentido de la misma al sugerirnos la muerte de los asistentes al lugar, mientras la tocada se desarrolla a lo largo del día. Si nos quisiéramos poner poéticos, podríamos decir que la intención era hacer una preparación alocada para los asistentes; y se siente en el aire, el calor del ambiente, el sudor de una masa de personas moviendo los pies a un mismo ritmo. El público lo aceptó: todos estaban dispuestos a entregarse completamente para celebrar un ritual que se convierte en tradición en los toquines mexicanos.

22154404_493982244296209_6479843468008113764_n

El recinto nos recibe con colores, cuadrados y humo -mucho humo- de fumadores ansiosos que no pueden esperar para ver a su banda favorita por primera vez; o bien, veteranos de la escena que saben exactamente qué esperar de estos actos y los aman (con mucha razón). Al final del día, este sigue siendo un evento de chavos para chavos, y creo que exactamente eso nos atenta directamente a qué esperar. No me refiero a una mala organización o cualquier defecto millennial, sino a un ambiente juvenil, activo, vivo: lleno de gritos y sudor.

Llegada la 1:00 PM, un túnel debajo de un puente prende sus luces, dando luz verde al público ansioso para que pudieran tomar lugares al frente del foro. Cincuenta minutos después, el escenario estaba listo.

Para esta segunda fecha, existió la particularidad de que los asistentes votaron por la banda mexicana del estilo que abriría a las bandas estelares. Pero como la raza no se supo decidida – más una susodicha corrupción en la votación de Facebook – fueron dos bandas las elegidas para la presentación. De esta forma, White Interference, la banda más pequeña del día, tuvo la decencia de presentarse como “la banda que nadie quería ver, pero ahí están y les vale verga”. Lo cual era cierto, pero claro que eso a nadie nos importaba en el momento, ya que con un retraso de cinco minutos y la pista a medio llenar, era claro que quienes estaban ahí era porque ya estaban sedientos de música. En cuanto los primeros distorts empezaron a sonar, la gente se fue alejando de la barra y se iba acercando hacia la pista; el evento comenzaba.

White Interference sirvió entonces como un aperitivo para “hacer el hambre”. Aunque su repertorio era prácticamente un tributo fiel a la canción lo-fi traducida a la cultura mexicana, la gente que apenas venía despertando fue mejor público para tomar este show como un confesionario/presentación de standup. El gran carisma del vocalista nos contaba sobre cómo se sentían agradecidos por tocar para más de diez personas. Risas, poco movimiento.

 

 

Por ahí de empezadas las 3:00 de la tarde, Dinosaurios Surf Club, el llamado legítimo ganador de la encuesta popular, sube al escenario para tomar la audiencia más entrada que la banda anterior se tomó la libertad de calentar. No les faltaron palabras, pues pocas fueron las necesarias para empezar a mover el cuerpo. La pista ya estaba a tres quartos de su capacidad, pero la gente aún podía bailar a placer y cerveza en mano -los meseros deambulaban entre el público ofreciendo y retirando bebidas cada cierto tiempo. Es un tanto difícil, a la vez que ambiguo, cuestionar la esencia de una entre tantas bandas como Dinosaurios SC. Influenciadas por la cultura de internet, parecen un resultado de la cultura remera y las vibras lo-fi inducidas directamente de países progenitores en estilo como Estados Unidos (merecido invitado de honor en el evento).

Los pies ya estaban inquietos y la persona cargo de la mezcla había subido los niveles apropósito; nos estaban obligando a avanzar, a juntarnos. Todo eran cabeceos y pasos aún conscientes. El distort de sus guitarras era mucho para algunos mortales, pero, por fortuna, la melodía simple y dulce de sus canciones era el hilo que tomábamos para no perdernos. En esos momentos, todo era paz; hasta que, de pronto, “Piscina”: la gente se había decidido por qué querían oír. Luego, la banda: “esperamos que con esta se agarren a vergazos” y, efectivamente, así fue. El primer slam de la noche. Descarga y euforia en el aire.

 

 

 

 

 

El set había terminado y unos cuantos agraciados habíamos terminado cerca del proscenio después del slam. Para cuando Señor Kino salió a la luz del escenario, el cuerpo dejó de descansar y los más veteranos ya sabían qué era lo que se acercaba. La vibra tan buena onda que emanaba del vocalista al lado del guitarrista y el bajista era tremenda; parecían salidos de un blog chic de tumblr -“mírenos, somos cool kids“-. Este era un acto de presencia desafiante para la normalidad mexicana: aceptado por la comunidad del internet, pero menospreciado por la raza.

Al final, a nadie nos importó sino su música, claro. Una tras otra canción, la intensidad aumentaba y aumentaba y, tengo que reconocer, fue el set mejor establecido de la tarde. Como una bola de nieve, la intensidad de su música incrementaba – y con esto me refiero a que dimos un tour del salón por tanto slam – a la vez que disminuía su distorsión, pues, al parecer, sus canciones se supieron las más conocidas de todas. Y el vocalista, Karl Neudert, se ganaba el corazón de todos en la sala gracias a los pasos de baile tan provocadores que hacía arriba del escenario, invitándonos a bailar junto con él con toda la placidez del mundo. Aparte estaba el rumor, que ya corría por toda la sala, del canal de YouTube que tenía. Para cuando se decidieron por tocar “No está”, la sala dió un rebote tan impresionante que seguramente provocamos algunos baches en la acera arriba del puente.

 

 

 

 

 

La hora había llegado: el artista más esperado de la tardeada tenía el spotlight. Por primera vez, Acid Ghost en México era realidad; uno de los artistas más influyentes de Estados Unidos para el talento mexicano, entregado al acto dream popero, se presentaría junto con ellos. Si buscamos las referencias de las bandas anteriores, todas tienen en común a Acid Ghost como alta influencia. Pareciera ser que, para todos en el recinto, era un acto de suerte poder tenerlo a nuestro lado.

La gente ya estaba roja, exhausta; el aire, caliente. Pero no nos iban a dejar descansar: sin importar que la naturaleza dream pop de su música fuera más tranquila, había que darle al pueblo lo que pedía. Fue así que interpretó canciones como “There’s No Use In Trying Anymore” sin transmitir un espacio de descanso, dejándonos con el respiro que existe entre verso y verso para recuperarnos por nosotros mismos, entre nuestro aliento caliente y la brecha mínima de aire que se abría cuando la puerta del backstage brillaba recordándonos la luz del exterior.

Evidentemente, la barrera de comunicación nos tomó como víctimas a todos, imposibilitando al grupo de cantantes improvisados corear las canciones que tanto nos latían. Aun así, los sentimientos seguían presentes: “Los quiero un cabrón”, decía él mientras sonreía apenado. La cima del show fue con “I Don’t Need You”, donde el sentimiento de despecho que todos compartimos nos impulsó a todo a gritar: “¡no te necesito!”.

 

 

 

 

 

Cuando llegó el apuesto par de amigos que integra Surf Curse, la sala completa automáticamente se tornó más formal, pues sus caras blancas brillaban como dos luces gracias a la increíble sonrisa y carisma que traían consigo.

Una presentación ya no fue necesaria: en cuanto el singular bonachón baterista se sentó a darnos la primer transiente con su bombo, “Christine F” nos sacó al instante de una especie de letargo que aparentemente no sabíamos que teníamos. Gracias a la facilidad que nos proporcionaban las vocales repetitivas de sus canciones, la brecha de idiomas se pudo alivianar muy duro, y podías escuchar a más gente coreando que en el set pasado. Igual, eso no era lo más relevante de la presentación, sino que Surf Curse fue una banda clave por el hecho de ser la que mejor representaba la vibra surf por la que todos abogaban. Básicamente, los ritmos rápidos de la batería fueron los dueños de nuestro cuerpo, mientras la melodía que la guitarra y la dulce voz de Nick – luciendo lo más naturalmente apuesto que podía lucir estando cubierto de sudor – existían para nuestro disfrute.

 

 

 

 

 

Finalmente, los headlinersLos Blenders, los de cajón, una banda que ya está bien parada en México, sea donde sea y en el estilo que fuere. Los Blenders poseen las características necesarias para simpatizar con el oyente promedio de cualquier género popular que se celebre en el país.

Últimamente, esta banda se ha posicionado como una referencia mayor de la cultura del meme latino, ofreciendo merch con diseños para mercancía pirata y dedicando todas sus canciones a la amistad en la peda y a los amores no correspondidos con las palabras altaneras ya reconocidas y aceptadas en sus letras. El público ya sabía que este era un set de desastre. Para poca fortuna de los artistas, sin embargo, estaban frente a una audiencia agotada, muertos de día. Muchos no pudieron evitar ceder antes de su acto; tanto, que entre canción y canción la gente que estaba en las barreras del escenario gritaba para que los músicos o el staff les pasaran botellas de agua (y amablemente lo hacían, a veces).

Esto fue entonces para terminar con un slam tan mojado como pesado -como cuando se moja una toalla y se puede volver un instrumento de tortura: así exactamente-. Después de interpretar sus más famosas canciones como “TJTQ” y las más recientes del disco que habían sacado este mes, Ha Sido, propiciaron sino un clímax más que justo y necesario. Fue para cuando versaron “la última y nos vamos” que la gente de verdad sacó ese pilón de energía sobrante para despedirse con todos los ánimos del mundo. Sudor, calentura, ropa mojada.

 

 

 

 

 

Muertos de Día fue, entonces, no sólo una tocada más, sino una declaración sobre cómo la escena mexicana sigue creciendo; cada vez está más dispuesta a oír nuevas posibilidades, sonando nacional pero abriendo las puertas a posibilidades internacionales, que tratan de ir mucho más allá que el actual artista promedio, quien sólo viene a llenarte el Foro Sol y se va. Una nueva ola de conciertos y tocadas son las que esperan esta capital creciente de música; eso sí, nunca vamos a querer renunciar a nuestro slam.

Si bien no fue un evento lleno de sorpresas, fue un ejercicio perfecto sobre cómo el folclor mexicano y la cultura extranjera pueden convivir en paz.

Créditos de fotografía: Luis Rivera

Anuncios

1 comment on “Muertos de día: una fiesta surf para verdaderos zombies

  1. Samuel Fridstein

    No te pases de lanza con los White, ese

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s