Vacas Sagradas: Bocanada

Es el último año del milenio, Argentina no la pasa del todo bien. Dos años atrás, Soda Stereo anunciaba una separación que a nadie sorprendía: el trecho existente entre las ideas de cada integrante, los vínculos raídos y el precio de la fama consumaron su despedida. Agradeciendo los años de apoyo realizaron una serie de conciertos, el último efectuado en el Monumental de Núñez, donde Cerati pronunciaría su propio epitafio. Después, en el mundial de fútbol, la selección ilusionaba al país con una generación de jugadores combativos y talentosos, que se quedarían a la orilla de la gloria contra Holanda, recibiendo un gol magistral y doloroso en las postrimerías del encuentro. En el plano social, la desatada crisis que se intensificaba ferozmente creó una fricción, de cara a unas muy tensas elecciones presidenciales. Había poco o nada que permitiera tener un respiro de la realidad, un aliciente para enfrentar la situación. Entonces, a mitad del año, sin saber qué rumbos emprendería en solitario, las personas al fin pueden inhalar Bocanada.

Recapitulemos un poco: los barruntos primarios de soltura inventiva para Cerati vienen después del triunfo absoluto de Canción Animal, cuando Daniel Melero -viejo amigo que contribuyó en los teclados del álbum- y él empiezan a juntarse para tocar, sin una brújula, subordinándose más a los instintos frente al vasto equipamiento del que pueden echar mano. De ahí nace Colores Santos, apenas seis meses antes del tremendo Dynamo. Resulta claro el nexo que los une, cómo se hilvanan las texturas de ambos discos, aunque el primero haya sido un fin per se y el segundo, la consecuencia inevitable, la transformación del flujo creativo de cuatro manos inquietas hacia una meta más concreta, digerible para el público anhelante de allá fuera -porque él seguía siendo una estrella al salir de las sesiones-. Al año siguiente, absorbido por el compromiso de ser padre, se da un tiempo para irse a Santiago junto a su esposa y esperar el parto. Durante ese periodo se cocina Amor Amarillo, íntimo, producto de la ansia apaciguada. Este es el comienzo de muchas cosas para él, la probada de albedrío que necesitaba plasmar en una grabación. Con diez canciones cargadas de alucinaciones, impresiones, un calor doméstico emanado al que se le da color, Cerati bucea a través de diferentes aguas, sin atreverse a sumergirse demasiado, yendo de lo acústico a rozar lo electrónico de manera natural, tal como él lo quería expresar. Va dando pistas de la ruta que estaba tomando.

A mediados de la década, Soda Stereo pone colofón a su marcha con una producción compleja, tanto en el proceso de elaboración como en la plasticidad de sus ingredientes. El fruto es un larga duración impredecible y entrañable que recibe gustosa el relevo de su predecesor, llevando a terrenos escarpados la trayectoria del grupo, ahí donde se torna casi imposible arribar. Y más con el peso de una despedida a cuestas, logro de muy pocos. Finalizada una época, él entra a otra colmada de beats e improvisaciones como sustancia vital, posibilidades ilimitadas, proyectos sin ataduras, parsimonia para crear; estos eran los nutrientes que necesitaba para germinar una nueva incursión como solista. Plan V y Ocio -nombres poco más que representativos- son el prolegómeno coherente de Bocanada.

Arranca a toda marcha “Tabú”, como si el sigilo profesado desde la separación le quemara; después viene el ritmo tropical superpuesto, amplificando la cadencia, una guitarra nítida encima de la algarabía, compaginándose. Entonces Cerati, finalmente, suelta su voz con frases cortas que se adhieren al oyente: “cerca del nuevo fin”, “por fin tuve el valor de seguir”, “al ánimo de brillar la luz se adelantó”. La cresta del tema es el “por ti” más apoteósico de la música latinoamericana, que invita a emularlo. Todo cuidado a detalle, manejado con desvelo, tanto así que deslumbra que la base rítmica provenga de un sample. El lado más lúdico de Gus se hace patente así como su dimensión como melómano, utilizando sus vinilos como disparadores de ideas. Si Borges se congratulaba de sus lecturas, Cerati lo hace de lo que escucha, hasta intentando implantarnos esas melodías que rondaban su mente, ofreciéndolas al calor de las masas. “Engaña” baja la velocidad, se consolida la sutil melodía; pese a sonar compuesta como una canción tradicional, su montaje triunfante es obra de los controladores, no sólo hay ardid en la letra. Llega entonces “Bocanada”, impecable, con scratches y quiebres. El fragmento más sofisticado de la épica suite “Eruption”, compuesta por la banda neerlandesa Focus, Cerati lo utiliza para dar métrica a una canción exquisita en todos los niveles posibles y se le puede sentir enfundado en un rol próximo a Scott Walker -incluso en el look-, enigmático, afectado. Si se presta atención al segundo quince, un gemido vaporoso, rayando lo subliminal, sugiere ese aire fílmico que representa al álbum entero. Pero él jamás deja de sentir ese impulso de crear algo pegadizo y “Puente” es la prueba de ello: la más accesible vía de entrada, “el adorable puente” para entusiastas de su pasado exitoso con algunos otros que seguirán su porvenir. “Gracias por venir”, grita propulsado por la energía de los instrumentos retumbando. “Río Babel” conjuga los beats con violines extraídos de “Momma”, de Electric Light Orchestra, formando una mezcla concentrada de pop con tintes funk, que invita a “escuchar el lenguaje universal”, “a flotar sin más qué pensar” para “fluir sin un fin”, grácil y poético.

En “Beautiful”, los finos efectos siderales se aglutinan con los beats y la obstinada guitarra cristalina. La aventura de Cerati con la exploración de ambientes es notable aquí; su andar con la electrónica le ha dejado una postura más que clara de afrontar los temas. Por eso puede sonar tan inmaculado “I’m beautiful“, al hablar sobre la composición como deleite: “estoy rodeado de bellos instrumentos, bebiendo la pereza de soñar”, “tengo todo por no querer más nada”. Incluso describiendo su proceso: “junté fragmentos de otras historias”. Mas la frase triunfadora, no sólo de la canción, sino tal vez del álbum, quizás sea: “mereces lo que sueñas”, convertido en eslogan de una generación. “Perdonar es divino” tiene una base trip hop que se conjuga bien con una guitarra acústica, con el estribillo que justifica el título y se hace sencillo recordar: “a mi me es fácil olvidar”. El centro gravitatorio de Bocanada es la atildada “Verbo Carne”, en la cual finalmente puede regodearse con la orquesta que se imaginó años atrás, grabada en Londres; también es la catalizadora de los Episodios Sinfónicos. El primer tema expuesto del disco fue “Raíz”, con una percusión y vibra folclórica notable; el fragmento añadido de siku de Los Jaivas le da un soplo del altiplano, contacto con la naturaleza, “¿qué otra cosa es un árbol más que libertad? y si te abrazo es para sentir”

Tras nueve cortes que se caracterizaron por una esencia propia, casi como si todos se trataran de sencillos, con la voz de Cerati animándolos, se viene un reposo. La primer insinuación instrumental, “Y si el humo está en foco”, encauzada por el IDM, destapa su vena electrónica al gran público. De los segundos iniciales de “Rock and Roll Part 2” del infame Gary Glitter, se tomó la base -y el espíritu- para fundirla con una pose glam bailable, completada por Francisco Bochatón en la letra; desparpajo, el punto jocoso del periplo, todas las opciones son admisibles. “Aquí y ahora” es un tema calmo de seis minutos y medio, escindido en dos partes por el peso de la influencia sugerente del libro “Los tres primeros minutos del Universo” de Steven Weinberg; asimismo, la figura de Borges surge en la lírica: “sé una gota en el jardín, sigue el curso de agua que nos lleve donde nunca fuimos, por senderos que se bifurcan, por mundos paralelos”. Si el disco se nutre del sample como recurso de construcción sonora, esta pieza apunta a la toma de fragmentos textuales también, a una intencionalidad de collage entera en Bocanada. “Alma” nos previene que el fin está cerca, con una bella serenidad que nos quiere zambullir con su hipnótico discurrir, incorpórea. Con “Balsa”, lo único que queda es cerrar los ojos, pues posee una atmósfera delicada, el hálito terminal, un loop que se puede estirar hasta el infinito, coronada con el sample de la voz de Elvis en “It’s Now or Never”.

Bocanada es la síntesis de una década fructífera, el cenit de una trayectoria, construido en parte de los remanentes de trabajos anteriores, por momentos asemejándose a un ejercicio de laboratorio. Cerati nos demuestra su compromiso con la música, no siguiendo la inercia de la industria cuando se le demandaba, sino una responsabilidad interna de satisfacción; libertad desbordante. Por donde se le vea, es un disco redondo, en el que convergen influencias tan asimétricas como DJ Shadow, Spinetta, Portishead, Borges -que apareció en sus agradecimientos especiales-, etc. Muchos lo valoraron, y lo siguen haciendo, como un álbum adelantado a la época, cuando en realidad siempre ha estado enclavado en la actualidad, en su coyuntura de fin de siglo, en el hoy y en el mañana. Tal vez porque en el impasse cultural que imperó en nuestra región, todavía se perciba todo alejamiento de intención complaciente como un avance.

No sólo es el trabajo de un hombre apoltronado en su estudio casero, es el resultado de la interacción con las personas, de todos los cómplices que hay en una gran obra, por eso es tan cercano al público y, sin darnos cuenta, ya rebasó la mayoría de edad.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s