7 clásicos menos conocidos de soul

Soul es muchas cosas y, para aquellos que necesitan firmes etiquetas, a veces sólo se presenta en muy pocas. Dentro de su fuerza gravitacional está James Brown y su modo secular, sexual y hechizo. La pintura en las paredes es roja y negra, decorada por misticismo carnal y dorado. El olor es sudor, perfume barato y algo quemado. Hay muchos pasillos conocidos a nivel doméstico pero los que sueñan salen a lo internacional. Esta es colección de la familia soul: delicada, psicodélica, protestante y sensual.

Ships Ahoy – The O’Jays (1973)

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Hay toda una vertiente del soul que decidió extender la monumentalidad y divinidad del gospel. Ese soul con arreglos de cuerda y obsesión por el desarrollo de dinámicas trajo a la mesa épicas de canto e instrumentación casi teatral. The O’Jays le dio lozanía a lo grandilocuente con simples canciones que aún gozaban de una lengua consciente de las realidades de su época. Estas letras, lejos de caer en el pesimismo, traían el espíritu benevolente y optimista dentro del gospel. A la par de esa misma grandilocuencia, la década y la oportunidad permitieron a Ships Ahoy experimentar con la psicodelia vecina del rock que iluminó en las épicas un sentido espacial no muy normalizado en sus contemporáneos. El conjunto de estas capacidades hacen de este esfuerzo uno bien comprensivo y eternamente relevante.

Silk & Soul – Nina Simone (1967)

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En muchos sentidos, Nina nunca se consideró a si misma como pieza central de una tradición de jazz, R&B o soul. La música clásica y de protesta eran nombres que abrazaban sus verdaderas pasiónes y necesidades. Sin embargo, gran parte de su obra le dio a estos géneros, comprendidos por el sonido soul, una voz única que incorporaba la intimidad de lo que Nina realmente sentía. Silk & Soul es parte del arca más accesible y sugestiva, la que no cae en la paciente vela reflexiva ni en el animoso estilo de protesta. De una especie de compromiso por parte de la artista por ser equilibrada, salió lo que hoy resulta ser el plano para el desarrollo del sonido soul más humano. 

Pieces of a Man – Gil Scott-Heron (1971)

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Scott-Heron empezó como escritor, pero su talento como pianista y gran oído lo llevó a la creación de un universo dentro de la música que ve lo cotidiano como el vehiculo intelectual y lo profundo como el espiritual. La música del artista es singular incluso tantos años despúes. Acompañado por la conectividad del jazz y funk, el artista aborda su spoken word como si fuera un cantante soul cualquiera. Con ese carisma y suavidad innata se guía por la frecuencia del baile para hacer transmitir algo más reflexivo. Esta marca de soul exige tanto de la viscera como del seso. El oído se habilita por una elocuencia poética de letras que, incluso en su profundización, no dejan de ser accesibles. Pieces of a Man es una especie de comunicado comunal, una bandera que exhibe visión y misión a todo el que vea a lo alto.

I’m Still In Love With You – Al Green (1972)

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Al Green es una leyenda y su éxito comercial es indudable. Su carrera fue definida por el lanzamiento de “Let’s Stay Together”, que generaría enorme reacción, y así el esfuerzo en una cultura tenía caras asomadas en la elite musical. Fue ese momento que el artista se ganó su lugar como cantante de soul y algunos dirían que sería el último grande. En el mismo año saldrían álbumes pares, donde el que hablamos aquí demostraría en retrospectiva ser otro importante parteaguas. La música de I’m Still In Love With You con astucia haría del sonido del artista un jugueteo entre libido y oración. El sonido del gospel y el soul conviven sin compromisos -ninguno pierde algo de su esencia- y esto dio pie, temprano en la época, al desarrollo de una nueva generación de soul. Tal vez Al Green fue el último de una primigenia existencia, pero fue también el primero de la venidera.

The World Is a Ghetto – War (1972)

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Este es un ejemplo dudoso del concepto soul cuando se vio confrontado a visiones que quizá inspiraban ideas ajenas. War logró aquí inspiraciones caóticas entre el reggae y el latin funk en una obra que se permite de vez en vez regresar a la lengua común. Este singular acercamiento al dub y al frenesí instrumental no se vio malcalculado, pues en su congruencia alcanzó impresionante celebración comercial. Canciones como “City Country City” probaron ambiciones nuevas en la comunicación instrumental y la naturalidad. En el sentido más estricto, War abrió puertas para el alcance de la nueva década, que buscaba más emoción, más foclor y más ingenio.

Hotter than July – Stevie Wonder (1980)

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Los setentas fueron años de transformación y máximo alcance artístico para Stevie Wonder, que con álbumes que aún dan la cara para toda su discografía y que fungieron un rol central de la historia musical, no tiene que discutirle. Empezando una nueva década, su función de suave funk y lírica apasionante se sentaron cómodos en las etiquetas de soul, pop y R&B, pero era claro que, tanto por una necesidad individual como por una colectiva, su carrera debía progresar. Hotter than July no fue un salto drástico de rumbo pero si fue misión de reconocimiento, de exploración e incorporación. Más folclor, más libertades melódicas y más tangentes en la composición fueron centros gravitacionales de un álbum que no se debe de poner en tela de juicio por sus predecesores sino en la perspectiva de su encarnación a un sonido soul que estaba en necesidad de ser más voraz y robusto en su estructura. Wonder lo logró con esta obra.

Grand Slam – The Isley Brothers (1981)

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La discografía de los Isley Brothers vive uno de los fenómenos más interesantes: es mal conocida y muy bien recordada. En los círculos más formales de la música, es vista como poco relevante al ser accesoria, pero en la manos del sector afroamericano que vivió esta época tiene otra historia. Al menos dos generaciones fueron atrapadas por el catálogo de este grupo que hizo lugar en la primera con su calidad y en la segunda alargó su vida al embrujar a jóvenes curiosos que terminarían por samplear esta discografía en la raíz del hip-hop. El sonido de Grand Slam es un ejemplo más de las capacidades del grupo para hacer música descaradamente sexual, abrasiva como el rock y cínica al momento de lucir su talento. El goce aquí es de un interminable sumistro de creatividad para el funk que se mueve agresivo como rock pero habla soul. Isley Brothers no debe ni teme, pues su obra es acogida por la historia aunque esta no se de cuenta.

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