15-65: ¿Cuál es el mejor álbum del 2007?

En 15-65, analizamos los mejores trabajos de la música popular -empezando en el 2015 y terminando en 1965- para determinar cuál es el mejor álbum de cada año.

Al analizar los trabajos que fueron lanzados en el 2007 (que personalmente considero un año clave para mi desarrollo como obsesivo de la música), pareciera que cuentan con una cualidad atemporal, en el sentido en el que parece que llegaron a nosotros ayer pero se quedaron a nuestro lado toda la vida. Para aquellos preocupados por el paso del tiempo, diez años es una tragedia. Para aquellos preocupados por la música, diez años es un cambio total de paradigmas. Podemos pensar en cómo cambió el rock de 1984 a 1994, dando una vuelta de 180 grados a base de sensibilidad, producción y tecnología. No obstante, parece que del 2007 a la fecha no hemos experimentado un cambio tan brusco o radical como en cualquier periodo de 10 años en otros puntos de la historia de la música popular. La llegada de la accesibilidad digital dio un vuelco impresionante al rock y al indie para luego dejarnos atorados ahí, en lo que parecen pocos cambios significativos de la manera de aproximarse al género desde el minimalismo de Is This It y la revolución dance punk de sus contemporáneos neoyorquinos. Es por eso que, aparte de analizar los mejores álbumes del 2007, este texto sirve para reflexionar sobre el estancamiento del indie, el cual dejó el camino abierto para que el hip-hop y el R&B se convirtieran en cunas de los himnos de la juventud alternativa.

Empecemos el desglose de un año indie céntrico con una observación sobre el hip-hop. Aparte de Graduation de Kanye West, ningún otro álbum de ese año se ha convertido en parte del canon del género en la actualidad. Es más, Graduation ni siquiera está entre los trabajos más destacado de West, pero es el que lo vio dejar su personaje de College Dropout Late Registration para abrazar la personalidad megalomaníaca que lo define como uno de los grandes artistas de nuestra época; fue así que se consolidó la idea del rapero como la nueva figura pop star. De igual manera, un trabajo no tan destacable de Kanye West sigue siendo una vara muy alta para la mayoría de los artistas de la actualidad.

Otra observación interesante es notar a quién le pertenece el año y, viéndolo desde los hechos, podemos afirmar que Panda Bear fue un hombre ocupado (y aclamado) en el 2007. Con Animal Collective logró encontrar un camino lejos del freak folk de Feels para centrarse de lleno en lo peculiar y lo bizarro, poniendo las primeras lozas del camino que llevaría a Merriweather Post Pavilion. Aparte de eso, su tercer trabajo como solista, Person Pitch, lo posicionó como uno de los artistas experimentales más exitosos, con una capacidad envidiable para atraer a los fans del indie a sus intrincadas composiciones de corte psicodélico y pop. Para muchos, Person Pitch es, sin problemas, el mejor álbum del 2007, más no es nuestro caso.

En el ámbito de la electrónica, el 2007 produjo uno de los grandes clásicos de culto de la década: Untrue. El segundo álbum de Burial reunió dos de las grandes tradiciones de la electrónica inglesa, el dubstep y el UK garage, en un trabajo alabado por fans del IDM y del ambient. Con la explosión del brostep a la vuelta de la esquina, Untrue se convirtió en el último bastión del dubstep en su concepción pre-Skrillex. En el lado pop de las cosas, Justice puso a Ed Banger Records en el mapa de la electrónica mundial, haciéndonos creer por un par de años que Francia lideraría el renacimiento del EDM cool. Su debut  fue un revelación en su momento, la cual ha ido perdiendo impacto con el lanzamiento de los trabajos posteriores de la banda, pero sin duda vale la pena reconocer una obra que se volvió parte del ADN del mainstream de la década con sencillos tan atrevidos como “Waters of Nazareth” o “Let There Be Light”.

En la sección de “trabajos no tan específicos que no podemos encasillar en las categorías generales de esta nota”, hay que destacar el ya mencionado Kala, cuya ecléctica mezcla de influencias dance del tercer mundo logró un balance suficientemente interesante y accesible para ser aclamado y aceptado por el público pop. M.I.A. pasó de ser una estrella del under a una de MTV con “Paper Planes”, uno de los hits mundiales más interesantes en términos de producción. Asimismo, Battles lanzó su debut Mirrored, un vistazo artístico y bien condensado de los mejores vicios del math rock, dejando a un lado los aspectos negativos que hicieron del género un bodrio de técnica y destreza sin musicalidad, trascendiendo así etiquetas de género. Para nosotros, (Diego y Sebastián, los encargados de esta columna), Mirrored queda como el segundo mejor álbum del 2007, por si traían la duda.

El shoegaze obtuvo dos de sus clásicos modernos con 23 de Blonde Redhead y el blackgaze de Souvenirs d’un autre monde de Alcest, el cual resultaría clave para el black metal en la segunda década del presente milenio. Y ya entrados en metalBaroness debutó con el Red Album, una revitalización necesaria para el sludge estadounidense -de paso llevándolo a las masas hipster de la época-, sobre todo cuando Mastodon se estaba inclinando hacia el metal progresivo. De igual manera, el thrash encontró aire fresco en The Blackening, con una mezcla de thrashgroove menos predecible que la de Lamb of God y con más énfasis en la estructura musical. En el post-metalNeurosis regresó tras una pausa de tres años con Given to the Rising: para muchos su mejor trabajo del nuevo milenio (y con justa razón).

Y finalmente, el indie. El 2007 consagró a las grandes promesas del género como estrellas del nuevo mainstreamArcade Fire encontró una audiencia más amplia con Neon Bible, un trabajo peculiar que elevó a la banda a otro nivel gracias, en parte, al hype que se había generado por Funeral. De la misma escena de Nueva York que años antes había concebido a Interpol y a los Yeah Yeah Yeahs se erigió The National, condensando las mejores tendencias de sus trabajos anteriores en Boxer –un álbum de indie con producción de grandes ligas- creando así un sonido que demostró no perecer tan fácilmente como el de sus contemporáneos de MGMT, quienes pusieron su mezcla de influencias psicodélicas e indie justo en el centro del mainstream.  En Inglaterra, los Arctic Monkeys lanzaron Favourite Worst Nightmare, expandiendo su sonido más allá de lo predecible con base en su debut y dando pauta para el comienzo de su fama fuera de Europa, mientras que Radiohead lanzó su álbum más orgánico desde OK Computer y el más reconocido desde Kid A. De los bosques de Wisconsin surgió el melancólico favorito de los millennialsBon Iver, con un debut que le dio nueva vida al indie folk y generó decenas de refritos. Sin duda el 2007 fue el año clave para el establecimiento del indie como el género estándar del rock en la actualidad, creando la nueva camada de headliners para el circuito de festivales del mundo. No obstante, de los artistas que hicieron el salto a la relevancia pop en el 2007, nadie se ha mantenido con un estatus tan mitificado, de culto e influyente como LCD Soundsystem.

El mejor álbum del 2007 es Sound of Silver, el segundo trabajo de la banda liderada por James Murphy. Si bien su debut homónimo, LCD Soundsystem, logró una impresión efectiva debido a su sensibilidad old-school y humor millennialSound of Silver combinó los elementos más destacados del debut con el oficio de la canción pop, todo en un paquete mejor condensado y accesible. El genio de la banda recae en el abrazo de la repetición, en construir canciones a partir de un beat y dos acordes, dejando a las dinámicas la responsabilidad de conducir la música. En este sentido y en teoría, la música de Sound of Silver es algo que funciona como krautrock, pero la predilección de la banda por todo lo relacionado con el dance hace que los elementos más experimentales del rock se vean revestidos de pequeños paneles cristalinos que en su totalidad consolidan una bola disco ciertamente extraña.

Otro de los puntos fuertes de Sound of Silver es el limbo en el que se encuentra James Murphy: muy viejo para ser millennial pero suficientemente joven para ser una de las voces de dicha generación. Esta identidad confusa de edades y gustos en el nuevo milenio dan como resultado un trabajo que es esencialmente música electrónica tocada con instrumentos de rock, el ápex de aquellos que los críticos comenzaron a llamar dance punk a pesar de que tiene mucho dance y no mucho punk. La visión musical de Murphy se quedó atrapada en la de todas las bandas que menciona en la canción de su debut “Losing My Edge” y, de manera coincidental, son todos los pioneros y pilares de la música alternativa como la conocemos hoy en día. El esnobismo que surge a partir de un gusto musical tan exhaustivo deriva en una paleta de influencias de verdad interesante, algo que muchas veces hace falta para crear música trascendental. A manera de burla y tributo, Murphy dice lo siguiente:

“But have you seen my records? This Heat, Pere Ubu, Outsiders, Nation of Ulysses, Mars, The Trojans, The Black Dice, Todd Terry, the Germs, Section 25, Althea and Donna, Sexual Harrassment, a-ha, Pere Ubu, Dorothy Ashby, PIL, the Fania All-Stars, the Bar-Kays, the Human League, the Normal, Lou Reed, Scott Walker, Monks, Niagra, Joy Division, Lower 48, the Association, Sun Ra, Scientists, Royal Trux, 10cc, Eric B. and Rakim, Index, Basic Channel, Soulsonic Force (“just hit me”!), Juan Atkins, David Axelrod, Electric Prunes, Gil! Scott! Heron!, the Slits, Faust, Mantronix, Pharoah Sanders and the Fire Engines, the Swans, the Soft Cell, the Sonics, the Sonics, the Sonics, the Sonics”.

Parte del ADN de la música de LCD Soundsystem son el hip-hop, el post-punk, la salsa, el free jazz, el garage, el avant-garde y el synthpop pero, sobre todo, el culto a Nueva York, como se puede apreciar en la procedencia de muchas de las bandas enunciadas. Como pocos artistas en la historia de la música popular, James Murphy mezcla sus influencias musicales con su contexto geográfico casi por de facto, dando a Nueva York una voz y un soundtrack tan particulares y efectivos como no se había escuchado desde que The Velvet Underground lanzó su debut en 1967.

Para apreciar el mejor álbum del 2007, a diez años después de su lanzamiento, basta con notar cómo muy pocos se han puesto al día con la revolución que inició LCD Soundsystem. Si bien el resto de los trabajos que pueden caer dentro de la etiqueta indie tuvieron un sonido fresco, hoy suena estancado por una indiscriminada explotación y una escasez de ideas. Sound of Silver, una bestia muy compleja pero con fachada simple, resulta más difícil de canalizar e imitar que, digamos, Oracular SpectacularFavourite Worst Nightmare, razón por la cual sigue sonando genuinamente auténtico y con la misma cualidad atemporal de los trabajos de Neu!Kraftwerk.

Recapitulando “Losing My Edge”, Murphy dice “I was the first guy playing Daft Punk to the rock kids. I played it at CBGB’s. Everybody thought I was crazy“. De la misma manera, podemos agradecer a LCD Soundsystem por introducir a muchos rock kids a la música electrónica, por fusionarla con el indie y por hacer que se tome a sí mismo menos en serio. Sound of Silver es gracioso, honesto, por momentos conmovedor y melancólico, un trabajo que supo representar sin tapujos a un hombre cuyo tiempo ya había pasado, pero que lo exigió de vuelta y se lo dieron a base de colarse en una generación que no es la suya y entenderla mejor que los que forman parte de la misma, estableciendo una nueva definición de cool en el proceso.

2007:

 

  1. Sound of Silver – LCD Soundsystem
  2. Mirrored – Battles
  3. Untrue – Burial
  4. † – Justice
  5. Graduation – Kanye West
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