Vacas Sagradas: Killing Joke (1980)

Antes de que los nombres de Trent Reznor, Al Jourgensen y Steve Albini se abrieran paso en la escena musical como pioneros del particular sonido del rock industrial, Jaz Coleman, Martin “Youth” Glover, Georgie Walker y Paul Ferguson crearon un sonido muscular y directo en su álbum debut, Killing Joke (1980).

En la misma época en la que surgieron bandas trascendentales como Bauhaus, PIL y The Cure -que establecieron el arquetipo del sonido lleno de melancolía y teatralidad que les definiría-, Killing Joke surgió de una forma visceral; el uso predominante de ritmos sencillos y mastodónticos de batería, un bajo implacable, guitarras distorsionadas y la voz amenazante de Coleman les separarían por siempre de sus contemporáneos.

“Requiem” da inicio con el reflejo del sentimiento de alerta, presente durante la Guerra Fría. El sintetizador, en forma de alarma, crea una atmósfera tensa, mientras que lentamente se integran el trabajo de batería de Ferguson, la melodía distorsionada de la guitarra y la voz de Coleman. Cuando entra de lleno la canción, la transición entre el coro y el verso se da de forma natural: el bajo une al sintetizador y a la base rítmica de forma contundente, la pieza fluye como maquinaria pesada, en cualidad profética y pegadiza.

Cuando “Wardance” comienza, la mezcla que existe entre la voz distorsionada, el staccato de la guitarra y los ritmos tribales le dan un carácter hipnótico y primitivo. Es un claro llamado a la acción, en el cual se explotan los motivos de la corrupción política de la época y los conflictos humanos, algo que se mantendría a través de los años.

“Music for pleasure

It’s not music no more.

Music to dance to

Music to move.

This is music to march to

To war dance!”

“Tomorrow’s World” dibuja un paisaje sonoro desolado, en el que los arreglos minimalistas del sintetizador ayudan a complementar el trabajo rítmico. La voz, a su vez, entra en momentos clave con frases prolongadas y con cierta desesperación, lo que ayuda a fijar un ambiente pesado. Por su lado, “Bloodsport” es una pieza instrumental llena de funk que, a primera vista, rompe un poco con el sentimiento de las pistas anteriores. La sencillez de la pieza y su ritmo animado muestran una cara diferente conforme avanza la canción y elementos de drone se incorporan lentamente, para terminar con un zumbido abrumador de guitarra y abrir paso a “The Wait”.

“The Wait” es de un carácter violento y frenético; en sus tres minutos con cuarenta y un segundos, no hay ningún momento en el que la canción pierda fuerza y, cuando por fin llega el coro, este adquiere una cualidad hímnica, en el que su contundencia y su simplicidad le hacen memorable. Aunado a esto, la pieza establece lo que sería la columna vertebral de muchas de las composiciones de thrash metal y hardcore punk que se harían en años posteriores.

“Complications” (quizás la pieza más accesible del álbum) indaga en el letargo y en un estilo más cercano al goth gracias al trabajo de los sintetizadores y el uso del registro vocal más agudo de Coleman, a través del cual narra su descenso hacia la locura. “$,O,36” parece ser el producto de ese descenso en un viaje en el que música de naturaleza ritualista se intercala de forma extraña con el discurso de un alemán. El álbum cierra con “Primitive”, marcado por un groove contagioso, un dance que ayuda a expandir la potente entrega de la banda y una capacidad de lograr grandes cosas con arreglos minimalistas.

El impacto que tuvo el álbum en años posteriores es enorme en más de un género. Y hasta el día de hoy, cientos de bandas han adoptado parte de su sonido y estética. Por mencionar algunos nombres, miembros de LCD Sound System, Faith No More, NIN, Fear Factory, Nirvana, Soundgarden y Helmet han mencionado cómo Killing Joke ha influido de forma importante en su música. Es curioso, al analizar dicho impacto, notar que una banda tan relevante sea generalmente olvidada por una parte considerable del público. Si bien es apreciada por críticos, analistas y artistas, su trabajo queda rezagado en el conocimiento del escucha casual o el fan promedio, limitado a que canciones como “The Wait” y “Requiem” sean recordadas gracias a las versiones de Metallica y Foo Fighters, respectivamente.

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