15-65: ¿Cuál es el mejor álbum del 2008?

En 15-65, analizamos los mejores trabajos de la música popular -empezando en el 2015 y terminando en 1965- para determinar cuál es el mejor álbum de cada año.

Año: 2008

A casi una década de su pasada, ya no es ninguna broma mirar en retrospectiva al 2008. Es justo preguntarnos con qué rostro presentaremos los últimos veinte años de música con un ya añejado entendimiento de las circunstancias culturales que las van envolviendo. El 2008 fue el año en el que salieron Death Magnetic y Black Ice, Viva la Vida y Only by the Night, año para leyendas agrias y un indie caricaturesco. Por ahí llegaron también esfuerzos imperfectos, como Devotion, Vampire Weekend y Antidotes (cada quién dirá si con los años quedó algo que rescatar de ellos). En el ámbito de los nichos, la electrónica tuvo concepciones de todo tipo con Los Angeles, Black Sea, Dragging a Dead Deer Up a Hill y Crystal Castles. De este último, vale la pena hacer énfasis al menos en su impacto cultural a través de una propuesta propiamente posmoderna que brotaría en los años por venir, definiendo así las ambiciones de un nuevo género.

Fue también año clave para el hip-hop, género donde el 808’s & Heartbreaks se recibió con un malentendido, pero no sin dejar una profunda incisión en la música moderna. Aquí, una vez más, Kanye West logró demostrar que el hip-hop ya no era cultura aislada sino una que inevitablemente se convertiría en combustible del pop y que él estaba en capacidades de llevar esto a cabo con un gran tacto. Adicionalmente, tal vez este esfuerzo fue uno de los primeros en presentar al MC en el cenit de su fama como una persona hipersensible; si alguna vez quieren rastrear la ocurrencia de fenómenos como Drake, aquí tienen la respuesta.

Finalmente, no podemos seguir sin hablar de Third de Portishead, que abordó la tradición británica que parecía lejana a una audiencia confundida entre estilo y contenido. Con Third se reconstituye el valor del trip-hop como algo trascendental.

Es así que llegamos contextualizados a nuestro seleccionado del año, el mejor álbum del 2008: Nouns de No Age. Hay elementos clave que siempre nos harán sonreír cuando hablamos de un gran álbum y estos nunca son exclusivos de estilos determinados. Fundamentalmente, es fácil apreciar música audaz, creativa, sencilla y dedicada; todo esto ocurrió en Nouns.

Al evaluar la música de No Age, ni siquiera vale la pena hacer énfasis en todos estos someros elementos  y en las discusiones de lo-fi, noise, pop, efectos y demás. Más bien, este es uno de los pocos casos en los que, dentro de algo que aparenta ser un vehículo más de lo trendy, encontramos una obra que se sostiene por sí misma. En Nouns, escuchamos la singular perspectiva de un pop rock moderno con una amplitud de creación sólo permitida por su enriquecido contexto musical. Los efectos digitales, la complejidad de un sistema sonoro buscando textura a la shoegaze, el noise como medio…, todo esto se usa pero jamás para ser protagonista, sino cómplice de una música sencilla que aún se regocija en simples valores de dulzura armónica, de elocuencia melódica y de energía dosificada.

Con respecto a la dualidad rockpop, ¿quieren que hablemos de la música popular volviéndose alternativa y vice versa? ¿Para qué? ¿Qué no recordamos a The Beach Boys, Ramones, U2 y Nirvana entre infinidad de ejemplos de valores cruzados? Es aquí necesario evitar obsesionarse con esta característica de un grupo que claramente, a través de su obra, busca hablar sin categorizar, que crea una diversidad coherente al cruzar géneros con descaro pero con tacto. Tenemos el pop inquieto de “Eraser”, la psicodelia moderna, barroca y casi electrónica de “Things I Did When I Was Dead”, el cuasi-ambient de “Keechie” e “Impossible Bouquet” (que no sólo maneja, concreta) y, para esas inescapables pasiones, los cortes punkrock abundan en “Sleeper Hold” o “Ripped Knees”.

En un año agrio y sin rostro, durante el cual algunos no se atrevieron a salir de la comodidad de una fórmula a la vez que otros abusaron del estilo a costa del contenido, Nouns, lejos de esto, escala sobre la influencia, sobre la cultura y la visión y crea una obra genuinamente inspirada en la expresión íntima que se vale por entender y no por ponerle lengua a su creación. La obra de No Age sabe lo que es y lo que no es; si las pretensiones de otra perspectiva crecen sobre el álbum, este no deja de mantener una esencia sencilla, audaz, creativa y dedicada. Para nuestra generación, este es símbolo de una persistencia artística por hacer con las manos más que con el cerebro, por hacer por querer y no por hacer. No Age sujeta a la música de la cintura y no pide nombres ni mucho menos, porque confía en su pasión.

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