Columnas Vacas Sagradas

Vacas Sagradas: Station to Station

Cuando pensamos en la discografía de Bowie saltan a la mente como referentes inmediatos álbumes como Ziggy Stardust“Heroes”LowHunky Dory; mismos que tienen un peso importante en la cultura popular y son fácilmente reconocibles por el público general. Es entendible que en una discografía tan extensa como la del británico se pasen por alto muchos trabajos que tienen la calidad para ser leyendas, como podrían serlo Young AmericansScary Monsters (And Super Creeps)Diamond DogsStation to Station. Estos comprenden las diferentes transformaciones musicales que realizó el artista en un lapso de pocos años, marcando el fin de su etapa glam, el inicio de las influencias de funk soul, sus coqueteos con el new wave y su interesante romance con el krautrock. Todas estas etapas convergieron de una u otra manera en el sonido que Bowie logró concretar para Station to Station en 1976, unos meses antes de su autoexilio a Berlín y sus colaboraciones con Iggy Pop Brian Eno.

El álbum fue grabado en Los Ángeles en uno de los momentos más decadentes de la ciudad, y siendo esta la capital mundial de la cocaína en aquel entonces, envolvió a Bowie con sus facilidades y estilo de vida. La ciudad y la droga son puntos clave para comprender el sonido de un álbum tan peculiar, marcado por grooves para bailar entregados con la frialdad del discurso de un dictador fascista; esto en parte debido a que el abuso de cocaína por parte de Bowie desencadenó en el desarrollo de una identidad comparable con la de Pink en la película The Wall: la de un sujeto tan enajenado de su medio, del cual surgen delirios paranoides y de marcada ideología de ultraderecha.

Asimismo, un creciente interés por el ocultismo y la brujería sumió aún más a Bowie en este estado catatónico, del cual saldrían algunos de sus sonidos más góticos y su último gran personaje: el Thin White Duke. Este es un reflejo de la frialdad que viviría en su estancia en Berlín, una especie de premonición de sus días grabando a un costado del muro que tenía tantas connotaciones fascistas. Y es que a pesar de las fuertes inclinaciones ideológicas y políticas del Duque Blanco —y la carga que esto denota en la música—, Station to Station es un álbum sumamente espiritual. Una especie de gospel pagano e industrial, que bien podría leerse como una traducción musical de la curiosidad nazi por el ocultismo durante el Tercer Reich. Según lo comentado por Bowie, el título del álbum hace alusión al viacrucis, por lo que podríamos ver a las seis canciones no como estaciones de sufrimiento, sino como derroches hedonistas y megalómanos, infundados de una espiritualidad plástica, muy similar a la esencia del plastic soul que perfeccionó en Young Americans. Las letras contienen referencias a la Kabbalah, empalmadas con la aceptación de un hábito de cocaína autodestructivo y la imagen de una Europa que baila ante los ritmos marciales que caracterizan buena parte de la música del álbum.

Station to Station es al mismo tiempo una caída en picada y redención, el abrazo de las viejas y nuevas tendencias del artista, un puente entre la cultura de Los Ángeles y Berlín, entre la cocaína de la primera y la heroína de la segunda. Un parteaguas de las posibilidades del rock en la década de los ’70 y el primer atisbo de David Bowie en el máximo de sus capacidades como creador.

 

 

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1 comment on “Vacas Sagradas: Station to Station

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