Álbumes Listas

7 álbumes esenciales de no wave

A killer urge to destroy everything that had inspired me” – Lydia Lunch

Los setenta llegaban a un desenlace y mucho de su legado se sentía pasado; ya se daba, en las mentes de algunos, el siguiente paso. En lo que terminaba la década, tanto el mainstream como la contracultura destacaron: tuvimos desde disco hasta punk, pero ambos parecían haberse quemado. Jóvenes movimientos culturales expiraron ante la rápida toma por parte de la turba.    

En este periodo de decrecimiento, el underground se sintió a la merced del movimiento social que se veía víctima de la popularización y degradación de una idea; el punk ya no representaba insurrección ni novedad. Ese espíritu tan cómodo de disidencia ahora estaba diluido y las comunidades alternativas buscaban una nueva identidad -experimentación y autenticidad-, mientras los valores permanecían igual.

En Inglaterra, el cambio se suscitó rápidamente y dos circuitos bajo términos comunes pero actitudes diferentes fueron nominados con títulos que parecen hablar más de un tiempo que de un estilo. Post-punk y new wave buscaban, esencialmente, la inclusión artística, la conglomeración de influencias en búsqueda de una nueva libertad de expresión.

La respuesta por parte de los americanos tanto al punk -ya un cliché estancado- como a la novedad inglesa fue diferente. En el bodrio de ilusiones podridas y el nihilismo de Nueva York, donde el glamour era más como una enfermedad venérea, las hordas de jóvenes perdidos y rendidos tomaron otra perspectiva acerca de la nueva escena.

Tomando de la propuesta escénica de Suicide, en su uso radical y meditativo de la música, y de la integración, aún encantadora, de forma libre de Ornette Coleman, Mars acaparó un lugar en el circuito de clubes, hablando con ruido, disonancia y atonalidad, haciendo así la contracultura. Cínica, agria y enojada, la nueva generación tomó nota de la exclusión como filtro necesario para la verdadera invención. El nihilismo les bañaba con una necesidad absoluta por desaparecer de cualquier estereotipo, movimiento o etiqueta; querían ser nada. El absurdo era más atractivo que la retórica rebelde. El anti-arte gritaba y el new wave se convirtió en no wave.

Diego Cortez haría un esfuerzo por darle formalidad a un movimiento volátil pero extremadamente relevante y variado. Brian Eno, con una mano siempre metida en todo, compilaba con deseos de abreviar algo punzante.

Aquí, siete ejemplos esenciales de lo logrado por el no wave.

Buy – James Chance & the Contortions (1979)

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Ambos nombres en la autoría de este álbum fungieron roles esenciales en el apadrinamiento de lo que estaba por suceder en Nueva York. No resulta tan impreciso cuando lo concebido aquí se resume, a veces de forma cómica, como “bad jazz“. La tesis de Coleman en este álbum hace presencia en el funk disparatado de Brown con una banda que se enamoró de lo sucedido en el rock, por pasión por la euforia. Así, James Chance le trajo amplitud a una escena que paradójicamente negaba la existencia del cliché a la vez que quería seguir algo de la tradición con tal de darle nueva vida a lo que vio morir. Un buen sentido composicional es que arriesgó el arreglo y la tonalidad. Música optimista dentro de su caos.

 

Queen of Siam – Lydia Lunch (1980)

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En efecto, es imposible hablar de Lydia y no hablar de sus Teenage Jesus and the Jerks, pero en su camino como artista, el alcance de su carrera solista así como su variedad resultan más relevantes. Queen of Siam es una colección casi completa de baladas pop muy cercanas al cabaret en los cincuenta, con una clara declaración de anti-arte para la nueva época. La obsesión poética de Lydia encontró dónde hablar y su extraño trabajo de guitarra dónde colorear. Por momentos, el álbum crece hasta el punto de pánico y, por otros, agacha la cara en un intento de empatía.

 

The Ascension – Glenn Branca (1981)

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Con una configuración obsesiva por la guitarra y jóvenes nombres como Ned Sublette y Lee Ranaldo, Branca logró orquestar el ensamble para el avant-garde moderno, uno originado en la instrumentación rock. La cultura de la guitarra preparada, afinaciones alternativas y experimentación de resonancias dio a este álbum su sonido industrial, mecánico y agudo como cuchillo. Sus guitarras hablando en el lenguaje del performance del anti-arte, sólo están acompañadas por un bajo y una batería que buscan al menos servir de sendero improvisado. Conforme avanza el disco, la banda descubre dentro de su navegación lo glorioso y hasta melódico del exhausto espectro sonoro. Branca y compañía se adentraron en una mina y en su máxima profundidad encontraron maravillas que algunos empezaron a entender hasta años después.

 

DNA on DNA – DNA (1978-1982) Collection 

dna

Este es un álbum resultado de un trabajo de compilación excelente y necesario. DNA termina por ser, tal vez, una de las bandas con mejor química dentro del género. Su perfecta sincronización y comunicación recuerda a la configuración de bandas de post-hardcore que vendrían después. La agrupación misma daría a la calidad perdida de estas grabaciones una sincera demostración de talento. A pesar de poder comunicar con melodía y groove, no pierden de vista la necesidad por la innovación y reimaginación del instrumento. El territorio explorado por DNA es un ejercicio parecido al de This Heat en Inglaterra, pero nunca menos gratificante gracias a su singular personalidad.

 

Filth – Swans (1983)

filth

Antes de que Swans se convirtiera en ese monstruo eternamente cambiante y creciente, tuvieron origen en el contexto del no wave. A dos baterías y dos bajos, la instrumentación aquí es como música industrial pero con una expresividad intimidante que parece que, más que ser de máquinas, es de hombres marchando hacia un holocausto canibal. Gira le da voz a esta guerra y explora sin censura la psique depravada. Filth es el álbum imprudente, informado y reptil del género.

 

Bad Moon Rising – Sonic Youth (1985)

sonic

Sonic Youth fue tal vez la única instancia del no wave que salió al mainstream. Su trascendencia fue otorgada por un balance entre composición e innovación. Las piezas transicionales en los sets en vivo se vieron puestas en mismo valor que la canción. La guitarra fue revaluada como instrumento, tanto en su capacidad sonora como su manejo y su preparación. Es bueno ver a este álbum como el comienzo de unas capacidades bien cimentadas en la banda, como su oído melódico y talento pop que hicieron de su trayectoria una próspera. Bad Moon Rising crea ambientes sonoros coherentes y congruentes, nostalgia melódica e interlocución jovial, todo en algo que, por más experimental que sea, sigue siendo inteligible.

 

Conviction – UT (1986)

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Ya bien entrados a la década, el debut de UT era consciente de sí mismo y tenía una dirección más clara dentro de la escena no wave. Libre de la paradójica etiqueta, disfrutaba de comentarios instrumentales llenos de euforia optimista. Notable en su capacidad de salir de la norma sin perder un profundo sentido de groove, éste último era resultado de la química entre los miembros, incluso al proponer la locura. Vocalmente, mucho de lo canalizado aquí es obra de Patti Smith, aún cuando los ídolos punk habían caído. En adición, Conviction goza de ser parte de una escena sin tener compromisos con ella.

Otros esenciales:

  • The Complete Studio Recordings, NYC 1977–1978 – Mars (2003) Colección
  • No New York – Various Artists (1978) Compilación
  • Theoretical RecordTheoretical Girls (2002) Colección
  • OptimoLiquid Liquid (1983) EP
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