Vacas Sagradas: XTRMNTR

Es probable que desde el 2001 no hayamos vivido tiempos tan turbulentos como los de ahora. En aquel entonces, el radicalismo de Al-Qaeda significó el inicio de un legado de gobiernos mundiales liberales, incluyentes y progresistas. Europa se fortaleció con una serie de estadistas destacados, el descontento de la administración Bush dio paso a la administración de Obama y, en general, la llamada cultura occidental se fortaleció con base en un pensamiento de apertura y tolerancia.

Hoy, en el 2017, nos enfrentamos a la bola de nieve generada por el surgimiento del Estado Islámico, el conflicto en Siria y la crisis de refugiados. A diferencia de lo resultante de los ataques del 11 de septiembre, en esta ocasión el mundo respondió a través de una mentalidad nacionalista con toques pronunciados de derecha. Esto se hace evidente en la cantidad de partidos cuasi-fascistas que han ganado relevancia política en la Unión Europea, en el Brexit y en el triunfo de Donald Trump.

En contraste con el principio del milenio, el internet y las redes sociales han tomado un rol protagónico y esencial en la sociedad. Han fungido como herramienta propagandística, como bache de negación y como burbuja de seguridad para las mentes “progres”. Este caos en el que nos metimos, impulsado por la cultura digital, fue previsto por todos esos animes, mangas, cómics y películas cyberpunk de finales de los ochenta y noventa; la tecnología como el génesis de una distopía a la Aldous Huxley. The Matrix, Ghost in the Shell, Akira, Terminator 2, Blade Runner, la reciente Mr. Robot y la paranoia del Y2K sentaron el panorama de este disque capítulo de Black Mirror que es el 2017.

La música, por supuesto, no fue la excepción en este oráculo de desgracias. En el primer mes del nuevo milenio, durante un clima político relativamente tranquilo, durante ese periodo de paz que existía antes del 11 de septiembre, Primal Scream sacó un álbum que parecía fuera de lugar. Esta obra es abrasiva, con un mensaje político contundente y antisistema, llevado a cabo a través de texturas de post-punk, noise, krautrock, electrónica y shoegaze. XTRMNTR fue un rompimiento total en la discografía de Primal Scream, así como en el rock del nuevo milenio, que estaba a punto de decantarse por el sonido del indie.

XTRMNTR es un híbrido de Rage Against the Machine, Psychocandy y The Fat of the Land, junto con la paranoia virtual de los grandes trabajos del cyberpunk, el mensaje apocalíptico de las mejores novelas distópicas y lo burdo pero efectivo del discurso de los grandes líderes fascistas. Es un álbum que, con el fin de llevar a cabo su crítica, se pone en el lugar del criticado: desde la perspectiva de un estado corporativo, abusivo y radical. Su mensaje y sonido plantean el surgimiento de los estados cyber-fascistas, su voz profética adquiere relevancia dieciséis años después de su lanzamiento.

Las letras de XTRMNTR llegan sin rodeos, haciendo uso de un discurso alarmista y radical, ejemplificado de manera perfecta en el tracklist con títulos como “Kill All Hippies”, “Swastika Eyes”, “Exterminator” o “Blood Money”. El asumir esa postura en la lírica es algo rara vez visto en el rock, remitido normalmente a las bandas de metal aficionadas a los temas bélicos. Tal vez, debido a la abrasividad del concepto y la música, pasó desapercibido con relación a otros trabajos de la época, que reflejaban una sensibilidad más afín a los tiempos.

Eventualmente, la banda dejó ese sonido cyberpunk después de jugar con él en el sucesor de XTRMNTR: el infravalorado Evil Heat. El mensaje del mismo fue ignorado con facilidad, dada la llegada al mundo de los Strokes, los Arctic Monkeys y su aproximación realista a los problemas juveniles, que nada tiene que ver con delirios de un mundo parecido a Neo Tokyo o Zion. Al parecer, la única cualidad positiva de este año tan inverosímil es la capacidad de re-apreciar la visión de uno de los álbumes más disruptivos y proféticos del rock, que lleva la visión de los mundos planteados por Orwell y Bradbury a un contexto digital y punk.

La ausencia de álbumes de corte político que se ha dado desde el comienzo de este milenio nos hace plantear preguntas al respecto del valor social del rock en la actualidad. Si bien hay ejemplos interesantes como Hail to the ThiefYear Zero, American Idiot y más recientemente To Pimp a Butterfly Black Messiah, ninguno presentó su discurso de manera tan pragmática y provocadora como XTRMNTR. El último movimiento social que inspiró música que lidia con estos temas fue el de #BlackLivesMatter; este significó una fuente inmensa de creatividad para la comunidad afroamericana en Estados Unidos, en específico con en el hip-hop. Pero el rock no se ha querido inspirar en los sucesos actuales; al menos no de manera efectiva. A la llegada del año de campaña en Estados Unidos, que fue distinguido por el racismo ex profeso de la retórica de Trump, se vislumbra una oportunidad perfecta para revitalizar un género tan muerto como el rock de protesta, convertirlo en algo vital al introducir los elementos que han definido a la música más trascendental de esta época.

Todavía nos quedan cuatro años de Trump, más el proceso que tendrá que llevar a cabo el Reino Unido para separarse de la Unión Europea. Esperemos que en ese tiempo haya una nueva insurgencia en el rock, capaz de devolverle ese aura de peligro que ha perdido con los años. Por lo pronto, nuestro referente para esta etapa histórica seguirá siendo un álbum que salió hace dieciséis años.

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