Vacas Sagradas: Spirit They’re Gone, Spirit They’ve Vanished

«Ayer, mientras escalaba una alta colina, entre los árboles del bosque, donde el zorro y la liebre se desean las buenas noches, vi una pequeña choza; y ante la choza ardía una fogata; y, alrededor del fuego, un enano bailaba sobre una pierna, y cantaba:

Feliz, el festín prepararé. Hoy haré cerveza; mañana, pan de mesa; Feliz, bailaré y cantaré, pues el mañana traerá un extraño a mi crueza…»

Nadie conoce con exactitud el origen histórico del “cuento de hadas” –el término mismo, acuñado por Madame d’Aulnoy en 1697, tiene apenas trescientos veinte años de edad. Se cree que los relatos fantásticos predatan (cuando menos por siglos) a la protoescritura, que apareció en la Edad de Bronce euroasiática, entre los milenios III y II antes de Cristo. Aquellas primeras ficciones, las cuales probablemente cumplían fines didáctico-morales y recreacionales, eran divulgadas por medio de la tradición oral, y heredadas a través de la genealogía. Los cuentos de hadas modernos, se sospecha, son evoluciones de estas memorias antiquísimas, pues se ha observado que ciertos motivos literarios e imaginerías (y, en ocasiones, historias enteras), consentidas por culturas enormemente lejanas entre sí, coinciden a la perfección –con la excepción de algunas inevitables tropicalizaciones.

La primera vez que esta tendencia narrativa (o género) fue señalada y emulada en un medio escrito fue durante el renacimiento europeo del siglo XV, gracias al trabajo del poeta italiano Giovanni Francesco Straparola. Poco menos de tres siglos después, los hermanos Jacob y Wilhelm Grimm se encargarían de recopilar y re-escribir algunos de los cuentos folclóricos germánicos, escandinavos y gaélicos más importantes de su época. Desde 1812 y hasta 1826, los originarios de Hessen-Kassel, en el Imperio Romano Germánico (hoy Hessen, Alemania), publicarían y popularizarían historias tales como RumpelstiltskinLa bella durmiente, Cenicienta, Hansel y Gretel y Blancanieves, entre muchas otras.

Hasta ese momento, los cuentos fantásticos se creían aptos para públicos de todas las edades, incluso a pesar de que la violencia era una presencia constante en dichos trabajos. Sin embargo, a partir de finales del siglo XIX y principios del siglo XX, comenzaron a ser catalogados como literatura para niños, pues varios autores rememoraban el hábito de los nobles y adinerados de pedirles a sus sirvientes que les contaran historias a sus hijos para entretenerlos mientras ellos se encontraban indispuestos. Paulatinamente, los artefactos literarios excesivamente crueles comenzaron a desaparecer de la categoría, aunque no sin protestas; como la del psicoanalista Bruno Bettelheim, quién consideraba que los temas y visiones más aplastantes de los cuentos de hadas eran útiles para enseñarle, tanto a niñas y niños como a adultos, a resolver conflictos simbólicos y psicológicos.

A pesar de que, en la actualidad, las adaptaciones más populares de cuentos de hadas se han logrado distanciar (aunque no completamente) de sus orígenes vesánicos, abrir un viejo libro para niños, lleno de ilustraciones de escenarios ambiguos y rostros emocionalmente remotos que podrían llevar hasta más de un siglo plasmados en papel, es una experiencia ominosa. Este es el principio del cuál se alimenta Spirit They’ve Gone, Spirit They’ve Vanished.

«No hace mucho, un joven niño llamado Avey y su amigo Panda Bear recorrían los retazos que cubren la tierra (algunos les llaman árboles). Eran contemplados por el dios Pan y criados por las hadas y los ángeles de luz que tocan su música en lo profundo del bosque. ‘Creemos la música de la niñez’, gritó un día Avey, mientras los dos tocaban. Panda pensó que esta era una buena idea. ‘Puedo usar mis palos mágicos de ritmo y tú puedes tocar tu harpa de sol”, dijo. Así que ambos empezaron a hacer melodías y Panda trajo ritmos desde todas direcciones, a la vez que Avey cantaba. Todas las canciones se trataban de juguetes de madera y amigos invisibles, y estaban llenas de la luz del bosque. Este es el primer grupo de canciones que tocaron.»

El periodo de tiempo sucedido entre 1997 y 1999 fue –según lo describiría él mismo– una época oscura para David Portner “Avey Tare”, quien recién se había mudado de su natal Baltimore, Maryland a Nueva York, para cursar sus estudios universitarios en NYU. Brian Weitz “Geologist”, que se encontraba atendiendo a la Universidad de Columbiaera su único amigo y conocido en la ciudad en aquel momento. Ya que Portner se encontraba sumamente insatisfecho con su nueva y solitaria vida universitaria, el siguiente verano regresó a Maryland junto con Weitz para reunirse con sus amigos, Josh Dibb “Deakin” y Noah Lennox “Panda Bear”, y tocar música juntos. Fue alrededor de esta época, que Portner empezaría a trabajar en un debut solista. Un año después, en 1999, le pidió a Lennox que contribuyera con las percusiones del álbum; estuvo tan impresionado con las baterías de Noah que decidió poner su nombre en los créditos cuando el disco estuviera terminado. Para extender su escapismo el resto del año, Portner comenzó a viajar de Nueva York a Maryland todos los fines de semana, en los cuales continuaba trabajando incansablemente en sus composiciones y mezclas, sentado en la sala de la casa de sus padres. En algún momento de este desarrollo, Portner encontró una copia de Stars To-Night: Verses New and Old for Boys and Girls, un libro de cuentos infantiles escrito por Sarah Teasdale e ilustrado por Dorothy P. Lathrop, y decidió que uno de los dibujos sería particularmente oportuno como portada. Finalmente, en el verano del 2000, el primer álbum colaborativo entre Avey Tare y Panda Bear –retroactivamente, el álbum debut de Animal Collective– fue lanzado a través de Animal (antes Soccer Star), la disquera que Dibb y Lennox habían formado para publicar el debut homónimo de Panda Bear.

Spirit They’ve Gone, Spirit They’ve Vanished –cuyo nombre fue tomado de una frase pronunciada por el personaje de Mr. Magoo en la película animada Mister Magoo’s Christmas Carol– es el equivalente sonoro de uno de los brutales cuentos de hadas rescatados por los hermanos Grimm, en los que los juegos de niños y las amputaciones se encuentran ridículamente próximos; una historia tan siniestra que es triste: los loops de ruido realimentado son hojas afiliadas; los lead synths son como las lágrimas de criaturas míticas y los pads como las voces de árboles milenarios; las baterías peinadas de free jazz como aves aterrorizadas y las voces son de niños a los que se les ha obligado a crecer prematuramente. Al final, sólo se puede pensar en un pequeño dedo índice siendo incitado por una plancha caliente. Las aves llaman por ti; por favor, no las sigas.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s