Columnas El club de preservación del power chord

¡Pero qué porquería, es un Grammy!

El club de preservación del power chord es un lugar para aquellos que ven en el rock algo trascendental.

En 1993, Homero Simpson ganó un Grammy en la categoría “Outstanding Soul, Spoken Word, or Barbershop Album of the Year”. Y desde aquel entonces, los premios “más importantes” de la música ya eran considerados una porquería.

Ese brillante capítulo de Los Simpson, que parodia a los Beatles y cuenta con participaciones de George HarrisonDavid Crosby, decía lo que los fans clavados de la música opinan de la industria: sus premios apestan. Empezando por la categoría absurda por la cual Homero resultó ganador junto con Apu, Skinner y Barney, que bien podría ser una de las diversas absurdas categorías en las que la academia decide repartir sus estatuillas; y luego pasando por el hecho de que el premio es tratado como si fuera basura. Y es que, al final, ¿qué demuestra un Grammy?

Primero que nada, un Grammy demuestra que un artista forma parte de un sistema, que en este caso representa a los mejores intereses de las grandes disqueras, el eterno villano de nuestra visión romántica del arte. Existen ciertas condiciones que deben cumplirse para poder ser considerado para una nominación al Grammy, y todas requieren que el artista forme parte activa de un sistema que es cada día más obsoleto y voraz.

En segundo lugar, un Grammy es prueba de que el artista ganador tiene cierta capacidad comercial, porque por ejemplo, por más que To Pimp a Butterfly fue alabado como uno de los trabajos más complejos, profundos y destacados de la historia del hip-hop, perdió el gran premio de la noche en el 2016 ante Taylor Swift, cuyo álbum 1989 no fue ni remotamente tan alabado como el de Kendrick Lamar, pero que ha logrado vender muchas más unidades. Este criterio basado en capacidad comercial y exposición mediática refleja su ridiculez en categorías más afines a lo que hacemos en Lados B. Sobre todo en música alternativa o rock, en las cuales los nominados no reflejan ni por accidente la realidad de dichos géneros, con nominaciones este año a bandas como Blink-182 Panic at the Disco! ¿O qué tal las nominaciones al álbum del año? Trabajos que fueron hechos trizas por la crítica debido a su inconsistencia como Views, sin duda el peor álbum de DrakePurpose de Justin Bieber, que es una excusa para lanzar cuatro sencillos, están entre los nominados al premio más importante de la noche “más importante” de la música, celebrando así la notoriedad y popularidad de un artista por encima del riesgo artístico, el famoso “artistry” del que tanto balbuceaba Kanye West.

Como tercer punto, un poco ajeno a la discusión, es interesante notar la disparidad de estos premios con respecto a los otros grandes de la industria en Estados Unidos, los Oscars y los Emmy. Si las nominaciones en los Oscars se trabajaran de la misma manera que en los Grammy, dentro los nominados de este año a mejor película probablemente estarían Captain America: Civil WarDeadpool, que si bien son películas entretenidas, son opciones totalmente fuera de lugar si lo que se busca es algo que va más allá de las capacidades económicas de un trabajo, con todo y que los Oscars trabajan sobre un marco referencial sumamente reducido llamado Hollywood. Hasta una industria tan definida como esta tiene un criterio selectivo para evitar que sus premios se conviertan en un chiste local, y tan chiste son los Grammy que Drake, Bieber, Kanye y Frank Ocean ya dejaron dicho que no les interesa asistir. Cuando dos de tus principales poster boys te batean sería interesante reconsiderar tus principios.

Para finalizar, es interesante notar como las audiencias e interés general por los Grammy han ido declinando paulatinamente. La fórmula de hacer colaboraciones de estrellas inverosímiles, tributos deshonestos y dar palmaditas en la espalda a los que mantienen la industria a flote ha dejado de ser interesante e incluso entretenida. Lo obsoleto del modelo de negocios se está traduciendo a sus grandes manifestaciones, comenzando por su gran noche, la cual no le parece grande a nadie que tenga escrúpulos como fan o capacidad de discernimiento. Al final, la trascedencia de una obra artística se decide por las personas que la disfrutan y la promueven, no por un grupo de pseudo-sibaritas musicales que creen que un cover de “The Sound of Silence” hecho por Disturbed siquiera merece reconocimiento.

A la mierda los Grammy.

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