Piece by Piece: Reign in Blood v Master of Puppets

Masters of Reality es la columna de Heavy Metal de Lados B, en la que Diego y Sebastián, nuestros headbangers más clavados, debaten sobre todo lo que tenga que ver con el estado de las cosas en el género predilecto de Satanás.

En este mundo hay mucho thrash, pero pequeña parte del género ha tenido impacto como el que causaron los big four. Incluso en estas ligas es difícil determinar si todos los integrantes del selecto grupo tuvieron álbumes que trascendieron e influyeron con la magnitud con la que lo hicieron Master of Puppets de Metallica y Reign In Blood de Slayer. El primero llegó en 1986 y mostraba una madurez por parte de la banda al notarse comprometidos con su sonido y su composición. Sin intenciones de hablar mal del clásico que es Ride the Lightning, Master evidenciaba una evolución muy clara de la mentalidad del grupo y hasta el día de hoy tiene canciones que conforman la columna vertebral del metal. En cuanto al Reign in Blood, este no sólo llegaría en el mismo año, también significaría el tercer esfuerzo de estudio de Slayer. Adoptados por el interés de Rick Rubin, la banda sería dirigida a un espacio creativo más formal, donde Hanneman y King disfrutarían de la mejor química de su carrera. La banda cambiaría el rumbo del metal, indefinidamente, hacia uno donde el thrash parece romper su caparazón convirtiéndose así en un monstruo mucho más temible. En esta edición de Masters of Reality, aceptamos la influencia y relevancia de ambos álbumes, pero los ponemos frente a frente para averiguar quién sobreviviría en una batalla a muerte.

Sebastián: La época de oro del thrash: el lanzamiento casi contiguo de Master, Reign, Peace Sells y Among the Living. Ese fue quizás uno de los años más importantes en la historia del metal, reducido a sus dos grandes exponentes; las obras maestras de las bandas maestras. Es común encontrar, en el primer lugar de la listas de los mejores álbumes de metal de la historia, a la obra de Metallica o a la de Slayer. Por esto es que escoger entre uno de ellos es uno de los debates más recurrentes en el medio. Además, me parece curioso que dos trabajos que vienen del mismo año y de la misma “escena” sean tan radicalmente diferentes: uno con énfasis en la melodía y la estructura y el otro con una preocupación por el impacto y la velocidad. Puede ser que Master haya cimentado algunas de las bases del metal progresivo (que explotarían a fondo en …And Justice For All) mientras que Reign lo hizo para las del death metal, que estaba a punto de tener auge en Estados Unidos.

Diego: Sí, el hecho de que convivan en tantos sentidos y que a la vez sean tan diferentes hace de esto una decisión muy difícil, por lo menos para mí. Curiosamente, recuerdo bien cuando compré ambos álbumes y también cuando los escuché por primera vez. Teniendo como experiencia previa al Black Album y a Kill Em’ All, Master me pareció uno de esos álbumes que te comprometen a una semi-odisea, una semi-épica, de principio a fin. Las interpretaciones eran tan flashy que quería ir a contarle a alguien acerca de algún solo. Cuando escuché Reign, fue completamente diferente; ya tenía en mi colección a “South of Heaven” y ya conocía “Angel of Death”, pero no estaba listo para toda la carne de en medio. Ese álbum me abrió la mente y las puertas al hoyo infinito que determina qué tan pesado puede llegar a ser metal. Tal vez fue ese el día en que mi vida se arruinó.

Sebastián: Creo que el día en que tu vida se arruinó fue cuando tu papá te compró esa compilación de Iron Maiden. Pero regresando a lo propio, quizás mi primer contacto con ambas bandas fue a través de estos dos álbumes. Por supuesto, me fue más fácil digerir a Metallica que a Slayer, por lo que, en mi juventud, toda mi afición por el metal se basó en un trauma muy cabrón con Metallica. Si bien ya conocía a Slayer, no le entré de manera seria hasta que compré el Reign in Blood porque estaba como a setenta pesos en Mixup. A la fecha, escucho mucho más seguido al de Slayer que al de Metallica; creo que es, primordialmente, porque Reign envejeció con mucha mayor gracia. Este álbum podría pasar desapercibido como una producción contemporánea, mientras que Master tiene muchísimos rasgos característicos de su producción ochentera. Creo que ese es un punto bastante importante, ya que son muy pocos los álbumes que se siguen escuchando ad hoc dos o tres décadas después de su lanzamiento. Aunque no sé si eso hable bien de Slayer o mal del metal como género.

Diego: Tal vez habla bien de Rick Rubin en sus mejores épocas. Aunque es cierto que muchas producciones de metal no envejecieron bien, hay muchas que se pueden rescatar. Trágicamente, creo que Metallica nunca ha tenido ese encanto, a menos que esto halague a la música, como sucede en Kill ‘Em All. Regresando al tema, ¿qué crees entonces que es lo que deberíamos de tomar en cuenta al final para evaluar a estos álbumes? Ya establecimos que ambos son grandes, que influyeron de forma amplia en sus campos respectivos, la producción ya quedó anotada… ¿No crees que también es válido el argumento de que Slayer tiene una fórmula muy definida y casi redundante de hacer las cosas? En contraste, Metallica exploró diferentes aspectos de su sonido en Master.

Sebastián: Creo que ambos tienen fórmulas. Las dos son inesperadas a su manera, con la clara distinción entre la complejidad en las estructuras de Metallica y la sencillez de las de Slayer. Master cuenta con increíbles interludios y puentes, mientras que Reign tiene algunos de los breaks más chingones de la historia. Lo que uno te da en asombro, el otro lo compensa con head bang. Creo que es de verdad injusto compararlos el uno con el otro, pero a la vez resulta muy interesante. En cuanto a instrumentalización, los dos son en extremo técnicos. Lo único que cambia en el despliegue de la técnica es el orden (en el sentido de disciplina) de la música. Si bien Reign tiene momentos en los que logra estructurarse para de pronto sonar como algo que podría tocar Metallica, Master nunca se acerca a algo que pueda sonar como Slayer.

Diego: Toquemos temas líricos ahora.

Sebastián: Metallica comenzó su diversidad temática “seria” en Ride the Lightning y en Master la perfeccionaron. Slayer llegó a Reign in Blood con una propuesta más basada en el shock y en el morbo, que si bien no es tan “cumplida” como la de Metallica, tiene valor en lo que devendría para el death metal. Creo también que los temas de cada álbum responden a la duración de los mismos. Master dura cerca de una hora y Reign dura la mitad. Para que el álbum de Metallica no se revuelque en el tedio, la solución perfecta fue dividirlo en cada una de las pequeñas historias que vienen en Master. Mientras, para un trabajo tan corto como el de Slayer, funciona de igual manera la monotonía temática. Master es una obra que te da respiros, Reign es asfixiante en su totalidad.

Diego: Hablando con sinceridad, los dos pueden llegar a aburrirme. Por más variado que es el de Metallica, nunca me compromete. Pero estoy de acuerdo; al menos Araya me entretiene más que Hetfield.

Sebastián: Para llegar de una vez al veredicto final, primero quiero hablar un poco de sus influencias. Metallica es más universal, es el U2 del metal; influye muchísimo tanto en thrash y como en rock, sin contar, por supuesto, todos los demás subgéneros del metal que tienen por ahí uno que otro pincelazo de esta banda. En el caso de Slayer, siento que todo el metal extremo tiene características que se popularizaron gracias a la música de Reign in Blood. Slayer pudo no haber inventado todo lo relativo al metal extremo, pero sí se encargaron de hacerlo popular en la misma medida en la que Metallica lo hizo con el metal en general.

Diego: Eso es lo interesante de Slayer: tejieron una red inmensa de cosas cuyo alcance le dio vida al metal por años y años. Mientras y hasta cierto punto, Metallica es pan de cada día. ¿Qué brinco te sorprende más: el que ocurre entre Hell Awaits y Reign o el de Ride the Lightning hacia Master?

Sebastián: Sin duda, el brinco de Slayer. El brinco de Metallica que me impresiona es el que dieron de Kill ‘Em All a Ride, pero eso se discutirá en otra ocasión. Ya habiendo establecido el contexto y teniendo las opiniones en su lugar, creo que es hora de dar un veredicto. Por mi parte, por la emoción que me causa al escucharlo y por su lugar como pieza clave en el desarrollo del género, me quedo con Reign in Blood.

Diego: Trapped in purgatory!

A lifeless object, alive!

Awaiting reprisal!

Death will be their acquittance!

The sky is turning red!

Return to power draws near!

Fall into me, the sky’s crimson tears!

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