Off the record: Consumo y preservación

Con urgencia, se habló en esta columna acerca de la situación que vive el melómano moderno, el nerd musical. Hoy, es este el que sirve como un especie de recopilador y juez de información. Sobre esa línea, hay algo que sigue siendo inquietante y, por su naturaleza, también un tanto desconocido. Es importante traerlo a la mente para su consideración y para el análisis de su interesante situación.

Hay una teoría de la evaluación musical que habla de la intención; es decir, la intención define los valores por los cuales la obra puede llegar a ser juzgada. En otras palabras, si juzgamos a la música de Britney Spears por ser “pesada”, estamos valorando de manera equivocada; de la misma manera que si juzgamos a Napalm Death por hacer grandes éxitos. Cada artista tiene una intención, una cultura, un contexto que rige, de una u otra manera, el contexto a través del cual se mueve, los parámetros comparativos y las condiciones de su consumo. Agrandando el panorama un poco, podemos observar que cada género o, para mejor efecto en este tema, cada cultura padece del mismo comportamiento.

La manera en que se consume la música ha sido estudiada a través de análisis históricos, tecnológicos y de disponibilidad, pero también hay un juego cultural intrínseco dentro. Claro, el streaming cambió la forma de consumo de muchos, de la misma manera que lo hicieron el CD y el vinilo. Claro, la economía ha vigilado los contextos dentro de los cuales a la música se le permite crecer y distribuirse, pero aquí nos enfocamos en hablar acerca de las culturas de estilo, de género, que han creado una forma de consumo. Estas inspiran interesantes preguntas sobre lo que realmente conocemos, lo que se ha documentado, lo que se ha perdido o lo que está al borde de desaparecer.

El consumo es una cuestión cultural y social; pensemos en la eterna lucha del single contra el álbum. Muchos viven contentos con describir su consumo experto en la adquisición del formato santo que colecciona canción tras canción dentro de una estructura uniforme. Otros se sienten incómodos ante los altibajos del álbum y prefieren consumir por medio de canciones sueltas o playlists, destilando así la supuesta calidad y abriendo paso a un consumo selectivo. Detrás de esto también se han generado discusiones acerca de lo que pretendemos como una superficial cultura del single. Este es percibido como habitante de un simple destello de popularidad que se quema y, así, muere efímero. La realidad está en su naturaleza misma, al servir al artista como una manera fácil de obtener contacto con la audiencia a la que desea llegar. Aún así, parece que esta idea es pervertida, que no se entiende que el single funciona dentro de un hábitat con una intención diferente; no es un problema de talento o de superficialidad, sino uno de intención y cultura.

Aquí hay una palabra que esclarece mejor todo esto: hit. Está relacionado con el pop y el sentido del dance music. Dentro de estas culturas, ya sea en su nivel más comercial o underground, la línea se mantiene. Si estás en una fiesta, en un antro o en una discoteca, no es fácil mantener la energía y dinámica social con el transcurso de los álbumes, aquí se necesita del maestro de ceremonias, del disk jockey que presenta las selecciones, las novedades, la curaduría diseñada para mantener la euforia y el trato personal. Ni en Hyde, ni en Studio 54, ni Berghain jamás se escuchará un disco completo porque no es el sentido de esos lugares, indiferente a los estilos o tiempos que hayan ocupado.

Como consecuencia, esta cultura generó, de manera histórica, una dificultad para la documentación, la preservación y para el consumo de retrospectiva del dance music. La dinámica de su consumo era diferente. Quizás haya muchos hits a través del lienzo histórico, muchos artistas y álbumes que se han visto ante una imprecisión de consumo, ante una exaltación cultural equivocada que los ha dejado al borde del olvido.

El formato austero también nos habla de esto. La música clásica, cuya naturaleza misma destroza cualquier concepción de consumo moderno atribuida por el álbum, parece levantar cuestionamientos tales como ¿cómo la consumo? ¿quién hace las mejores antologías? ¿hay piezas que van juntas? ¿hay un orden? Hasta nos podemos reír de nosotros mismos con ocurrencias como ¿cuál es tu álbum favorito de Chopin? Deberíamos de preguntar, más bien, ¿cuál es tu periodo favorito de Chopin? Nadie sabe realmente.

Quedan muchos ejemplos de distribución, de disponibilidad, de formato y cultura que parecen hacer imposible una verdadera visión o, al menos, una visión completa de lo que debemos de valorar, musicalmente hablando. ¿Qué pasa con la situación de algunos países que sólo lograban adquirir sencillos y compilaciones? ¿Qué pasa con el llamado World Music? ¿Qué pasa con esos grandes hits que no nos recuerda Universal Stereo? ¿Qué pasa con los álbumes poco entendidos en su tiempo? ¿Qué pasa con la propuesta internacional? Parecería que, aunque se ha dedicado un gran esfuerzo hacia la recopilación y la catalogación, hay muchas culturas musicales que están destinadas al olvido. Daría pena pensar que, por una cuestión tan somera, la cultura musical se segregue más y más, disipando así toda la realidad de la apreciación del arte. Los encargados de nuestra documentación parecen estar ocupados de por vida, hablando de My Bloody Valentine, Neutral Milk Hotel y Captain Beefheart. No olvidemos que los artistas son más que eso, que son lentes hacia un tiempo en la historia, hacia culturas completas.

Con ganas de sacudir el polvo, revitalizar las venas, destapar ocultos misterios, celebrar nuestra misma cultura, de disfrutar de lo chusco y enfrentar nuestros juicios y miedos, aquí escribo un epitafio descuidado de género, estilo, consumo y cultura. Una secuencia de artistas que podrían vivir bajo la sombra de un maldito clasicismo, que podrían pasar subestimados; nos debemos negar hoy a su posible olvido en la gran cultura musical internacional:

Bukka White, Django Reinhardt, Bonnie Raitt, Jackson Browne, The O’Jays, Mecano, Mahler, Juan Atkins, Front Line Assembly, Spinetta, Isley Brothers, Tavares, Tania Maria, José José, The Whispers, Warrant, Gang Starr, Ultramagnetic MC’S, Saxon, Accept, Alaska y Dinarama, DJ Nelson, Serrat y Sabina.

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