Bahidorá, NRMAL y Ceremonia: ¿a cuál ir y a cuál irle?

Alrededor del mundo, la temporada de festivales de música da su comienzo oficial en cuanto Coachella lanza su cartel. El de este año supone una revitalización para un evento que paulatinamente ha perdido su identidad y clientela original, para reemplazarla por un producto más fácil de vender y mucho mejor calculado. Este tipo de decisiones en el cartel desatan un sinfín de discusiones en internet sobre la consideración o desfachatez de los organizadores para con sus fans. Este hype va de la mano con aquel que provocan los festivales planeados para la primera mitad del año en México, siendo los más importantes el festival NRMAL, Bahidorá y Ceremonia. Estos tres eventos, si bien son recientes, han logrado crear un perfil de seguidores que cada año esperan con ansia el anuncio de su cartel; esto debido, sobre todo, al abanderamiento de la música alternativa que ellos representan en este país.

En Lados B, nos sentamos a entrarle a la discusión: compararemos los carteles, sus pros y contras, lo que se nos antoja, lo que nos da flojera y los pormenores de los tres festivales que mejor han sabido hacer su chamba en la memoria reciente.

Sebastián: Yo tengo bastante claro a qué festival me gustaría ir, pero supongo que hay personas que están maquinando al intentar decidir, con tres festivales tan similares en espíritu pero diferentes en experiencia. ¿Tú lo tienes claro o te tiembla la mano al escoger?

Diego: En lo personal, decidirme es un poco más fácil. Aunque sigue habiendo un debate muy interesante alrededor de esto. Sobre todo, me llama la atención que hables de una semejanza porque, aunque admito que existen similitudes, creo que cada uno de estos festivales ha cumplido ya con una cierta función social; tienen una personalidad.

Sebastián: Así es. Y podríamos empezar por hablar de eso. Si los ponemos en orden de “compromiso”, es decir, qué tan fans son los que acuden a cada festival, Bahidorá queda en último. Es un festival más orientado a la fiesta y a ponerse hasta el culo con lo que caiga, una especie de santuario para los mirreyes que quieren reventarse en un espacio seguro y aceptable. Ceremonia ha tenido una serie de lineups sólidos que engloban un poco de todo, como una especie de Corona Capital alternativo y pequeño, por lo que comparte muchos de sus fans con los entusiastas del festival del autódromo. Siento que es como el festival de mitad de año para los que les mama ir al Corona. Para terminar, el NRMAL: el cartel que tienen llama, naturalmente, a una banda más clavada y la gente que atiende al evento sabe más a lo que va.

Diego: Coincidimos. Al final del día, aquí juegan factores que a veces damos por sentados, como lo que es un negocio y la disponibilidad, o la cartelera de bandas en su respectivo momento. Ahora que en México se ha permitido un poco más de todo esto, tenemos, como dices, un festival de fiesta que puede darse el lujo de tener el cartel que sea porque seguirá siendo secundario para sus asistentes. Tenemos al Ceremonia que, en mi opinión, modernizó un tanto los festivales en el país tomando nota de los gringos, jugando entre el nicho y el mame. El NRMAL sigue funcionando un tanto como una antítesis a todo esto; no sé qué tan conscientes sean, en este punto, las decisiones que toma el festival, pero parece seguir fundamentado en un concepto tan sencillo como traer propuestas musicales interesantes sin importar cómo jalarán o cuál será su disponibilidad. Supongo que la pregunta final es: ¿qué buscamos en un festival hoy en día?

Sebastián: Pues hay mucha gente que ve los festivales como el evento del fin de semana para esos que van a ver tres canciones de cinco bandas y a echar las chelas más caras de sus vidas. También están los que ni saben cómo terminaron ahí, que siempre te dicen que alguien les regaló los boletos y que nada más iban a ver qué pedo (pero siempre me sorprende la cantidad de personas que van a los eventos por esa razón). También, por supuesto, están los que van primordialmente por la música, a los que les valen las activaciones de Vans y los food trucks. Yo pertenezco al último grupo, por lo que, en teoría, mi opción tendría que ser el NRMAL y lo fue hasta que vi el cartel del Ceremonia. Del cartel de Bahidorá mejor ni hablemos, porque la neta ni siquiera hay de qué hablar al respecto -una tocada en el Caradura tiene más estelares-.

Diego: Al final, el NRMAL resulta más exigente y si mantienen la tirada, como hasta ahora, lo seguirá siendo. Es como la versión millennial del increíble festival de jazz que, por más que le digas a tus amigos “Me encanta el jazz”, no vas a ir porque te da hueva. Ceremonia, en cambio y según mi experiencia personal, le juega al ponerme de malas con su auto-indulgencia pero termina por asaltarme con una u otra sorpresa como lo ha sido Björk este año. Una vuelta por Twitter y ya había gente postulándolo como el mejor cartel en años… ¿por qué nos hicieron el favor de no pagar tanto por Björk? No sé.

Sebastián: Se me hizo una decisión sumamente extraña, sobre todo por el concierto del Auditorio, pero fue el golpe final en la guerra de carteles. Quiero reiterar, porque me parece importante, que Bahidorá no trae NADA. Pero el NRMAL, el año pasado, dio la sorpresa con Battles y A Place to Bury Strangers; este año también rifaron con The Brian Jonestown Massacre y Tortoise, pero Björk es cosa seria, es como artista de nómina del Corona Capital. Asimismo, de alguna forma, a Ceremonia le quedó dinero para meter a James Blake, Beach House y Nicolas Jaar, que en cualquiera de sus otras ediciones pudieron haber sido headliners y en esta están en la segunda línea del cartel. Ahí hubo brujería o algo porque cuesta poco más de mil pesos. Compara eso con los aproximados 1,500 que tienes que poner para ir a Bahidorá, sin contar el transporte, a ver a Mac Miller. El NRMAL tiene excelentes precios, que creo que van de acuerdo con la experiencia que ofrecen pero, de plano, Ceremonia soltó el bombazo como nunca.

Diego: Curiosamente, el año pasado, en mi delirio crítico, declaré al Ceremonia como festival muerto. No por otra cosa más que porque creo que los festivales, como todo, tienen un ciclo de vida. Primero, a nadie les importa, luego crecen y la gente se obsesiona; al final, se chotean y mueren. Pensando que el Corona estaba en las últimas, el Ceremonia sólo logró un cartel discreto y el NRMAL empezó a sacar rumores callejeros entre los “chavos chidos”. Pensé que sería el turno del NRMAL de volverse el rey mientras que el Ceremonia, como parece que es con todo Sicario, perdía relevancia. Creo que es mejor que me haya equivocado; me es grato que este tipo de cosas como las que mencionas aún sean posibles en un festival que todavía se ve pequeño a comparación de un Vive Latino, que debería tener todas la de ganar.

Sebastián: Algún día nos tocará hablar del descuido de OCESA para con el Vive Latino -que no sé si es un reflejo de la escena iberoamericana o simplemente un favoritismo muy marcado de la empresa por el Corona Capital-. Regresando a lo propio, vislumbro los siguientes escenarios:

  1. Ceremonia sube de escala, buscando competir con festivales más grandes y aspirando a ser una alternativa del Corona Capital.
  2. Ceremonia se estanca y nunca logra igualar este cartel, viviendo del “¿te acuerdas cuando trajeron a Björk?”
  3. El festival NRMAL seguirá siendo el consentido de los fans de la música alternativa en México y seguirá entregando carteles sólidos a cambio de no crecer su escala.
  4. Eventualmente, Bahidorá dejará de ser un concepto novedoso y le saldrá competencia, por lo que, si no empiezan a darle peso a su cartel más allá de dos o tres muertos y música para fritos, alguien más les bajará la chamba.

También, es muy probable que, como yo no soy el target de Bahidorá, lo aborrezca exageradamente; pero de lo que siempre me he quejado acerca de los festivales es de la exacerbación del lifestyle por encima de la música. Pero bueno, yo soy un purista cascarrabias.

Diego: Precisamente por eso es tan confuso evaluar qué está pasando, en cuestión de música, en México, pues hoy en día yo no estoy seguro a qué jugamos: si es evento social, experiencia sensorial, DJ Set, showcase de nuevo talento, las bandas del momento… Pero creo que al final estamos en un lugar positivo mientras sigan saliendo propuestas diferentes, creando así un festival para las necesidades de cada quién. Estamos en un camino largo pero positivo.

Sebastián: Sí, sin duda es el momento más emocionante para ser fan en México. Y, al final, con esta oferta de festivales sobrevivirán los que sepan entender mejor a sus fans. Estos tres lo han hecho muy bien hasta ahora, todos con sus desventajas. Si bien iré a Ceremonia, me quedaré con muchas ganas de haber ido al NRMAL. A Bahidorá no iré nunca, me parece, porque aunque reúnan a Oasis, no es mi tipo de plan un festival tan orientado a la fiesta y a la cultura millennial.

Diego: Ya nos encontraremos todos en esas tierras donde comer y beber es un privilegio, donde los baños son cámaras de tortura y donde la gente se disfraza de artista. O donde los sets duran cada vez menos, el clima es tu peor enemigo y las drogas proliferan. Todo por un pedacito de cultura.

Sebastián: Por una fotito para Instagram con el caption “All is Full of Love”.

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