En defensa de Bones

A pasos agigantados, el hip-hop avanza con la antorcha de líder de la música moderna. El rol trae consigo grandes y pesadas responsabilidades en cuanto a la invención y el desarrollo. En esta década, decir que algo es original ya es incoherente y las expresiones artísticas se presentan como inmensas amalgamas de influencias. Para que hoy nazca un movimiento con verdadera relevancia, no basta con decir “es como metal pero más rápido”; las creaciones de la posmodernidad son para decir “es como plunderphonics con samples de pop de los ochenta a mitad de velocidad con beats de downtempo y una estética nostálgica digital de Windows 95”. Sin duda, ante esto, los ojos críticos necesitan afilarse para discernir entre lo trendy y la verdadera propuesta, entre lo irónico y lo verdaderamente valioso.

Una de las novedades en lo que va de la década es el cloud rap, a veces mezclado con el extraño concepto de internet rap. Este, normalmente, es connotando al hip-hop influenciado por trap y ambient. Es un sonido etéreo, onírico y electrónico, que llamó la atención con su universo nostálgico y multicultural que, a su vez, iba quebrando algunos de los aspectos más dogmáticos del género. Para algunos, lo exhibido aquí tendría origen en el homónimo y debut de cLOUDDEAD, que parece ser la primera instancia de este estilo abstracto y psicodélico. Años después, desde los abismos de aquellas plataformas como Soundcloud y Bandcamp, entre otras más ignoradas, salieron artistas que a veces, por deseo propio, mantenían su presencia como misteriosa mientras que su identidad digital crecía, todos con extrañas relaciones fan-artista y estrategias de promoción disidentes. Llegaron los jóvenes MC’s con identidades visuales ricas en variedad así como con sus propias personas. Vimos la llegada de Lil B como predicador de un estilo de vida positivo y una lengua indescifrable que parecía rapear sin sentido o dirección, con flows e interludios cantados que estaban tan mal logrados que no podían ser otra cosa que irónicos; pero este no dejaba de ser relevante en la cultura con su extenso uso de redes sociales, humor y creación de bailes como “cooking”. También aterrizó Yung Lean, un niño sueco de 16 años con una marca de hip-hop inspirada en fantasía japonesa y vaporwave, haciendo popular el “crouch”, el té Arizona, las mangas largas y los bucket hats, todo bien lucido por su crew, los Sad Boys. Apareció Clams Casino como productor esencial y Spooky Black como otro ejemplo relevante de esta singularidad. No fue sino hasta la llegada de A$AP Rocky que mucho de esta sub-cultura oculta (y de este micro-género) se solidificaría con Live. Love. ASAP, una década después del debut de cLOUDDEAD.

A pesar de que A$AP traería cierta seriedad y profesionalismo al estilo, este no lo transmitió en su forma más pura; los pioneros del género cargaron con toda la responsabilidad de su escena. Esta madurez no parecía tener fecha de entrega: los exponentes mantenían una pobre cultura de trabajo en donde la obra no era distinguible de entre lo irónico y lo que genuinamente carecía de talento. La mayoría de los nombres en presentación sólo ofrecían resultados mediocres. Hoy, en 2017, el terreno es más firme y el cloud rap permanece ya no tanto como una escena fresca para los cazadores de novedades, sino como un micro-género que aún no termina por encontrarse pero que sí tiene mucho de qué hablar. Dentro de la maraña de su propia intrascendencia, hoy se alza la figura de uno de los exponentes que quizá más empeño han puesto a su universo, más claridad han tenido en cuanto a su identidad y mejor criterio han logrado aplicar a su obra.

Bones nació contemporáneo a los anteriormente mencionados y, por lo tanto, comparte hechos con los mismos, como lo es un ritmo de trabajo hiper prolífico -en la forma de un sinfín de videos musicales y mixtapes, una necesidad absoluta por la nostalgia digital y un sonido onírico e hipnotizante.  Sin embargo, logró distinguirse de ellos a través de la creación de una personalidad e identidad gráfica más específica, diferenciada y coherente alrededor de sus dimensiones.

Su representación es resultado de una mezcla entre el metalero y el hip-hopero, reflejado en jeans Balmain, AF1 y playeras de Burzum. Su exhibición viene en forma de cortos videos musicales al estilo del VHS, mironeando y headbangeando mientras recita sombrías letras rodeado de una atmósfera audiovisual pesada, conductora y nocturna. Su alcance se hace presente en un semblante que, antes rígido, a veces gana valiéndose de la ironía para jugar entre lo ridículo y lo severo sin cuestionamiento. Cortejando al autotune, sus videos son parodia de sus atrevimientos R&B. Las referencias al vaporwave, las gesticulaciones exageradas, las interesantes selecciones de vestuario, así como un sentimiento de menosprecio son también elementos tangibles en los mixtapes con nombres como Garbage, Creep, Cracker cuya naturaleza es ilustrada a profundidad en las letras. Todas sus decisiones son claramente conscientes del riesgo que implican y, por lo tanto, son capaces de tener un sentido del humor.  

Musicalmente, Bones sigue plagado por la costumbre del exceso de producción, misma que arriesga la calidad de su trabajo y casi garantiza la mediocridad tan característica de su género. No obstante, sí se distingue un curado ejército de productores que le han otorgado validez a sus sonidos; ellos componen el universo del artista en lugar de fungir como simples reiteraciones de hip-hop sureño bañadas de reverb. Su interpretación ha sido lograda con murmullos, gritos y cantos que resultan apreciables en el contexto lúgubre y que no se limitan, así aprovechando sinceras habilidades de flow y dinámica. 

Las letras, si bien no siguen una lógica lineal, siembran una cualidad personal que terminan por mostrar que Bones es una verdadera y prevalente identidad que el hip-hop ha echado del lado. Aquí parece que el artista toma la singularidad de nombres como Three Six MafiaBone Thugs-N-Harmony en su aspecto más peligroso. Estos artistas, más allá de exhibir la crudeza callejera con la violencia como vehículo, la expresaban a través de métodos siniestros. El MC goth no es uno del que usualmente se hable porque casi no existe y, en sus iteraciones históricas, resulta de mal gusto. Cercano a ello, pensemos tal vez en un Tyler, The Creator cerca de su mixtape, Bastard, o el sencillo “Yonkers” donde el MC se presentaba como uno cínico perverso. Este último no terminó de cuadrar con la imagen jovial de skater bromista. La orientación de Bones ha tomado con afán a todos los aspectos macabros, desmoralizados y melancólicos de la fantasía artística musical y los trajo a la cotidianidad del hip-hop.

Su compresión de la industria musical actual también lo ha visto bien centrado en lo que parece una estrategia redonda en su carrera. Alejándose ya por casi cuatro años de cualquier nexo con artistas de alto calibre, contratos discográficos, presentaciones en festivales de renombre o cualquier entrevista o inclusión a la industria musical típica, ha logrado mantener su seguimiento de culto cercano a través de los canales digitales donde más se consume música. Con un catálogo sumamente accesible para aquel que lo quiera encontrar, parece que su enfoque en canciones que duran alrededor de los dos minutos (duración punk) es sensible al consumidor musical moderno que cada día tiene menos tiempo para consumir más.

Mientras tanto, la relación con el mundo hip-hop se logró bajo términos individuales. Se construyó un circuito de shows de nicho que viven por su famosa energía transmitida gracias al compromiso de los artistas. Encontrando contemporáneos con intereses y valores similares, Bones consiguió una cooperativa que deja fuera cualquier necesidad de compromiso con promotoras. HollowSquad, Waterboyz y Healthyboyz junto con TeamSesh es el circuito verdaderamente independiente del hip-hop moderno.

Actualmente, la cultura del hip-hop se mueve engañosa y ágil. La excentricidad se normaliza en un abrir y cerrar de ojos y la novedad se añeja, a veces amarga. Sin más que una inclusiva dedicación a su obra, Bones trajo más que música: ha lucido un comprensivo cosmos de lo relevante y de lo rutinario. La maravilla de Bones yace en su profunda gama de influencias que maneja con serenidad cuando es necesario mientras que admite la pena ajena del artista moderno. Quizá en ese juego de formato y consumo el artista carece, pero definitivamente hizo de un micro-género un propiedad. Bones es definitivo en su intervención y sustancial para nuestra década de hip-hop.

Debido al limitado registro de su música y su amplio catálogo, aquí enlistamos buenos ejemplos de la obra de Bones y de sus diferentes cualidades:

“Dirt”, la primera que viene a la mente y la cual eventualmente sería sampleada en “Canal St.” de At. Long. Last. -final de la trilogía de A$AP, el cual a pesar de ser un álbum decepcionante sirvió para darle reconocimiento a Bones como pieza clave del sonido del artista-.

AresianWateres el lado algo encubierto del artista, el cual, con el uso de autotune, consigue de alguna manera mantener los hilos generales de su identidad sin causar disonancia. 

“USB” es parte de lo que podría ser una saga en el catálogo de Bones, junto con canciones como “WiFi”,” AUX” y “HDMI” entre otras. El hilo en común siempre son las menciones líricas que contemplan la tradición del hip-hop traduciéndola a la obsesión digital, como en “IP’s getting traced then your veins getting laced, With the finest visual tracking that this planet’s got today”. La absoluta decadencia digital.

Hace no muy poco, Bones sacaría USELESS  y asustaría a la mitad de su público; sí, el que ya estaba de su lado. “RestInPeace” resulta ser un simbionte enorme de trap sureño mezclado con una inesperada interpretación vocal. Aquí, ese peligroso mundo de metal y hip-hop es tan coherente con la trabajada escenificación de Bones que hasta resulta innato.

En “Ribs” es fácil admirar la económica fórmula del artista que, en menos de minuto y medio, logra estructurar, explorar y decir con confianza que fue suficiente.

El trabajo visual de Bones se resalta una vez más con su paciencia elusiva a la inmediatez. Este es uno de los ejemplos más comprensivos de la gama del artista.

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