Columnas El filtro rosa

La industria de la música y la dilución del discurso feminista

La gente está vuelta loca con el feminismo; les urge que su artista favorita saque su nuevo sencillo (con el video obligatorio) para enlistar las mil y una formas en las que empodera a las mujeres. Las entrevistas tienen ahora una pregunta mandatoria: ¿eres feminista? Vamos añadiendo nombres a nuestra lista de miembros del Club de la Equidad de Género. Y pues, todo va bien: todos y todas están diciendo que son feministas, que aman a las mujeres, que #queen y que #yaaas y que Girl Power.

Pero yo quiero arruinarlo todo. Y es que en el medio de este disque empoderamiento de la mujer, algo raro le está pasando al feminismo: se está convirtiendo en lo que yo y otras personas igual de nefastas llamamos feminismo pop. En mis palabras, esta es una versión diluida, fácil de masticar, monetizable y, sobre todo, cool del feminismo. No es un movimiento político, es un producto y, como tal, debe ser vendido. Me preguntarán qué tiene de malo que algo se venda y se convierta en moda si, al final, es un algo bueno que busca cosas buenas. Debo aceptar que el feminismo pop ha hecho más por generar consciencia de lo que yo jamás podré hacer y, sí, eso es algo bueno, en teoría. Pero no lo exime de ser engañoso. Nos promete liberación pero seguimos oprimidas. Y es que los productos no pueden liberarnos; los actos políticos sí.

Un acto político es el feminismo, pero feminismo no es lo que vemos en las redes sociales, los medios, las series de Netflix y la música. No, eso que vemos es su versión chick, pop, como dije antes. En esta introducción a lo que será El Filtro Rosa, quiero hablar del problema que representa la apropiación del feminismo por parte de la industria de la música. Realmente, esto es algo que está ocurriendo en miles de industrias, pero la de la música es especial porque trasciende muchas barreras socio-económicas y culturales. Es una de las industrias que, en mi opinión, más chance tienen de divulgar el mensaje.

Hay tres elementos importantes que hacen de la música una de las formas de arte y entretenimiento más accesibles. El primero es la economía: puedes no querer o no poder pagar un boleto para una exposición de fotografía, pero puedes escuchar un álbum completo y de a gratis en YouTube. En segundo lugar está el tiempo: escuchar una canción toma minuto y medio, escuchar un álbum toma una hora y cacho, pero leer un libro suele consumir varias horas de varios días de varias semanas. El último elemento es la experiencia estética: digamos que nunca llevé una clase de arte o semiótica durante mi educación básica (si es que tuve el privilegio de recibir una educación) y no cuento con las herramientas interpretativas para decodificar una pintura; quizás esta me provoque una reacción emocional, pero eso no implica que vaya a ser capaz de comprender su “significado” o que yo muestre interés en seguir de cerca el trabajo del artista. Lo que ocurre, en cambio, con la música popular es que no necesito de mucho análisis para gustar de una melodía o de una letra, para que despierte en mí el interés por aprender más sobre el trabajo de, por ejemplo, Justin Bieber. Y con eso de que ahora el conocimiento está en la palma de la mano (según), esto no es tarea difícil. Es por esto que no me estoy conformando con la línea temática de Lados B, sino que estoy buscando argumentar que la industria musical cumple un papel relevante y único como reflejo y representación de una cultura.

Habiendo explicado esto, presento a continuación las aclaraciones de tres nociones particulares del feminismo pop que, a mi parecer, son las raíces de muchas de las inconsistencias y contradicciones que rezagan y diluyen al movimiento feminista (el de verdad) en la actualidad:

1. Las celebridades no son íconos del feminismo

En 2014, el canal de VEVO de Beyoncé publicó un video de la presentación en vivo del remix de “Flawless”, en el cual colabora Nicki Minaj y que además contiene una definición del feminismo que sirve como introducción. Esta definición fue extraída de la TED Talk de Chimamanda Ngozi Adichie, una novelista y escritora nigeriana, titulada We should all be feminists. La frase va así: “Feminista: una persona que cree en la equidad social, política y económica de los sexos”. Voy a dejar de lado el hecho de que esta definición de lo que es ser feminista, en mi opinión, reduce al movimiento a una creencia ambigua sin implicaciones. En cambio, voy a hablar acerca de lo que significó este video para la audiencia de Beyoncé.

A partir de que escuchamos esta definición, la presentación de “Flawless”, así como la letra y la imaginería del video, se convierte en un espectáculo de índole feminista (se supone). No voy a decir por qué no lo es (eso será para otra ocasión), pero quiero dejar claro que poner una definición -simplista- de lo que es ser feminista antes de empezar tu video musical no lo transforma en un acto de revolución política ni en un manifiesto. Quizás Beyoncé sepa eso, pero, al parecer, sus fans y los medios no.

Es peligroso decir que una celebridad es un ícono feminista porque una celebridad, usualmente, se dedica a crear entretenimiento y a venderlo. Es así que lo que la mayoría de los artistas de música mainstream hacen es fabricar productos que saben que se van a vender. Les doy un tip: los discursos que representan una amenaza para el estatus quo NO suelen ser rentables y tampoco se ponen de moda. No podemos esperar que las celebridades -que pertenecen a las mismas industrias capitalistas que nos oprimen- sean quienes definan y hablen en nombre de los movimientos que buscan liberarnos; eso sólo nos llevará a creer que lo que estas personas hagan es lo que deberíamos hacer todos para lograr la liberación de la mujer.

Beyoncé es una artista mainstream, no una filósofa, ni una crítica, ni una escritora académica, ni una activista, ni una revolucionaria política. Lo que ella haga no es un manual para ser feminista; lo que ella hace es música y es negocio y es expresión, nada más. Sí, por ser mujer y por ser negra, la forma en la que hable de sus experiencias y de cómo ha sido oprimida a lo largo de su vida es valiosa y va a hablarle a mucha gente que ha vivido cosas similares y que podrá sentirse identificada. Esto es importante y no debe menospreciarse. Tampoco es imposible que una celebridad pueda aportar y extender el discurso de un movimiento político. Pero hay una gran diferencia entre entender esto último y tragarse y etiquetar como “feminista” todo lo que haga Beyoncé sin cuestionar ni criticar nada. Y es a esta ceguera y falta de crítica a lo que me refiero con tratar a los artistas como íconos.

Tampoco pienso que sea buena idea tratar a los revolucionarios e intelectuales de un movimiento como íconos. El único “ícono” es el discurso del movimiento como tal e incluso ése puede cuestionarse.

2. El feminismo no es una identidad

Autostraddle sacó este artículo definiendo al “Feminismo de Nicki Minaj” (y comparándolo con el “Feminismo de Beyoncé”). En él, la autora hace lo que supuestamente es un análisis de la forma en la que la rapera expande y construye el discurso de este movimiento político. El problema de este artículo no es la intención de querer analizar el trabajo de esta artista; durante mucho tiempo, el feminismo ha ofrecido críticas y análisis del arte y de la cultura pop. El problema es que este artículo implica y defiende dos ideas peligrosas: que Nicki Minaj es una feminista (porque no lo es y ella misma lo ha dicho en repetidas ocasiones) y que ella tiene su propia manera legítima de serlo.

No existe tal cosa como “tu propia definición del feminismo” o, peor aún, “tu feminismo”, como tampoco existe “tu propia forma de ser marxista” o “tu nihilismo”. Entiendan que el feminismo es una teoría de la realidad, un movimiento político, no una forma de ser. Está bien, puede ser que el feminismo sea parte de tu identidad porque es algo que te concierne, algo que influencia tu vida diaria y tus decisiones, tus opiniones y tus acciones. Estoy de acuerdo con que, al describir a tu propia persona, añadir la frase “soy feminista” tiene valor descriptivo y resume mucho de lo que crees y piensas; al final, tu identidad involucra a tus pensamientos y a la forma en la que experimentas al mundo y a la sociedad en la que estás. Pero no nos confundamos: el feminismo NO es una identidad.

Necesitamos que el feminismo sea un concepto que se entienda de manera universal, con todo y sus ramas y vertientes, para poder llegar a soluciones tangibles y coherentes en cuanto a lo que podemos hacer por la liberación de la mujer. Si empezamos a sugerir que cada quien entiende al feminismo de la manera que quiera, no llegaremos a ninguna parte. ¿Qué dice el “Feminismo de Nicki Minaj” acerca de, por ejemplo, la representación de la mujer en la religión organizada? ¿Qué dice acerca del patriarcado, de las políticas queer, de la teoría transgénero, de la objetivación? No sabemos porque el “Feminismo de Nicki Minaj” no es algo que exista como conocimiento académico o filosófico y, por ende, no es algo que tenga bases conceptuales ni criterios bajo los cuales hablar de estas cosas.

Nicki Minaj no es feminista ni hace cosas feministas. Lo que ella hace es, únicamente, hablar de su realidad y de sus creencias a través de su música. Puede que su arte incluya alguna que otra noción que tiene similitud con las idiosincrasias feministas, pero no por eso nos está hablando de feminismo. Ella sabe esto, ella lo entiende, ella misma lo dejó claro en una entrevista para VOGUE al decir: “Hay cosas que hago que a las feministas no les gustan, y hay cosas que hago que sí [les gustan]. No me etiqueto a mí misma. Sólo digo la verdad sobre lo que siento…”. Parece que Nicki Minaj entiende mejor lo que implica ser feminista que lo que entienden muchos de sus fans y, sobre todo, los medios.

Decir “soy feminista” no significa que todo lo que toque se convierte en liberación para la mujer, que todo lo que hago es un acto político en contra del patriarcado. Significa que conozco y me alineo con las nociones del feminismo como movimiento. Las decisiones que tomo pueden estar influenciadas por estas nociones pero no son, en esencia, decisiones feministas. La gente -celebridades incluidas- puede aportar cosas de valor al feminismo, pero sólo desde el entendimiento previo de este, no desde su opinión de lo que el feminismo “significa” para ellos o ellas.

3. El feminismo no es sacralización

Miles de personas se burlaron de las fans pre pubertas de Justin Bieber cuando Jimmy Kimmel y su equipo decidieron preguntarles su opinión moral acerca de las decisiones y acciones de su artista favorito (las cuales eran inventadas). La gente se partió de risa cuando le preguntaron a una niña si el que Bieber hubiera golpeado a su abuela era correcto, a lo que ella respondió que dependía de las circunstancias. En pocas palabras, la idea detrás de esta broma era burlarse de la adoración ciega que sienten estas niñas por su ídolo. En lo personal, estoy de acuerdo con que es peligroso y deshumanizante considerar a tus artistas favoritos como entes perfectos e incuestionables. Pero también creo que es muy fácil para la gente degradar a estas niñas llamadas Beliebers -simplemente porque la reputación de Bieber es terrible- cuando la sacralización es un fenómeno que ocurre también con los artistas más respetados (y no sólo los de la música mainstream).

Esta “lealtad” visceral pero tan falta de pensamiento crítico no es algo que sólo los fans de los artistas más “caca” tengan. La gente que es seguidora de artistas que consideran como íconos feministas también tiene este síndrome que consiste en idolatrar a la gente en nombre del “empoderamiento”. En algún punto del camino se puso de moda celebrar y aplaudir todo lo que hacen las mujeres, sobre todo con respecto a las mujeres que son celebridades. Sí, es importante este rollo de sentirnos bien con nosotras mismas, con nuestros cuerpos, con nuestras capacidades emocionales e intelectuales, con nuestra sexualidad, etc. Pero es más importante que todo esto ocurra a través del pensamiento crítico y del análisis, de la inteligencia emocional y la introspección.

En mi opinión, el análisis feminista debe concentrarse más en las industrias, las sociedades y las instituciones que en los individuos. Enfocarse en el individuo puede resultar en que la crítica se perciba como un ataque personal, una culpabilización de la persona por el condicionamiento que su cultura le ha impuesto. El individuo puede servir como ejemplo, pero lo importante es el sistema, la estructura, el patriarcado. Aún así, criticar el trabajo de una artista que dice ser feminista (o a quien nos obligan a ver como feminista) no es, en esencia, un acto de violencia. Claro, hay distintas formas de criticar y es completamente posible (y también completamente común) que al criticar a una artista se usen términos y criterios sexistas y misóginos. Estos casos son terribles y por supuesto que constituyen violencia, pero la solución no es irse al otro extremo y considerar que todo lo que las mujeres feministas hacen es liberador, disruptivo, anti-patriarcal.

La crítica permite el progreso, la evolución del discurso del feminismo. Tenemos que estar dispuestos a reconocer aquellos actos que perjudican al movimiento aunque provengan de las personas que tanto nos empeñamos en adorar, o de las industrias que tan felices nos han hecho. Mezclar el feminismo con la tendencia que tenemos de idolatrar a nuestra intérprete favorita es un empalme riesgoso que, de no ser reconocido, nos cierra a la comprensión de la política feminista y de su capacidad para materializar soluciones sólidas y coherentes.

Con todo y todo, el feminismo pop no es lo peor que le ha pasado al feminismo

Ya sé que acabo de tirar mucha tierra. Quiero dejar claro que no tengo nada personal en contra de Beyoncé, Nicki Minaj o Jimmy Kimmel. Ni siquiera tengo algo contra Justin Bieber. Como dije antes, la crítica es para la industria y la cultura de la música mainstream, no para los individuos. Es posible que quien esté leyendo esto termine pensando que mi propósito es evitar que la gente escuche a estos artistas o que consuman su música. Esto es incorrecto. Mi única intención es alumbrar un poco los problemas que surgen de la deformación del discurso feminista cuando se convierte en moda y en producto. Comprar Lemonade no te hace feminista, pero tampoco te hace anti-feminista.

Ahora, como dice el título de esta última sección, hay cosas mucho más dañinas para el movimiento que su popularización (¡una de ellas es el patriarcado!). El feminismo pop ha logrado que se voltee a ver, de manera colectiva, hacia las problemáticas de la inequidad de los sexos y de la opresión. De no ser porque el capitalismo se dio cuenta de que puede sacarle dinero al feminismo, quizás mucha gente no se habría dado cuenta de que existe la opresión hacia la mujer. No hay que conformarnos con esta versión del movimiento, pero ahora que es moda podemos darnos cuenta de que hacerlo moda es lo que menos necesitamos.

A mí me pasó lo mismo que a muchas otras personas: leí algo en Tumblr o Facebook que me hizo darme cuenta de las injusticias que sufre la mujer a lo largo de su vida, me familiaricé con lo que creía que era el feminismo, empecé a predicarlo y a compartir memes y artículos de The Huffington Post. Idolatré a las artistas sin cuestionarme lo que hacían o por qué lo hacían. En pocas palabras, caí en la trampa del feminismo pop. Pero con todo y sus ridiculeces, logró que me diera cuenta de la opresión que sufrimos las mujeres, que me interesara nuestra propia liberación. Me afectó de manera tan profunda que ahora es algo que me preocupa más allá de la moda y las tendencias. Ahora puedo darme cuenta de que, si realmente creo en el feminismo, lo que menos necesito es Beyoncé, Taylor Swift, Tumblr, Facebook o The Huffington Post para informarme acerca de él. Este es mi mensaje final. Si crees en su relevancia y si tienes los recursos, busca al feminismo en su formato más sustancioso: el formato de la historia, de los libros, del radicalismo, del socialismo, de la política, de los estudios culturales, de los debates académicos, de la filosofía, de las acciones de protesta social. Su formato de estampado en unos calzones de veinte dólares sólo sirve para pura basura.

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