Vacas Sagradas: Homogenic

El bosque, el campo, el desierto, la tundra, la gran ciudad, el ghetto, la zona industrial, el aislado pueblo, la villa costera. El lugar no se comprende solamente como una pieza importante dentro del arte, es más bien parte constitutiva de ella. El nexo es uno indestructible en su naturaleza interdependiente. Y no es que no tengamos movimientos que buscan explorar los lugares de lo inmaterial o nuevas representaciones como la del mundo digital, pero sigue habiendo una intoxicante realidad material que permea la mente creativa y así exige ser representada. Esta no sólo es contexto pero también se reincide a sí misma como símbolo y vehículo al darnos cuenta que el mismo existe en la cabeza y constantemente se revela.

Dentro de la música, quizá la narrativa más común siga siendo ese generalizado concepto de amor, pero en segundo puesto es fácil imaginar la del “lugar”. El country, blues, rock, hip-hop, electrónica, incluso si quieren exagerar hasta el black metal, todos tienen arraigado el lugar como fuerza inescapable de la expresión. No sólo es definido, retratado y a veces cortejado por el componente lírico, también ha logrado permear a la experiencia artística en un componente más profundo. Hoy usamos como descriptivos Nueva Orleans, Compton y California. Estos son serviciales porque engloban idiosincrasias culturales, trae claridad a los moldes que engloba la manera en que la gente se expresa y lo que los rodea. Tan definitivo ha sido el lugar, que hablamos de rock inglés contra el americano, sabemos qué significa hip-hop neoyorquino en contraste con el californiano, sabemos que la electrónica que suena en Berlín no es la misma que la de Detroit.Entendiendo el peso que tienen estos, nos vemos obligados a poner atención a las características que cada lugar ofrece.

Alguna vez en este medio reflexionamos acerca del por qué y el cómo hemos llegado a una cultura musical popular que parece no salirse de Estados Unidos e Inglaterra. Sin embargo, si escarbamos, podemos encontrar ejemplos alrededor del mundo de artistas influyentes que lograron librarse de estas limitaciones. Al observar a estos artistas, automáticamente se hace aparente que su singularidad crece en su contexto, aparece un sabor diferente.

Parece mejor discutir las raíces contextuales de la islandesa en lugar de tomar el camino hacia una red compleja de estilo y género.

Islandia es tierra joven, volcánica, glaciar, geo termal; es biológicamente activa. Sigue mutando, rodeando sus propias capas para enclaustrar potentes tensiones que después salpicaron a la superficies en forma de géisers. Sigue encerrando los cuerpos volcánicos para crear sepultados lagos que el clima desata. Crean fantasmagóricas escenas con sus auroras boreales y humeantes volcanes.

Para la islandesa, todo esto fue inescapable, igual que las costumbres e idiosincrasias de esta singular comunidad. Fueron las realidades de su contexto que dieron la base sobre la cual otras influencias florecerían y construirán su propio espacio dentro de la cabeza de la artista.

Björk alguna vez resaltaría la creatividad como algo común, algo que veía en cualquier persona. En su juventud, recordaría a su abuelo mostrándole Polaroids de chimeneas que había construido con gran orgullo y el meticuloso trabajo de su padre, un electricista. Estos simples detalles descritos por ella como actos de coraje, divina obsesión y creación se asemejan a su proceso creativo; los ejemplos primordiales de la intervención humana. Björk desarrolló sensibilidades para que su capacidad de creación, a pesar de tomar un largo tiempo en constituirse, sea lo que conocemos hoy. A pesar de explorar el ambiente musical y tener variadas influencias y proyectos, se mantuvo sin grabar ninguna de sus propias canciones hasta los 27 años. Todo permanecía encerrado en un lugar dentro de su cabeza, donde las ideas naturalmente interactúan y se salpicaban unas a otras, se complementaban y cada día se solidificaban más. Björk diría que, cuando su carrera empezó, podía acceder a cualquiera de estos lugares en su cabeza, a la manera de abrir una puerta, y así podía iniciar el preceso para materializarlos.

Para Homogenic, Björk, en su obsesivo estilo de trabajo, necesitó de un encierro -primero en Málaga y después Maide Vale, Islandia-. Durante ambos, la artista ocupaba los espacios como claustros materiales de su mente que solamente abandonaba para comer; simples cuartos se convertían en extensiones de la mente creativa. Así se vuelve claro el concepto del lugar como algo que no es tan material, sino que es el espacio, la representación e intervención, la planicie donde todo esto puede interactuar eternamente.

La música de Björk -y sobre todo en este tercer álbum- permanece como experiencia musical amplia, detallada e inmersiva. No vale la pena hablar de estilos, ni de las influencias integradas tanto atrás como adelante. Quizá en otra ocasión hablemos de el año donde Björk se enfrentó a Kid A o de cómo Kate Bush, Joni Mitchell y Steve Reich hablaron palabras de un lenguaje que Björk convertiría en suyo. Hoy queremos hablar del lugar que crea la obra de la artista.

Homogenic buscaba propiamente una experiencia unificada y, muy dentro de las líneas del ambient, crear un espacio coherente que tuviera la capacidad de existir. Aquí hubo un pequeño desapego de la percusión de Debut y Post y esto se solventó con el énfasis en los arreglos de cuerda. Claro, todo esto sin perder ese aspecto tan digital de los beats de Björk. Sobre estos cayó el ya característico estilo vocal de la islandesa que, con su extraña paciencia, parece dar pasos medidos antes de cada nota para aprovechar su momento de exposición al máximo. Esos pequeños suspiros, inflexiones y elongaciones navegan música que no es fácil para nadie. A la vez que los arreglos de cuerda soplan sigilosos mientras construyen y colorean, los experimentos electrónicos traían tormenta y deformaciones intermitentes, caóticas, quebradas y accidentadas.

“Joga” relata el estado mental con sugerencias a los incidentes caóticos y el paisaje emocional. “All Neon Like” sigue la temática del proceso de desmenuzar, desplegar y jugar con las cuerdas desprendidas en donde el capullo también aparece como conversión. “The less room you give me, the more space I’ve got” aparece en el contexto de “Alarm Call” como una confrontación. Lo que empieza con “Hunter” acaba con “Pluto”. “All Is Full of Love” parece al fin darle permanencia y quietud a lo que parecía desbocado.

El álbum se despliega con un contraste de suavidad y emocionalidad que convive con sus propios cambios sin saltar a la vista como erróneo (más bien, como un pliego natural). Björk navega estos paisajes sonoros sin cuidados y parece que se embarca como exploradora a territorios inhabitables, transformándolos en su recorrido. Así, un espacio mental donde no es extraño encontrar incidentes se vuelve real y nos da vistazos de algo que a lo mejor no es Islandia, ni tampoco un bosque o un volcán, pero sí un espacio habitable dentro de la mente creativa.

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