Columnas Vacas Sagradas

Vacas Sagradas: The Joshua Tree

Intentar formular una crítica constructiva de U2 -o incluso un cumplido hacia su música- resulta casi imposible sin antes recibir un comentario de esos que van “Bono es un pendejo” o “U2 es una mierda”. El estatus de la banda más grande del mundo -y su grandeza es algo que se demuestra cada vez que anuncian una gira-, como el Nickelback del pasado, parece un tanto injustificado si tratamos de dejar las emociones a un lado y nos concentramos de lleno en la música. Es cierto que los últimos materiales que han lanzado varían desde lo mediocre hasta lo malo, pero el legado real de la banda pesa más que sus aventuras y desventuras en el siglo XXI.

La banda pasó la segunda mitad de los ochenta en una confusa transición de identidades. Su trasfondo católico e irlandés logró colarse, en múltiples ocasiones, en los primeros años de su carrera, en contraste con sus influencias estilísticas que derivan del punk post-punk de finales de los setenta. Esta combinación de conceptos opuestos se tradujo en un sonido que combinaba los elementos fundamentales de la vanguardia del rock de la época con lo más tradicional de la música pop ochentera, un sonido que hasta la fecha terminaría por ser imitado y explotado. No obstante, después de The Unforgettable Fire, algo extraño pasó con la banda y tuvieron la misma fiebre por la que pasaron los Stones, los BeatlesThe Who al principio de sus carreras: se enamoraron de la cultura estadounidense.

El nombre y la portada de The Joshua Tree son referencias directas a esa imagen romántica de la destrucción del sueño americano, la misma que evocan los parajes de Las Vegas descritos por Hunter S. Thompson en Miedo y asco en Las Vegas, la oscura fotografía de Gordon Willis en El Padrino o el desaliento de Neil Young en After the Gold Rush. Las inspiradoras imágenes del desierto de Mojave en el oeste americano, las mismas que sedujeron a los Arctic Monkeys para la grabación de Humbug, son el concepto central de la música del álbum. Ésta se volvió una traducción de uno de los escaparates geográficos más desolados e icónicos del planeta, combinando el énfasis lírico del folk y la americana con la producción grandilocuente de Brian EnoDaniel Lanois (de paso sumándole el activismo yuppie de Bono). Casi podría encontrarse un paralelismo entre las intenciones de Ennio Morricone para el soundtrack de El bueno, el malo y el feo y las de U2 en sus simulacros de adquisición de una identidad global a través del sueño americano.

Es curioso que todas estas evocaciones de lo americano fueron realizadas en otro paisaje, totalmente diferente: el de las montañas dublinesas. Las raíces de la banda, de las cuales parecen estar cada vez más desapegados, encuentran en The Joshua Tree su última oportunidad para destacarEn su ambición por canalizar la americana, la banda se topó con la iteración moderna del género, el heartland rock, que en la tradición pop irlandesa está representado a través de la música de Van Morrison. Tratando de reproducir a Dylan, la banda se topó con la idiosincracia de Van y la traducción de la canción americana de Bruce Springsteen -con todo y la pomposidad de Born in the U.S.A., la intimidad de Nebraska y el misticismo de Astral Weeks-, obteniendo así el sonido característico de la banda, el cual se encuentra clavado en el imaginario colectivo en la forma del delay de “Where the Streets Have No Name” o los armónicos de “With or Without You”.

The Joshua Tree, como U2, es un álbum de contradicciones. Asimismo, como la banda, es un álbum enorme. Causas sociales ajenas se entremezclan con una percepción externa del sueño americano, todo empaquetado en uno de los trabajos más vendidos de la historia. Sin embargo, estas incongruencias no le quitan nada de fuerza al álbum, sino que le dan su identidad característica, la cual lo ha hecho sobrevivir al paso del tiempo de una manera que otros grandes álbumes de rock de estadio ochentero no han logrado. Y es que el error está en tratar de analizar The Joshua Trepartiendo de bandas como My Bloody ValentineSonic Youth, como muchas veces lo hacemos. Para analizar la obra maestra de U2, tenemos que partir de trabajos como Hysteria de Def LeppardBrothers in Arms de Dire StraitsSlippery When Wet de Bon Jovi Synchronicity de The Police, álbumes que tejen un campo semántico del tamaño y la dirección que U2 decidió asumir en 1986, a lado de los cuales The Joshua Tree se erige como un monumento que, por más que los jóvenes rebeldes vandalicen, grafiteén e insulten a cuenta del pasado, continúa de pie.

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