Vacas Sagradas: Funeral

En la primera mitad de los dosmil, el efervescente surgimiento de proyectos indie renovó el paradigma del caduco britpop a través de agrupaciones como The Strokes, The Yeah Yeah Yeahs, Interpol, The Killers, The Libertines, The Knife y demás, con riffs desfachatados, postpunk revival y electrónicos experimentales. A finales de este periodo, Arcade Fire, en 2004, publicó su primer LP,  Funeral: un corte etéreo que, en una atmósfera lúgubre, de composiciones eclécticas y alentadoras, trasciende el sonido de su generación y demuestra las ambiciones musicales de la agrupación canadiense en un álbum de diez actos que tratan la muerte, el amor, la familia y el hogar.

Después de su primer EP homónimo (2003), en el que prescindían de cuerdas añadidas a las guitarras y los bajos (ejemplo de ello es la primera aparición de “No Cars Go”, que sustituye los violines del Neon Bible por instrumentos de viento) y aún en la austeridad de las composiciones y la producción, Win y Will Butler, en conjunto con Regine Chassange y Richard Perry, emprenden el camino hacia la evolución del proyecto. Entonces, para inicios del 2004 y hasta el otoño de ese año, durante la planificación y grabación de Funeral, extienden su alineación: Howard Billerman en las baterías, Mike Olsen en el cello y Tim Kingsbury en el bajo y la guitarra acústica, entre otros miembros que sustituyen a la mayoría de los músicos de sus trabajos antecesores.

Con esta conformación (la cual fue efímera, pues sería modificada para grabaciones posteriores), la instrumentación y una idea visual a cargo de la artista Tracy Maurice, bajo un concepto épico y fúnebre, Funeral logra poner los oídos del mundo sobre Canadá. El álbum alcanza el gusto de personalidades como David Bowie y los irlandeses U2, quienes además de enaltecer el trabajo de los canadienses establecerían relaciones para hacerlos participes, como teloneros, del Vertigo World Tour en algunas de sus presentaciones durante el 2005. Esto ocurrió antes de las reminiscencias setenteras y bailables del reciente Everything Now (2017) -de Spike Jonze-, de los electrónicos en Reflektor (2013) y The Suburbs (2010) y del Grammy y la instrumentación eclesiástica de Neon Bible (2007). Ocho años después, lograrían consolidar la colaboración con Bowie en “Reflektor”.

¿Qué ha hecho al primer LP de Arcade Fire ser considerado uno de los trabajos más sobresalientes de la década pasada e incluso uno de los mejores discos de la historia y un merecedor de halago de los críticos y los productores musicales? La respuesta se encuentra en la introspección y la conceptualización artística; si bien no cuenta con una entera limpieza en la ejecución instrumental, la honestidad presente en cada fragmento del álbum y la consistencia de un concepto paradójico, en el que una atmósfera festiva funde el carácter luctuoso, hacen posible que cada composición se convierta en un himno de sus temáticas.

A manera de un ejercicio catártico en respuesta a las muertes que rodearon a la agrupación entre 2003 y 2004 (la abuela de Regine Chassagne, del tío de Richard Parry y el fallecimiento de Alvino Rey, abuelo de los hermanos Butler), los integrantes montan una ceremonia de despedida. Así, materializan la desesperanzadora “Neighborhood #4 (7 kettles)” -que manifiesta el dolor de una pérdida-, el aliento de las guitarras y los violines devastadores de “Wake Up” y la celebración nihilista de “Rebellion (Lies)” e “In The Backseat” -en la que Regine Chassagne, haciendo un guiño a Björk, demuestra su capacidad vocal-.

El amor manifestado en el matrimonio de Win Butler y Regine Chassagne es plasmado en “Neighborhood # 1 (Tunnels)” e introduce al álbum en medio de un piano y baterías chillones, contando la historia de un cortejo amoroso entre túneles de nieve. “Crown of Love” se acerca a la desorientación sentimental causada por el amor, entre punzantes notas de piano. Los conflictos familiares son tema de “Neighborhood #2 (Laika)”, donde el acordeón de apertura da paso a la historia de un hermano mayor rebelde, y de “Une Anne Sans Lumiere”, que trata los problemas de mantener una relación de noviazgo a costas de un padre en desacuerdo. El hogar, un tema articulado a través de todo el álbum en cada “Neighborhood”, remite en tonos melancólicos a historias de una comunidad. Y finalmente, en “Haiti”, un track luminoso y pintoresco, Reggine Chassagne hace presente una nostalgia por su lugar de origen.

Funeral es el despegue de uno de los proyectos más prometedores del siglo, una muestra de la capacidad artística de Arcade Fire y de tan sólo una parte del sonido que los define. Este es un álbum que posiciona a los valores estéticos -imperiosos- sobre la técnica y que, tras más de una década de su lanzamiento, se sigue confirmando como uno de los debuts más grandes en la historia de la música contemporánea.

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