Los 13 mejores álbumes de la primera mitad del 2017

En orden cronológico hasta el día 15 del mes de Junio.

Ty Segall – Ty Segall

Ty Segall Cover Art

Ty Segall ha asumido un rol que muchos artistas se auto designan y que viven masticando el resto de sus días. A diferencia de aquellos que no vale la pena mencionar (Tame Impala), Segall ha logrado mantener esa representación del rock con sinceridad, variedad y pasión. Su expansión desde lo delta blues, garage punk, classic y glam con gran atrevimiento a la composición y recursos modernos se resumen en la entrega de este año. El segundo homónimo coloca un margen en la hiper prolífica discografía que propiamente saca de detrás de la cortina a Albini a grabar en formato de sesión. Así, alcanza las máximas amplitudes de la madurez y del tributo generacional.

Está “Warm Hands” como la épica que hace tiempo no se explora con tanta sobriedad. “Takin’” existe para presumir su capacidad de construcción de una canción y un elegante Wurlitzer. Está “Orange Color Queen” con ganas de balada rasposa y “Take Care (To Comb Your Hair)” celebrando armonías vocales de una influencia que permea en todo el álbum. Esta entrega, en su totalidad, revive a los Beatles y, por primera vez en mucho tiempo, no es automáticamente desagradable e inútil.

Este, sin duda, no es un disco para llevar al Segall de una joven carrera al territorio de la invención, pero sí es uno para celebrar hasta dónde ha llegado en un proyecto tan necesario para la grande escala de la tradición de un género que ya se siente viejo.

por Diego

Common As Light and Love Are Red Valleys of Blood – Sun Kil Moon

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Kozelek ya no es más un joven adulto en búsqueda del cinismo perfecto, ya no es más un romántico agropecuario en la era que se balancea entre la credibilidad y la caricatura. Hoy, el cantautor es una persona común, es un alma vieja documentando los más íntimos detalles de su vida. Common As Light interactúa con el escucha de manera lenta pero absorbente al abrirse poco a poco a la conversación. Cada vez expresa de manera más personal esas particularidades de la sensibilidad y la reflexión humana.

La narrativa está basada en los entendimientos -directos y astutos- de la cabeza de Kozelek de un mundo con valores cambiantes, en el que es cada vez más difícil encontrar la validez moral; uno donde, dentro de la cultura alternativa, los embajadores del folclor presumen conocer a Father John Misty; donde los misterios policíacos son tal vez el último vehículo de la mitología urbana; donde mueren los viejos asociados de George Clinton junto a una caguama y un sartén eléctrico; uno donde hacerse viejo es darse cuenta de la persona con quien morirás y de la calidad de vida que gozarás; donde burlarse con el metalenguaje del escucha es la única prueba de conciencia.

Musicalmente, su diferencia radica en tener una instrumentación liderada por el bajo y acompañada por la batería, los teclados y la inseparable guitarra; una instrumentación donde todos los componentes tienen personalidad de juguete y, así, las curiosas musicalizaciones suenan cálidas y un tanto ingenuas, contrastando con la seriedad del álbum. Estas también colaboran con la narrativa, dando paso a ciertos detalles en el arreglo para alagar objeto y significado, mientras pequeñas intermisiones de Kozelek dan lugar a la intimidad.

Este es un álbum que es recíproco con el escucha, dando paso a una platica y no a un sermón.

por Diego

Forget – Xiu Xiu

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El grupo experimental lleva incomodando y polarizando desde 2002. Su naturaleza misma los ha puesto en la necesidad de mudar de piel y hogar constantemente. Esto sucede no sólo por la responsabilidad que tienen con el proyecto, también por la obvia expectativa que han generado sobre sí mismos. Después de su disparo de precisión al revisionar la música de Twin Peaks, la pregunta sobre su futuro era la de qué tanto queda en el terreno de lo andrógino, lo sexual y lo violento para que Xiu Xiu siga siendo relevante (sobre todo cuando ser vanguardista, provocador y desinteresado es una piel tan común en el arte contemporáneo).

De alguna manera, encontraron cómo conmemorar la experiencia de su legado. Forget toma la ruta hacia la trascendencia al forzar las piezas incorrectas de un rompecabezas, creando imágenes incoherentes pero no menos encantadoras, simbióticas y resonantes con la idea original de ese rompecabezas alterado. El álbum también toca un estado anímico ya conocido por Jamie Stewart y compañía, pero, acompañado por la accesibilidad del trabajo, es inevitable identificarlo como una emoción propia.

Forget es un pop industrial y reconocible de los ochenta que, en sus baladas tristes a veces románticas, ofrece ser leído entre líneas para así mostrar su verdadera vulnerabilidad y crueldad.

por Diego

Heartless – Pallbearer

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El cuarteto de Arkansas, Pallbearer, se ha erguido en la escena del metal como un obelisco dedicado al impacto y al riff. Heartless, haciendo honor a su título, trae al mundo 60 minutos de doom metal desgarrador, orquestado de forma magnífica para preparar a quien sea para el fin.

En este tercer álbum de estudio, la banda logra dar nueva vida al sonido con que crearon Sorrow and Extinction. La incorporación de ciertos toques de progresivo con heavy ­metal sirve como un contrapeso que permite balancear la devastadora carga emocional que domina el panorama. El álbum es guiado de forma magnífica por la sección rítmica. Bajo y batería se complementan en cada canción para dar forma al intranquilo latido de un coloso.

No obstante, quien le da su particular personalidad al gigante es la melodía. La voz de Brett Campbell interactúa en un juego complejo con las guitarras compuestas por Devin Holt. El intercambio es orgánico: si el momento lo requiere, Campbell abandona su estilo más tranquilo para proporcionar gritos potentes en favor de la composición.

Otro factor determinante para la grandeza de este trabajo es la ambición -fácilmente apreciable en el acercamiento de la banda a su construcción-. Cada pieza es parte de una galaxia en la que el tiempo tiene una cualidad elástica, sujeta a los cambios caprichosos, de un carácter casi goyesco, dentro de un microcosmos oscuro y engañosamente brillante a ratos.

A gran escala, es probable que Heartless se convierta en uno de los nuevos referentes del género, a la vez que se establece como el disco a superar por parte de la banda misma, en lo que es la cúspide del ilustre desarrollo de esta joven agrupación.

por Arad

A Crow Looked at Me – Mount Eerie

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Más que como una secuencia de canciones, A Crow Looked at Me se lee como un monólogo anacrónico, no lineal, como los trozos desperdigados de un remoto “después de”. Sin embargo, al ser reconstruidos por el escucha, se esclarece y se constata que el despliegue de dichos pensamientos ha sucedido de manera ininterrumpida en el transcurso de no sólo días y noches consecutivas, sino meses; se entiende que este flujo de consciencia ha sobrevivido mil y ochenta veces a la suspensión de la vida despierta y a través de todas las estaciones del año. Y el narrador hace un gran trabajo de dibujar con palabras el decaimiento de las hojas que pisa bajo sus pies y el aire frío, las hendiduras latentes en la ropa usada y los cuervos negros como augurios que lo miran en el centro de los ojos. En su octavo álbum de estudio bajo el alias de Mount Eerie, Phil Elverum evoca los meses cercanos (tanto previos como posteriores) al fallecimiento de Geneviève Castrée, su compañera de vida. La poesía, la romantización del dolor -como le llama el washingtoniano- se vuelven triviales cuando la muerte verdadera y finalmente cruza el marco de tu puerta. Elverum no encuentra más remedio que grabar su catarsis en cinta magnética; pero no es arte, es sólo un diario, un comentario doméstico tratando de hacer sentido de una realidad inevitable al ver la puerta de un refrigerador. Es como si el chirrido de los dedos sobre las cuerdas de acero proviniera de la penumbra del cuarto contiguo.

por Urian

Arca – Arca

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Arca es el regreso más honesto y más contundente que, posiblemente, podemos esperar de este 2017. El mundo rojo y negro de Alejandro Ghersi dejó abrir un profundo hueco en su corazón para darle entrada al álbum más sentimentalmente profundo de toda su carrera. Grabado con letras totalmente espontáneas, salidas al rojo vivo de las vivencias de Alejandro, podemos deducir que es un álbum muy doloroso. Según sus anécdotas, la razón por la que las tomas no salían era que Alejandro no podía parar de llorar. Los exagerados respiros, silencios y gritos nos hablan de la tenacidad que tuvo al esperar cuatro años para sacar su homónimo, para revelarnos quién es, verdaderamente, la persona detrás de Arca.

Por otro lado, la musicalidad de este álbum no se encuentra en un universo tan lejano del de sus antiguas producciones. Y es ahí donde reside la complementariedad de su nuevo atrevimiento, con su ya asentado estilo tétrico pero delicado, el cual que le tomó varios años construir. Que, en lugar de haber dado una vuelta de 180 grados, volviera a recoger los vestigios de su alma dentro de “Mutant” y “Xen” es la maravilla materializada de las re invenciones. Su voz de opereta tiene punto y contrapunto respecto de su estilo violento y frágil, en el cual su historia trágica conoce la parte más oscura de su producción, mientras que la más esperanzada letra camina de la mano de las cuerdas más agudas y de esas percusiones del más allá. Además, la idea de juntar un estilo de canto teatral con música popular es una combinación que no se había pensado hasta ahora (al menos no con el genio de Alejandro). Y considerando la influencia que han tenido sus últimos dos grandes trabajos sobre la escena americana, principalmente en el hip hop industrial, no sería una gran sorpresa que veamos futuras y claras referencias (e incluso admiradores) de su rastro en producciones cercanas.

Gracias, Björk, por alentar la confianza en Alejandro, por impulsarlo a utilizar su propia voz para colorear las historias que siempre nos intentó contar, pero que no logró hacer sino hasta ser honesto consigo mismo y con su público.

por Alexis

DAMN. – Kendrick Lamar

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El rapero de Compton vuelve a abarcar referencias religiosas y críticas sociopolíticas, así como una autocrítica, refiriéndose a sí mismo como un hipócrita, reflejando la dualidad de creer en Dios y creer en sí mismo, siempre abogando por la honestidad. Destacan canciones como el sencillo líder “HUMBLE.”, el enérgico “DNA.”, la travesía musical de “FEAR.” y las colaboraciones con U2 en “XXX.” y Rihanna en “ROYALTY.”, en donde utiliza de sample el intro de sintetizadores análogos de “24K Magic” de Bruno Mars, pero en reversa, cambiado de tono y con una tercera armonía.

DAMN. se queda, inevitablemente, a la sombra del GKMC y TPAB, pero no por eso deja de ser un álbum emblemático. En esta ocasión, Kung Fu Kenny ha encontrado un suelo mucho más estable y en ningún momento busca competir con los excesos musicales que presenta en To Pimp a Butterly. Ahora, el minimalista DAMN. demuestra que no necesita de arreglos complejos para destacar, lo cual, irónicamente, es bastante ambicioso.

por Mario

Slowdive – Slowdive

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Comenzar el 2017 con un nuevo lanzamiento de Slowdive sólo podría augurar un año lleno de momentos musicales bastante interesantes. Se agradece que la banda prefiriera reunirse sobre los escenarios antes de presumir un nuevo lanzamiento, poniéndolos frente a un público impaciente por escucharlos nuevamente, así como presentándolos a una nueva generación de escuchas que aprendimos sobre Slowdive a través del enorme número de bandas que han influenciado.

El álbum nos permite escuchar a un Slowdive con la única ambición de seguir creando música totalmente honesta sin tener que adaptar su sonido a los nuevos tiempos; al contrario, refuerzan aquello que los ha caracterizado (que podría malinterpretarse como una fórmula) sin sonar repetitivos y, al hacer esto, logran mantenerse como un referente total de un estilo explotado por bandas que han pretendido seguir al pie de la letra un instructivo inexistente del sonido que se debe lograr con tal de poder abanderarse bajo el nombre del shoegaze y el dream pop.

Los mejores momentos del disco demuestran que la carrera de Slowdive no ha perdido consistencia a pesar del largo periodo que ha transcurrido desde su último lanzamiento (Pygmalion de 1995). Además, exhibe una comodidad por parte de todos los integrantes con estar juntos nuevamente, notoria en la fluidez con la que caen todos los sonidos que forman cada canción, haciendo a Slowdive un viaje bastante placentero que sólo nos orilla a repetirlo para disfrutar una y otra vez el regreso de una de las bandas clave de la música alternativa.

por Eduardo

No Shape – Perfume Genius

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No Shape puede llegar a sentirse tan íntimo que la reacción automática es huir de él, como si se tratara de una declaración ajena al escucha. La introspección no se limita sólo a las letras, pues impregna también al sonido -especialmente en la segunda mitad del disco-.

Este es, claramente, un disco de Perfume Genius: todos los elementos que han caracterizado este proyecto están ahí. Pero ahora Mike Hadreas nos muestra una faceta más personal, sin temor a mostrarse vulnerable, ganando una seguridad insospechada en el proceso. Camina por encima de quien pretende oprimirlo y se muestra engrandecido como forma de protesta, sirviendo como guía a quien decida acompañarlo.

Aunque se trate de música abiertamente pop, el aura de decadencia y excentricidad que rodea a Perfume Genius es un sello que no se encuentra fácilmente en el panorama musical actual. Además, lo ha convertido en un proyecto sumamente importante y necesario para una audiencia que exige una conexión más profunda con la música que escuchan, así como una autenticidad palpable por parte de quien la concibe.

por Eduardo

This Old Dog – Mac Demarco

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DeMarco jamás se ha tomado algo demasiado en serio, incluyendo a la música. Siempre ha sido un bromista que, sin reserva alguna, se atreve a aparecer en videos desnudo o a tocar a Coldplay a la mitad de sus propios conciertos. Así, ha llevado sus composiciones a una suerte de juego, dándoles ese toque de ingenuidad por el cual es, al mismo tiempo, amado y odiado.

Anteriormente, Mac hacía creer que se tomaba su quehacer a la ligera, pero en This Old Dog apreciamos un gran desarrollo artístico. Para este momento de su carrera, DeMarco logra definir un estilo tan particular que nada en el universo y sus múltiples dimensiones harían que cambie. Sin embargo, no deja de evolucionar, siendo cada vez más maduro y menos amontonado -digamos que actualmente es un poco más “pensado”-.

A pesar de aquella personalidad juguetona que muestra al mundo y aunque la complicada historia familiar del artista sea ajena para algunos, es duro escucharlo de primera mano cuando en “Still Beating”, contrario a lo que los suaves riffs de guitarra harían pensar, DeMarco confiesa: “Honey, I cry too, you better believe it“. Y es que en la biografía distribuida junto con el álbum, él mismo lo menciona: “Una de las principales metas de esta grabación fue intentar asegurar que [DeMarco] retenía algo de realismo en mi mismo.”

Tierna y suave, esta tercera producción marca una línea divisoria, siendo sensual, meditada y siempre concisa, nunca diciendo más de lo necesario, logrando hacer que cada pieza se acomode en su perfecto lugar. Alejándose un poco del uso desmedido de los procesadores de efectos para ceder el paso a guitarras acústicas que transportan al escucha a un espacio sin tiempo, genera un sonido sin pretensiones, algo más “clásico”. Sin evitar que el compositor siga siendo él mismo, canta con aquella languidez y aquella melodías sin demasiados adornos ni pretensiones con la que se presentó ante el mundo hace cinco años.

por Samantha

I’m Not Your Man – Marika Hackman

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El segundo full-length de la cantautora de Hampshire es, inequívocamente, un ejercicio británico residual del grunge, como lo fueron Dry (1992) y The Bends (1995) en sus respectivos -y muy particulares- contextos. Sin embargo, los triunfos de este sophomore no dependen de la rastreabilidad de sus ascendencias estilísticas; más bien, son debidos a -y sostenidos por- sus argumentos compositivos. Después de haber dedicado cuatro años de su vida a desarrollar un ideal órfico heterogéneo de nu-folk, Marika Hackman decidió desplazar su sonido hacia suelos más convencionales de la música independiente. En colaboración con The Big Moon -el cuarteto liderado por Juliette Jackson– y Charlie Andrew, construyó una colección de quince tracks de pop rock, con los instrumentos y las dinámicas típicas de una banda que responde a tales denominaciones. Sin embargo, este es un pop rock de aires artesanales, en el sentido en el que reintroduce el tratamiento meticuloso y matizado que se hizo habitual entre los mejores trabajos de principios de los dos mil, cualidades que se han vuelto cada vez menos comunes en las producciones independientes de nuestra época. A lo largo de sus 57 minutos de extensión, son varias las instancias en las que I’m Not Your Man rasguea las fronteras del art-rock. Las confesiones safistas de Hackman -ya sea en configuraciones cobainianas, neo-helenísticas, tétricas o, simplemente, de jangle y power pop– componen y articulan una de las obras más francas y excarceladas del indie reciente.

por Urian

Ctrl – SZA

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Apenas ha pasado un año y la influencia de Blonde de Frank Ocean ya se puede sentir en el R&B. Por eso, no es coincidencia que Ctrl se sienta como una extensión femenina y joven de la obra de Ocean. Ctrl es un retrato de los pormenores y conflictos del adentrarse en la adultez, una crónica perfecta de la juventud negra y los dilemas que atraviesa en el 2017, haciendo de las situaciones más triviales algo trascendental, anecdótico y personal.

por Sebastián

Melodrama – Lorde (2017)

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En los cuatro años que pasaron desde Pure Heroine (2013), Lorde logró conservar su relevancia. Sobre todo, era la promesa de traer un sonido y una voz disidentes a la industria del pop lo que nos mantuvo a la expectativa. En medio de un exceso de canciones glorificando una cultura basada en la fama y el dinero, la artista se alejó de eso a través de la crítica. Mientras que es debatible si esta posición detractora es una estrategia de marketing más, Lorde se convirtió en la esperanza de una juventud que quería más sustancia en su música mainstream. Incluso para quienes no se dejaron impresionar por sus mensajes que, aunque distintivos, no son nuevos ni académicos, el sonido era, cuando menos, interesante. Cuatro años después, Melodrama cumple la promesa. Alejándose de la generalidad, Lorde abre una ventana a su vida personal, a ella como mujer, como ser humano y como artista. El álbum ofrece una idea de la forma en la que la fama afecta las relaciones personales y de cómo se mantienen íntimas y verdaderas a pesar de la amenaza del ojo público. Además, Lorde demuestra que sus ganas de innovar sólo maduraron desde sus 16 años. Después de las primeras tres canciones, comienza lo que sólo se puede describir como una revelación. Las letras son inteligentes y elocuentes; Lorde escribe desde la sinceridad y la tragedia. El sonido es impresionante: metálico, cálido, romántico. Lleno de particularidades que podrían considerarse un atascamiento de rarezas sonoras, el álbum compensa con melodías dulces, sencillas. La voz es cambiante y peculiar, una irrebatible entrega de intención y sentimiento. “Hard Feelings/Loveless” es la pieza que cierra el trato y que nos convence de que Melodrama es más de lo que esperábamos del proyecto de Lorde de enriquecer la música pop.

por Adriana

 

 

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