El fan mexicano: ¿villamelón, malinchista o diverso?

El club de preservación del power chord es un lugar para aquellos que ven en el rock algo trascendental.

Hace poco, partiendo de un impulso de curiosidad, desarrollé un nuevo hobby: cada vez que percibo un entusiasmo desmedido en las redes sociales por alguna banda, me meto a Spotify para ver qué ciudad del mundo es la que más escucha a dicha agrupación en la plataforma. La mayoría de las veces, el resultado es el mismo:

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A partir de estas observaciones, se puede revelar un patrón del fan mexicano del rock. Primero, se confirma la noción de que este país y el britpop son uno mismo, tal como lo demuestran OasisBlurPulpThe Verve y Supergrass; en sus perfiles se aprecia que la Ciudad de México representa la mayor fuente de reproducciones para sus canciones. Esta afición por la música noventera de Gran Bretaña se extiende hasta sus antecesores, ya que Joy DivisionThe SmithsNew OrderEcho & The Bunnymen también tienen a la CDMX como su principal fan.

Asimismo, el indie de todos los colores y tamaños encuentran una ferviente base de seguidores en los chilangos, como lo demuestran las estadísticas de The StrokesFranz FerdinandInterpol, FoalsArctic MonkeysThe Killers. Incluso bandas que en cualquier otra parte del mundo parecieran ser de segunda mano acá tienen un estatus que les permite venir cada dos semanas y garantizar llenos, como es el caso de Foster the PeopleCapital CitiesEmpire of the SunMiami Horror, o Chromeo.

Del lado forever de la moneda, no resulta sorprendente saber que MetallicaIron MaidenLed Zeppelin, Black SabbathThe BeatlesGuns N’ Roses y The Rolling Stones también tienen sus reproducciones encabezadas por los chilangos. A todos estos nombres enunciados podemos agregar los de PlaceboMy Chemical RomanceMadonnaBeyoncéAdeleBruno Mars Ed Sheeran. El poder de la Ciudad de México de influir en la popularidad de un artista es sin duda un fenómeno interesante, pero… ¿a qué se debe?

Primero que nada (y poniendo lo obvio sobre la mesa) tenemos la demografía. La Ciudad de México es una de las urbes más pobladas del mundo, pero compite en Spotify con otros nombres constantes en las listas como Sao Paulo, Los Ángeles, Nueva York y Londres. Y a pesar de que tenemos densidades de población parecidas a las de dichas ciudades -sobre todo porque la estadística aplica únicamente a la capital, no a la zona metropolitana-, la diferencia entre escuchas puede variar por varios miles mensuales, dejando a la capital mexicana como el campeón indiscutido de hábitos de escucha.

En segundo lugar, está la devoción del fan mexicano, algo que hace que los artistas mencionen constantemente que la Ciudad de México es la mejor locación en el mundo para dar conciertos. Aquellos que tengan suficiente callo asistiendo a este tipo de evento sabrán que somos un público sumamente fácil de complacer. Un “hola” con acento extranjero basta para enloquecer a un estadio de 60,000 personas. Ésta tendencia podría partir del “malinchismo” que tanto plaga a la clase media y alta de este país. No es un secreto que los mexicanos tenemos un problema de identidad y orgullo nacional, que va desde rechazar al rock en español porque es de “nacos” hasta ir al lado gringo de la frontera a comprar ropa. El desdén por lo propio y la exacerbación de lo ajeno es el reflejo de una sociedad dependiente de Estados Unidos en muchos sentidos, sobre todo en términos culturales y de entretenimiento. Tal vez por eso nos gusta tanto la música anglosajona, a diferencia de países como Argentina o Brasil que tienen en un pedestal a sus leyendas locales.

Pero también podría defenderse esta predilección del mexicano por la diversidad internacional: después de todo, la Ciudad de México es una mezcla de culturas y tribus que conviven codo a codo todos los días. Esta ciudad alberga al festival de música iberoamericana más grande del mundo; no se puede tachar de “malinchista” a todo. Por el otro lado, ese festival depende mucho de headliners internacionales, más no sé si sea por una necesidad comercial básica o por la incapacidad de Latinoamérica de seguir produciendo actos de estadio. Esto no ayuda a explicar el por qué de las predilecciones tan particulares del mexicano, que tiene un romance con la música inglesa que ni siquiera los nativos de ese país tienen en Londres.

Éste fenómeno que descubrí a partir de un arranque de curiosidad me dejó con más preguntas que respuestas, las cuales requieren de un profundo análisis sociológico y de tendencias de marketing para ser respondidas. No obstante, mi deducción realizada a ojo de buen cubero es que el fan mexicano es particularmente villamelón. La verdad es que le entramos a todo y pareciera ser que no existe un sentido real de selectividad dentro de un marco referencial establecido, como lo es un género. El Corona Capital es el ejemplo de esto: todas las bandas de indie son tratadas, de manera indiscriminada, con devoción y admiración, sea quien sea. A mi parecer esto es un reflejo de la prensa de música independiente en México, ¿o será al revés? La cosa es que ambos, fans y publicaciones, no tienen un filtro para los marcos referenciales que se plantean. Si es indierock lo que tiene cierto nivel de éxito y relevancia comercial, en México será explotado, publicado y escuchado a más no poder, sin ningún tipo de análisis crítico más allá del “está chido”. Considero que no tenemos en México una cultura realmente crítica que permita discernir dentro del rock.

Al menos esa es mi deducción sobre el indie; sobre las otras tendencias, sigo tratando de entender el por qué. Tal vez en el futuro cercano logre profundizar en cuanto a la razón por la cual en México no somos tan emo darks y qué refleja en nosotros como sociedad la revelación de esas tendencias.

 

 

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