Vacas Sagradas: Loveless

«”Si no te hubiera conocido, seguramente me habría enamorado de él.” Incluso entonces, sus palabras dejaban a Tomás en un extraño estado de melancolía. Ahora comprendía que era mera casualidad que Tereza lo amase a él y no a su amigo. Además de su amor por Tomás, hecho realidad, existían en el reino de las posibilidades un número infinito de amores por otros hombres.»

Las líneas anteriores constituyen un pasaje extraído de la novela titulada La insoportable levedad del ser en el que se describe al amor como un trámite azaroso, trivial, opuesto a la noción de “destino”. La levedad de la que habla la obra se encuentra en la promiscuidad, en lo efímero, en la falta de motivos y consecuencias. Por su parte, el compromiso, la moralidad y la persistencia son relativos al peso; el eterno regreso es una carga inmensamente pesada. De acuerdo con la novela de Kundera, la levedad y el peso no son sólo polos opuestos sino “la más misteriosa y equívoca de las contradicciones”. La recurrencia es sofocante pero significativa y la ligereza, por más plácida que sea, carece de gravedad. Lo que se repite un número infinito de veces «es». Lo que sucede una sola vez tendría el mismo valor y efecto que si nunca hubiera ocurrido.

El alma, que concierne al agape, se entiende como el componente inalterable y trascendental del individuo (y del universo). El cuerpo, en cambio, es el avatar del apetito y está invariablemente emparentado a lo mórbido y a lo finito. Bajo las condiciones ideales, estos dos elementos se reúnen para consentir la fascinación por un sujeto en común, pero de no ser reciprocado el afecto, alma y cuerpo tropiezan la una con el otro. El dolor de una ruptura amorosa es, entonces, el resultado de un choque entre ambos polos dentro del ser al quedar inválida la introyección del Otro en el Uno. De tal impacto nace el duelo, como un balbuceo que se posa a la mitad de la vigilia y el sueño. Es un proceso difuso, similar al de quedarse dormido mientras se lee un libro: pensamientos inconclusos y fragmentos de oraciones, indescifrables a través de la calina del subconsciente. En un abrir y cerrar de ojos, el amor puede ser reducido a una probabilidad vacía de propósito. De ahí viene la ineludible levedad, la consigna hedonista de evadir las aflicciones y vivir sin significados, la resolución de sustraerse y satisfacer al hambre escatológica para luego desaparecer, como si nunca se hubiese vivido en primer lugar.

Loveless es la estampa conceptual de estos pesares. Sus vocales son el susurro somnoliento, casi incomprensible, que le sucede al quebranto emocional. Su música es la turbulencia post-impresionista que apela a la emoción a través del color y la textura. Sus letras son las alucinaciones de quien se lamenta sobre sus sábanas febriles al revisitar sus recuerdos eróticos más íntimos a través de un lente voyeurista.

My Bloody Valentine lanzó su segundo álbum de estudio el 4 de noviembre de 1991 bajo el sello de Creation Records. Inicialmente, el presidente de la disquera, Alan McGee, y el resto de los ejecutivos creían que el proyecto podía ser terminado en cinco días. Sin embargo, la predicción resultó ser tan errónea que Creation fue llevada a la bancarrota dos años después, en vista del costoso y demandante proceso de producción para el follow-up de Isn’t Anything.

Comenzando en febrero de 1989 y hasta a octubre de 1991, la disquera reservó diecinueve estudios diferentes a voluntad de Kevin Shields. La determinación del frontman para llevar a cabo su visión fue contundente y cualquier obstrucción artística de parte de los ingenieros de audio resultó en un cambio de sede consentido por McGee. Anjali Dutt y el legendario Alan Moulder fueron los únicos productores a los que la banda irlandesa les confiaría agencia sobre la obra. Todos los demás “sólo estaban ahí para presionar los botones y preparar té”. Aunado a lo anterior, Debbie Googe (bajo) y Colm Ó Cíosóig (batería) estuvieron ausentes en la mayoría de las sesiones de grabación; Ó Cíosóig se encontraba aquejado por lesiones físicas y otros problemas personales, mientras que Googe resolvió que el alcance de sus aportaciones era reducido y optó por dejar de presentarse. Bilinda Butcher (guitarra y vocales) y el mismo Shields (guitarra y vocales) fueron los únicos miembros de la banda que participaron con consistencia en la elaboración del disco. Cautelosos de evitar comprometer su arte, ambos trabajaron lentamente. En jornadas de hasta diez horas, grabaron tomas una y otra vez, pues era común que se encontraran descontentos con su oficio. Estas extremas proezas de paciencia resultaban en semanas enteras de improductividad dentro de un mismo estudio y en mudanzas consecuentes. Al cabo de unos meses, Creation empezó a preocuparse por los hábitos nómadas de la agrupación y por los costos que el álbum empezaba a significar.

Aún así, la lentitud del tratamiento no vino sin sus ventajas. Decidido a lograr un sonido en particular, Shields experimentó exhaustivamente con el concepto del trémolo en diferentes afinaciones y sistemas, derivando en una yuxtaposición tonal sin antecedentes. También descubrió, a base de feedback y distorsión, que una guitarra puede transformarse en “cualquier instrumento imaginable”, evitando así el uso de sintetizadores. Muchas de las guitarras de Loveless fueron grabadas en mono; la idea era construir una “pared de sonido” en el centro de la mezcla, sin efectos digitales de modulación. En el caso particular del opener, “Only Shallow”, se usó un sólo micrófono entre dos amplificadores paralelos para conseguir un cuerpo sonoro denso. En cuanto a la percusión, nueve de las once canciones del álbum se modelaron sobre baterías sampleadas, en función de la ausencia de Ó Cíosóig. Durante las últimas sesiones, el baterista se recuperó de sus malestares, a tiempo de grabar por completo “Touched” (que es de su autoría) y “Only Shallow”. En disparidad con la reputación perfeccionista de Shields, los accidentes afortunados también eran bienvenidos: el efecto andrógino en la melodía de “When You Sleep” se obtuvo a causa de una rabieta por parte del irlandés-americano: indeciso al respecto de qué toma de su voz utilizar, reprodujo todos los clips al mismo tiempo. Se cree que Butcher también canta en esta instancia, pero el empalme de inflexiones agudas y graves fue, más bien, consecuencia de samplear algunas de las grabaciones de Shields y rebobinar la cinta a velocidades diferentes. Las fortalezas más grandes de esta colección recaen en la ambigüedad.

Las estructuras musicales son versiones extrapoladas de cadencias armónicas comunes. En esencia son canciones simples, pero hacen uso de diversos recursos de composición para enriquecerse (acerca del closer, “Soon”, Brian Eno dijo que se había establecido “un nuevo estándar para la música pop“). No obstante, el reto para el escucha yace en advertir estas tenuidades, pues al escucharlas se gana acceso al núcleo emocional del álbum.

De entre estas delicadezas que componen al mito de Loveless, las voces fueron fundamentales; se encuentran perpetuamente detrás de la susodicha “pared” de fuzz. Las letras, que suelen ser vistas como desatendidas (por la usanza del shoegaze de poner la sustancia en segundo plano) son el esfuerzo conjunto de Butcher y Shields. En realidad, la formulación de la lírica también fue un proceso arduo y meticuloso a pesar de que, con frecuencia, cada uno desconocía los versos que el otro cantaba. Mientras que las palabras exactas de estas canciones permanecen desconocidas hasta el día de hoy, las imágenes evocadas por sus ideas más reconocibles prevalecen: el amante escondido detrás de la puerta en “What You Want”, el botón rojo que se escapa de la boca ajena en “To Here Knows When”, el cuerpo que juguetea con su reflejo delante de un cielo arrebolado en “I Only Said”. Todas estas figuraciones desembocan en el arco narrativo de un amor tormentoso y de su consiguiente pérdida y recolección memorial, mientras que son aderezadas por el cuqueo insidioso de Bilinda Butcher.

Se cuenta que en el verano de 1991 el vicepresidente de Creation, Dick Green, llamó a Kevin Shields y, entre lágrimas, le exigió que le entregara el producto finalizado. Alan McGee afirma que el cabello de su socio se tornó gris después de este incidente. Poco después, Butcher y Shields comenzaron a sufrir de tinnitus. Finalmente, el magnum opus de My Bloody Valentine fue lanzado y, después de un tour poco remunerativo, la banda cortó conexiones con su sello discográfico. A partir de este momento, la agrupación de Dublín elevó su estatus. Ahora se encontraba a años luz de su etapa post-punk de mediados de los ochenta, en la que David Conway se desempeñó como vocalista. Poco a poco, se desarrolló un culto alrededor del álbum y su influencia se dejaría ver en el creciente espectro de estilos musicales de los noventa. Sin duda, este disco redefinió por completo la música de guitarras, su extensión y sus capacidades. Es una partícula de progreso envuelta en una paleta de tonos rosados, áspero y dulce a la vez.

La carga en extremo pesada de la que habla Kundera en su novela de 1984 estuvo presente en todo instante de esta creación. Cada toma fue repetida hasta el hastío; la obstinación y la persistencia fueron el motor que le permitió al proyecto sobrevivir dos años de poco progreso. Esta obra permanece relevante hasta el día de hoy y es probable que así siga siendo por muchos años más. A pesar de llevar por dentro a la levedad como motivo central, Loveless nos invita a regresar eternamente.

 

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