Vacas Sagradas: Lust for Life

La carrera de Iggy Pop, como pocas en el ámbito de los grandes ídolos del rock, resulta un tanto inexplicable en cuanto a términos de éxito.  Su trayectoria con los Stooges es de esas que no fueron apreciadas hasta que se vio el impacto de la banda, años después de su separación; y su carrera solista cuenta con más de 20 álbumes, de los cuales sólo dos son considerados parte del canon del rock, eso sin ser en realidad muy exitosos. No obstante, su personalidad escénica y el mito que lo rodean son suficientes para convertirlo en un show esencial para cualquier promotor. La energía más primitiva del punk como motor para una carrera que tuvo más roces con el pop de los que nos gusta recordar.

Tanto críticos como fans pueden estar de acuerdo que el último gran clásico de Pop fue lanzado en el lejano año de 1977, un año clave para el desarrollo del rock y su separación del bluesLust for Life se codea con trabajos definitivos como LowTrans-Europe Express, Marquee MoonNever Mind the Bollock’sPink Flag Rocket to Russia. El año del punk, de los cimientos del post-punk y de la explosión del krautrock fuera de su natal Alemania, de la mano de Bowie y la creciente accesibilidad de Kraftwerk. Curiosamente, a veces visto como un subordinado a los álbumes ya mencionados, Lust for Life logra definir de manera general el sonido de 1977, un álbum que puede sonar a muchas cosas manteniendo una estética uniforme, y viéndolo desde el rock contemporáneo, atemporal.

Para entender la dirección que Iggy Pop tomó en Lust for Life primero hay que mencionar su primer álbum solista, The Idiot. Lanzado el mismo año, tan sólo unos meses antes, The Idiot suena como el trabajo de un artista completamente diferente. Concretamente suena a David Bowie. El inglés utilizó al estadounidense como un medio para probar su nueva dirección musical, la cual explotaría durante su afamada trilogía de Berlín. De ahí que el debut solista de Pop suene tan ajeno al resto de su discografía, lleno de toques electrónicos y frialdad provenientes de la escuela alemana de rock de los ’70. Era natural que, una vez libre de los intereses de su protector, Iggy encontrara en Lust for Life un sonido auténtico, al menos visto desde el contexto en el que lo habían situado su carrera con los Stooges y el padrinazgo de Bowie.

La mencionada autenticidad que Pop mostró en Lust for Life hace que para muchos sea el álbum que define su personalidad como estrella de rock y su carrera como músico. La batería al inicio del track homónimo del disco tiene la capacidad generar imágenes mentales de Pop corriendo de aquí a allá en un escenario, con la enjundia que le regaló al rock como frontman de los Stooges. La versatilidad de su voz en “Sweet Sixteen” y “Some Weird Sin” nos muestran un vocalista capaz y dinámico, llevando su presencia más allá de los conceptos de actitud y energía que definen a Fun HouseRaw Power. Su barítono y la profundidad lírica de “The Passenger” denotan que detrás del mito hay también sufrimiento y humanidad. Lust for Life mostró a un bufón haciendo malabares con las payasadas de su pasado y una prospecta madurez en el futuro.

Pequeños indicios de post-punknew wave se hacen presentes en la instrumentación del álbum. El punk cerebral de bandas como Television o los Talking Heads no dista mucho de la música de Lust for Life, llegando a ser similares incluso en las texturas de las guitarras y su aproximación noble al uso de la distorsión, una vuelta en U en relación al trabajo más reciente de los Stooges. Incluso el pub rock híbrido de Elvis Costello puede encontrar un contemporáneo en el segundo álbum de Iggy Pop, que muchas veces es pasado de largo en favor de ejemplos que pueden parecer más complejos e intelectuales.

A veces pareciera que el lugar de Lust for Life en la historia del rock es el de un pie de página en la música de finales de los ’70, tratando de encasillar a Pop como un vestigio del proto-punk, cuando en realidad estaba siendo parte activa de la vanguardia musical de la época, ya sea bajo la tutela de Bowie o propia. Pocos autores se atreven a encasillarlo como solista en algunas de las revoluciones musicales de la década, con todo y que tenía como colaborador y mentor al músico más camaleónico e ingenioso del momento. Es cierto que con paso de los años y los trabajos mediocres, Iggy fue demeritando su imagen artística para ser reconocido por generaciones jóvenes como el rockero viejo y arrugado sin playera, pero es de vital importancia tener presente que, durante unos meses en 1977, Iggy perteneció a la vanguardia del rock codo a codo con Bowie, VerlaineByrneEnoLydon. Tal vez si hubiera dejado de sacar álbumes después de Lust for Life sería venerado con el mismo esnobismo que esos nombres, pero el rock necesitaba un payaso e Iggy supo estar a la altura de dicha necesidad. Parafraseando esa frase que nos ha llevado al punto del hartazgo, o mueres como héroe o vives lo suficiente para convertirte en un bufón.

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