Los 10 mejores LPs de Sarah Records

Sarah Records, el legendario sello discográfico, nació en Bristol, Inglaterra, en noviembre de 1987. Era una época en la que la escena musical independiente del Reino Unido se encontraba gobernada por el flexidisc (o phonosheet), una variación más delgada y barata del disco de vinilo, mejor descrita como una hoja de plástico flexible. Originalmente, en los sesenta, este formato era utilizado por las grandes compañías editoriales (Mad Magazine, National Geographic) como un aditamento sonoro para sus publicaciones impresas. En el caso de disqueras y distribuidores de fonogramas, se usaba para lanzar productos estacionales (como álbumes de navidad) y otras publicaciones de edición limitada, ahorrándose bastante en costos de producción. De regreso a los ochenta, pocos años antes del surgimiento del disco compacto CD, el flexidisc se popularizó de nuevo como un apéndice del fanzine -revistas y otras impresiones temáticas hechas por aficionados-. Matt Haynes era el editor de una de estas zines, Are You Scared To Get Happy?, en la que, gracias a su colaboración con una empresa que se dedicaba de manera exclusiva a vender phonosheets (Press Sha-la-la), podía incluir sencillos musicales. A finales de la década, Haynes se asoció con Clare Wadd, la editora de otra fanzine llamada Kvatch, y juntos lanzaron su propia firma.

La idea detrás de Sarah era levantar una compañía de fuertes ideales políticos, que viera por el beneficio del consumidor, alrededor de una ética independiente. Por lo tanto, Wadd y Haynes decidieron utilizar los dos medios físicos más accesibles: el sencillo de 7 pulgadas y el reiterado flexidisc, los cuales se convertirían en su inscripción inequívoca. Casi indivisible de su formato protegido, el twee pop artesanal de Sarah Records demostró, siempre enfatizando su origen en Bristol, que no era necesario residir en Londres o Manchester para hacerse de un nombre entre las mayores boutiques musicales de Inglaterra.

Más allá de su buen recibimiento inicial, los avances de la firma se vieron mermados por el sexismo de la industria musical británica que, según la opinión de ambos fundadores, se creía emasculada por el éxito de una discográfica con nombre de mujer y co-administrada por una mujer. Las bandas de Sarah tuvieron que salir del Reino Unido, al resto de Europa y a Japón, para encontrarse con un éxito templado. Por estas y otras razones, Wadd y Haynes decidieron cerrar la compañía en 1995, a la par del lanzamiento de su centésimo sencillo de 7 pulgadas, There and Back Again Lane. En su fiesta de despedida, los panfletos anunciaban “We don’t do encores.”

A pesar de que siempre se mantuvieron fieles a su filosofía y a su predilección por el formato corto, la desaparecida Sarah Records nos dejó una cantidad generosa de long plays; muchos de los cuales han envejecido con una gracia sobrenatural. Los siguientes son diez de los mejores.

10.- Heavenly vs. Satan (1991) – Heavenly

Formada por los ex-integrantes de Talulah Gosh, una de las bandas más importantes del C86 de NME , Heavenly abordó su primer álbum con la misma inocencia lírica y simpleza instrumental de su precedente, aunque con un arrojo superior. Como sucede con el resto de las bandas de su escena, el linaje del jangle pop de Amelia Fletcher y compañía se puede trazar hasta la balada sesentera y, más obviamente, hacia el trabajo de Johnny Marr.

9.- Feral Pop Frenzy (1993) – Even As We Speak

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Los ingredientes más visibles de Feral Pop Frency rememoran al new wave inglés de finales de los setenta y a la brisa dream pop de Cocteau Twins –cuando decidían evadir lo gótico-. Sin embargo, algunos de los elementos más extravagantes en la música de Even As We Speak elaboran en principios industriales, motivos árabes, folk y psicodelia de la vieja escuela. A ratos, las vocales de Mary Wyer parecen un presagio de lo que traería Dolores O’Riordan con The Cranberries.

8.- Make It Loud (1990) – The Wake

Originalmente, The Wake era una banda de post-punk formada en Glasgow bajo la firma de Factory Records desde principios de los ochenta (como referencia del lugar de esta banda en la historia, el baterista original, Bobby Gillespie, fue colaborador de The Jesus and Mary Chain y fundador de Primal Scream). Desfavorecidos en comparación con otras bandas de Factory decidieron dejar su label y fichar con Sarah Records. Ahí adoptaron el twee y Gerard McInulty, su vocalista, acogió la influencia de Edwyn CollinsMorrissey.

7.- Jaguar (1992) – The Sweetest Ache

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En Jaguar, el sexteto galés de The Sweetest Ache manufacturó una obra atemporal, llena de las idiosincracias que se relacionan con distintas épocas del pop británico; los instrumentos de viento, las escasas guitarras acústicas, la delgada voz de Simon Court y los órganos de Ian Saberton fueron sus mejores aliados.

6.- London Weekend (1992) – Another Sunny Day

Se suele considerar, entre los fanáticos de esta disquera, que “I’m in Love With a Girl Who Doesn’t Know I Exist”, de Another Sunny Day, es la canción que mejor sintetiza el repertorio musical de Sarah Records, lírica y musicalmente; es un minuto y medio de angst romántico adolescente contorneado por soft pads, acordes relucientes, riffs de una cuerda y un patrón de batería característico de los sesenta. El resto de London Weekend sigue la misma fórmula -a excepción de un par de resoluciones mórbidas (“You Should All Be Murdered”)-, aunque no por eso son pobres los resultados. La banda de Newlyn es un staple de la época.

5.- Snowball (1989) – The Field Mice

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Robert Wratten y Michael Hiscock, formaron The Field Mice en 1987, en un suburbio del sur de Londres. Después de haber lanzado un EP (Emma’s House) y un sencillo (“Sensitive”), publicaron su primer -mini- álbum. Snowball fue el segundo ejemplar de un long play en haber sido publicado por licencia de Clare Wadd y Matt Haynes. Este debut también fue innovador en tanto que, como Wratten y Hiscock carecían de un baterista, utilizaron percusiones programadas y otros elementos electrónicos asemejables a New Order (“Letting Go”) para su variedad de twee.

4.- Laurel (1991) – Brighter

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La mitad de las canciones en este LP son alusiones invernales; probablemente sea verdad que su entorno ideal de escucha sea alrededor de aquellos días fríos, nublados y desocupados de diciembre y enero. En la extensión de Laurel -que guarda cierto parecido con las sensibilidades de The Stone Roses-, Alison Cousen, Keris Howard y Alex Sharkey no requieren de instrumentación elaborada ni del uso prominente de baterías para provocar el vaivén de la cabeza. Un imperioso dominio de la lírica romántica, una particular atención a la melodía y un par de guitarras son suficientes para transmitir la dicotomía estatico-kinética de su emotividad.

3.- Stardust (1992) – The Sea Urchins

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Stardust ondea con flagrancia las influencias de The Velvet Underground y de la subcultura mod británica en estas siete canciones poco más que legendarias, en las que el órgano y el riff rural son la norma. The Sea Urchins fue la primer agrupación en lanzar un sencillo para Sarah Records y, sin embargo, también serían de las primeras en retirarse. El álbum/compilación fue publicado en 1992 (un año después de la separación de la banda) y contenía gran parte del material que habían grabado durante sus modestos cinco años de actividad.

2.- Lyceum (1989) – The Orchids

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Lyceum fue el primer long play de The Orchids. La banda de Glasgow, que sigue activa hasta el día de hoy, construyó un estilo de composición tierno y almibarado que, mano a mano, podría avergonzar a cualquier Tigermilk o Let’s Get Out of This Country. Las progresiones armónicas y las melodías se absorben en el oído sin el más mínimo esfuerzo del escucha y los arreglos, aunque simples, sacan el mayor potencial de esta colección de canciones. Sin duda, este es uno de los especímenes más finos del catálogo de la disquera de Bristol.

1.– Bacharach (1990) – St. Cristopher

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Cualquier repertorio de palabras es poco para describir con precisión el arrebato espiritual y el misticismo de Bacharach. La nostalgia es tan lejana que apenas se siente accesible y, sin embargo, la respuesta emocional resulta abrumadora y aplastante. Esta obra es la plastificación inteligible de la añoranza y el amor por el mar. Al terminar el álbum, permanecerá la discreta sensación de que, quizás, acabamos de escuchar un trabajo de Simon & Garfunkel, sólo que esta vez se habían inclinado por el lo-fi y los subgéneros más vaporosos del pop.

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Menciones honoríficas

Little Dark Mansion (1993) – The Harvest Ministers

They’ve Scoffled The Lot (1991) – Talulah Gosh

If Wishes Were Horses (1992) – Blueboy

Poor Fricky (1994) – East River Pipe

Revellion (1994) – Harvey Williams

Untouched (1993) – Secret Shine

 

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