Columnas Vacas Sagradas

Vacas Sagradas: La Última Noche del Mundo

Cuando La Última Noche del Mundo cumplió 10 años, la banda decidió celebrar con un concierto en el Plaza Condesa, en el cual tocaron el álbum de pies a cabeza. Yo estuve ahí con mis amigos, rodeado de gente con máscaras DIY, playeras de diferentes etapas de la banda y en general un ambiente de buena vibra que cada vez es más raro encontrar en un concierto de rock. Llegamos sabiendo que ese concierto iba a ser el inicio de un descanso para la banda, un descanso que con el tiempo y las declaraciones comenzó a leerse más como una despedida. Realmente no sabíamos que esa podría ser la última noche de Austin TV, un hasta luego que giró alrededor del álbum que cambió el rock en México hacia el nuevo milenio, a la par de las revoluciones digitales que hicieron del DIY el nuevo lenguaje de transmisión del género. La Última Noche del Mundo fue el soundtrack perfecto para una despedida agridulce.

La música de La Última Noche del Mundo es esencialmente post-rock con pequeños toques estéticos de math rock. La diferencia es que, a comparación de sus contemporáneos nacionales e internaciones,  el sonido de Austin TV mantenía de principio a fin un enorme aura de optimismo. Desde los primeros segundos de “Roy Rogers” la banda deja claro esto, con la energía de las guitarras que pertenecen más al hardcore que al post-rock, creando una atmósfera agresiva y desafiante, hasta que aparece Chio San con su sintetizador, que llega a destruir todas las concepciones de lo que se puede o no hacer en el post-rock. A partir de eso, la canción empieza a sonar como una iteración instrumental de hardcore melódico que fundaron los Descendents, que eventualmente evolucionaría para convertirse en las primeras olas del emo. Ésta interesante combinación de influencias encontrada en “Roy Rogers” marca la pauta para el -hasta la fecha inigualable- sonido del debut de la banda.

El optimismo que denota la música de La Última Noche del Mundo viene de la fascinación del grupo con la estética e idea romántica que deriva de los cuentos de hadas. El caos entre lo estridente y lo mágico se puede entender en una película clave del cine mexicano de horror, Veneno para las Hadas, de la cual se desprende un sample para “Rucci”. Ésta trata la fascinación mexicana con la brujería y las hadas en un contexto de horror, generado en torno a las acciones de una niña. Esta contraposición de ideas hacen que la película genere una impresión duradera, y es la misma fórmula que hace que el sonido de Austin TV quede tan plasmado en el escucha: el perfecto control de un caos que por momentos suena como si lo hubieran hecho unos niños.

Aunado a estos matices fantásticos, La Última Noche del Mundo se mueve dentro de una rama muy particular de ciencia ficción, la de Ray Bradbury. El álbum obtiene su nombre de un relato corto del autor, en el cual una pareja al respecto de una pregunta que nos ha plagado a todos: ¿qué harías si fuera la última noche del mundo? Éste es un ejemplo de lo que define a Bradbury como autor, ya que centra el desarrollo de sus historias en las emociones y el conflicto humano en escenarios derivados del avance tecnológico y de las distopías posibles por nuestras acciones actuales. Por ejemplo, en “Roy Rogers”, durante el puente que da paso al clímax de la canción, la banda utiliza un sample del doblaje latino de Volver al Futuro; en el cual, Doc explica a Marty las posibles consecuencias de sus irresponsabilidades al viajar en el tiempo, al grado de crear “una paradoja que crearía una reacción en cadena, que podría reformar la continuidad de tiempo y espacio, y destruir así todo nuestro universo”. Es decir, dar paso a la última noche del mundo.

El fatalismo cuasi cínico que Bradbury plantea en sus relatos cortos -excelentemente compilados en El Hombre Ilustrado– se encuentra con la el misticismo del folklore mexicano que cree en brujas y hadas, creando una visión infantil del fin del mundo. En el relato que dio nombre al álbum, los protagonistas y todos a su alrededor llegan a la conclusión de que la mejor manera de pasar la última noche del mundo es apegándose a la rutina. No hay miedo, no hay caos ni debacle. Sólo hay gente en casa, satisfecha por lo que han vivido y compartido, esperando pacientemente y sin angustia el fin de la vida en la tierra. Unión ante el inminente fin, nunca darle control completo al caos, dejar que domine el optimismo. Los mismos puntos que hacen de La Última Noche de Mundo un referente atemporal y a Austin TV una institución de la música en México.

¿Qué harías si supieras que esta es la última noche del mundo?

-¿Qué haría? ¿Lo dices en serio?

-Sí, en serio.

-No sé. No lo he pensado.

El hombre se sirvió un poco más de café. En el fondo del vestíbulo las niñas jugaban sobre la alfombra con unos cubos de madera, bajo la luz de las lámparas verdes. En el aire de la tarde había un suave y limpio olor a café tostado.

-Bueno, será mejor que empieces a pensarlo.

 

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