El crítico de música que no amaba la música

El club de preservación del power chord es un lugar para aquellos que ven en el rock algo trascendental.

Durante mi breve e informal trayectoria como redactor de textos de música he conocido a varias personas inmiscuidas en el medio; muchas trabajando para las grandes publicaciones de música en internet y en los medios impresos. También, he conocido gente que se desempeña en trabajos particulares donde tener un conocimiento amplio sobre música popular es indispensable. Para mi sorpresa, muchas de esas personas saben tanto como el más casual de los fans, tanto como se los permita un playlist de Spotify o un descubrimiento fortuito en el cartel de un festival. Son personas que nunca han escuchado un disco de Marvin Gaye, que no les suena el nombre Neu! y que “ubican” una que otra canción de Prince. “Aman” la música, o al menos eso dicen, pero hay una gran diferencia entre amar y disfrutar. Creo que para que haya amor debe haber un cierto grado de obsesión.

Leyendo a los grandes críticos de la historia (Christau, Bangs, ScaruffiReynolds), uno deduce que hay que ser sumamente obsesivo con la música popular para poder escribir sobre ella. Hay que dejar a un lado cualquier prejuicio, dominar todos los subgéneros que nos sean posibles, todas las épocas, trascender la música contemporánea y echarse un clavado en todos lados. De cierta manera, hay que ser un snob de clóset, regocijarse de los descubrimientos que uno hace saltando entre páginas de Wikipedia y búsquedas de artistas en los servicios de streaming. Hay que realmente desarrollar un comportamiento obsesivo respecto a la búsqueda de más música, tener una ambición completista a la hora de escuchar las cosas.

Los grandes pueden enlazar cualquier canción, cualquier álbum, con una cadena de influencias que lo remitan hasta un origen. Pueden soltar nombres a diestra y siniestra, como si fueran una enciclopedia lista para ser consultada en cualquier momento. Tienen la idea completa de las cosas porque su bagaje se los permite. Pueden traducir su obsesiva necesidad de investigación en conocimiento práctico, el cual dé un panorama sumamente completo para formular una crítica. ¿Por qué? Porque para ellos la música no es un hobby, es una obsesión. Es un modo de vida, es investigación implacable, es la tarea imposible de buscar completar algo que no tiene fin.

Conozco a varios de estos grandes, pero lamentablemente la mayoría no escriben en publicaciones, que muchas veces buscan cualidades que no tienen nada que ver sobre lo esencial, el conocimiento musical. Éstos grandes trabajan en tiendas de discos, son investigadores o profesores. Todos tienen en común una misma medida de curiosidad y obsesión. Mientras las revistas y portales tengan que vender una identidad más relacionada al lifestyle que a la música en sí, seguirá habiendo personas “profesionales” con las que no se puede platicar sobre afrobeat, black metal o country, porque su falta de curiosidad no les permite ver que hay más allá del indie, creando así un obstáculo que no permite desarrollar una obsesión, derivando en opiniones huecas, sin fundamento, en pose, en lifestyle.

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