Garantía Lados B: After the Party

¿Qué pasa con un punk cuando envejece? Al parecer se vuelve uno de los músicos más reflexivos que existe.

El punk está eternamente ligado con un espíritu de rebeldía juvenil, o con una imagen juvenil en general, por lo que cuando nos llega a la cabeza la idea de un punk viejo sentimos cierta lástima por algunos individuos que, muy a la Peter Pan, no supieron ni pudieron crecer. Algunas bandas no lograron afrontar la realidad de tener más de veinte años y eventualmente perdieron vigencia y credibilidad a base de un espíritu punk que se siente fuera de época. Afortunadamente, hay quienes logran ver su pasado con nostalgia y entienden que incluso los punks tienen que pagar renta, sentar cabeza y pagar impuestos.

El año pasado, Jeff Rosenstock, un veterano de la escena punk de la costa este de Estados Unidos con 34 años encima lanzó su álbum WORRY., un vistazo nostálgico a una época que ya no puede ser más y que presenta un panorama desolado para todos los punks con sueños de vivir para siempre. Asimismo, Beach Slang, banda liderada por el veterano James Alex, quien ya tiene cuarenta y tantos, lanzó A Loud Bash of Teenage Feelings, una oda al sonido de The Replacements y a la juventud perdida del punk. Lo interesante es que esa juventud es expuesta con nostalgia, más no con anhelos de recuperarla.

Este año llegó con un álbum que comparte esta idea y crecimiento, proveniente de una banda que lleva ya 11 años tocando, lo cual en años punk es una eternidad. The Menzingers lanzaron su coming of age album, que si bien normalmente ese término se reserva para el cambio de la juventud a la adultez, en el punk podría ser la transición entre los 20 y los 30. Éste trabajo, titulado aptamente After the Party, comienza con la frase “Todo es terrible” y finaliza diciendo “Sólo un tonto creería que vivir puede ser fácil”. Un cubetazo de agua fría al indomable ethos del punk.

La tesis semi fatalista que presenta After the Party está disfrazada de optimismo con recuerdos de mejores tiempos con menos complicaciones, que sólo terminan reforzando el concepto de que nada va a ser como los veintitantos nunca más. Lo interesante es que si bien hay un crecimiento lírico y temático, musicalmente After the Party evoca a uno de los estilos más juveniles del género, el pop punk, y lo mezcla con el vigor y vigencia del indie para crear así un álbum que evita caer en los peores clichés de ambas corrientes y realmente poner algo que se siente fresco sobre la mesa.

Al final, After the Party no va a causar ningún tipo de revolución musical ni va a cambiar la historia del punk, pero es tremendamente efectivo en compartir su mensaje y en encontrar un poco de optimismo en el hecho de dejar a un lado la juventud. Si tienes cierta edad en la que de pronto te encuentras mirando cada vez más y más a tus glorias del pasado, After the Party puede ser una especie de terapia, una palmadita en la espalda que te dice “todo estará bien”.

 

 

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