7 artistas esenciales de avant-garde para la música popular

La santa vanguardia de la experimentación. Avant-garde, más que un género, es una metodología, una visión ideológica que se basa en la exploración de conceptos de manera disruptiva. Ahora que se tiene una gran necesidad por encontrar diferentes acercamientos a la creación, el avant-garde representa uno de los más imprescindibles para la continuación y la exploración de la capacidad de una idea. Su naturaleza exige la convivencia interdisciplinaria, comprometida y abierta a los rincones tanto conocidos como ajenos. Junto con el ecosistema de música popular se creó un complejo esquema del significado del músico -o artista- en el mundo moderno. Por esto mismo, aquí exploramos los efectos de este desarrollo dentro de la música popular (así, excluimos artistas cuya intención o definición no convivieron de manera directa o dirigida a la música popular, como ocurre con algunos compositores neoclásicos). Este es un amplio mundo de creadores que siempre ha existido y siempre ha sido capaz de ofrecer lo extraño y lo extravagante, lo visionario y lo incomprendido, lo grotesco y lo refrescante. Aquí, exploramos la materia en toda su capacidad, con subgéneros de rock y versiones primigenias de electrónica, con propuestas pop y sátiras en forma de anti-arte.

Björk

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Misteriosa islandesa que a pesar de ser parte del ojo público, siempre es causa de profunda intriga. Una eminencia, no sólo por su inmensa pasión musical, también por su interdisciplinaria visión, evidente en su trabajo en la industria de la moda, las artes visuales y su colaboración con nombres como Lars von Trier o Matthew Barney. Hoy Björk ha logrado convertirse en un elemento esencial para el extraño péndulo que se balancea entre lo popular y lo experimental. Su carrera comenzaría con la exploración del punk en The Sugarcubes y después se desarrollaría en un pop ecléctico e íntimo. Para expresarse, Björk tomaría algo del lenguaje de artistas como Kate Bush y Brian Eno, incorporaría en sus rangos a los grandes (como con el inolvidable esfuerzo de Nellee Hopper) y precisaría una carrera de constantes cambios conceptuales. Estos últimos exploran al pop como la circunferencía sobre la que giran trip-hop, house, IDM, glitch y ambient, que fueron creciendo a diferentes velocidades y con diferentes necesidades dentro de su trabajo. Incluso, llegamos a escuchar el desarrollo neoclásico de orquestaciones revolviéndose en el surreal estilo electrónico de la artista. Al frente se presenta con una voz única por su delicadeza e intermitencia casi androide, que con constancia ha sido cargada de furia emocional y política. Björk sin duda ha pasado disfrazada entre dos mundos que no pueden evitar adorarla cuando son incapaces de advertir su supuesta rivalidad.

Frank Zappa

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La mente de Zappa era una de las más sanas en la escena de la música moderna, declaración casi opuesta -pero potencialmente real- a la imagen que tenemos de Zappa como uno de los genios locos del rock. A través de su desarrollo artístico, creó una metodología de experimentación atrevida pero siempre sustentada por un trasfondo meticuloso, una justificación de propósitos. Desde su juventud, el artista desarrolló aptitudes e intereses que le permitieron incentivar la creación de un lenguaje autodidacta. Con el tiempo, Zappa citaría la importancia, no sólo de la ética DIY, sino de la importancia de la libertad de expresión, la conciencia de los motivos que mueven a la música y el sentido que se le da a estos conceptos. Este era un hombre que abogaba por la despenalización y regulación de las drogas a pesar de que en su vida personal no hacía uso constante de ellas, un hombre que, en su búsqueda por la libertad de expresión, daba entrada incluso a los artistas que a él no le apetecían. Tuvo una mente coherente y congruente con las realidades de su identidad. Él, si bien parece haber sido un terrorista musical, era un hombre serio, dedicado y preparado; en el medio de su caos había formalidad y deseo por la integridad de su creación.

Captain Beefheart

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Trout Mask Replica se ha vuelto referente absoluto de la experimentación. En una época complicada para los músicos fuera de la norma y con la siempre presente necesidad de tener éxito comercial, Beefheart se encontró en una encrucijada. Sus deseos lo tentaban a ir más allá pero flotaba, sin oportunidad, de disquera en disquera. Cuando comenzó su extraña relación con Zappa, este le permitió trabajar en el álbum mencionado con toda la libertad creativa que necesitara. Fue en ese momento que el Magic Band del músico conoció su lado más brutal, en donde el control creativo era absoluto e indudable; las sesiones de ensayo de las esquizofrénicas composiciones de Beefheart se convertían en sesiones de tortura y humillación. Ocho meses de ensayos y menos de cinco horas de grabación en estudio dieron forma a uno de los monstruos más grandes de la época (cuyos pasos retumban hasta el día de hoy): una especie de sátira, un viaje indescifrable entre free jazz y rock, donde el progresivo aparece antes de tener nombre, donde el math rock nace antes de su concepción y el punk y el new wave dan suspiros como fantasmas del futuro. Si generaciones enteras de artistas hablan de Beefheart, es porque su visión fue absoluta; su destrucción de convenciones y su ambición expresiva son insecables, décadas después del encuentro con el pez mago.

The Velvet Underground

The Velvet Underground

Observemos al nativo, ídolo y a veces terrorista de la cultura pop: Andy Warhol. Ya sea con cinismo o ironía, como crítica o celebración, su trabajo llevó la visión experimental e interdisciplinaria a los escenarios más atendidos. Esto y su tendencia a absurdizar, a desmitificar grandes temas a través de la repetición, son paralelos a la importancia de la banda que eventualmente tomaría bajo su ala. Lou Reed y compañía trabajaron como bohemios callejeros, como demoledores de la fórmula del rock, al cual querían dar un nuevo impulso. A cuarenta y nueve años de su debut, empezamos a contar las ramificaciones de la gran influencia de The Velvet Underground, que abrió las puertas al despojar al avant-garde de su misticismo, transformando su elitismo en profunda creatividad.

La Monte Young

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Este es un compositor seducido por las habilidades tecnológicas, la abstracción y lo atractivo. La Monte Young es citado como el primer compositor minimalista; en el caso de que no sea cierta esta aseveración, podemos decir que definitivamente fue un pionero. Sin interés por la música clásica, este artista fue atrapado por la tecnología musical, la capacidad del sonido, el serialismo, el jazz y la música oriental tradicional. En su necedad por explorar el alcance sonoro a través de sus influencias, ofreció uno de los destellos más primitivos del drone. Su música dio pie a un hipnótico experimento tonal en grandes volúmenes, que inspirará el desarrollo de texturas en la música popular. John Cale, Brian Eno y Dylan Carson son algunos ejemplos de observadores cercanos a la indispensable existencia de uno de los compositores modernos más rigurosos.

The Residents

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Un elusivo colectivo de arte da paso a una introspección sobre el significado de la música popular occidental. Este experimenta a través de una amplia gama de medios, incluyendo de manera uniforme a la música, el cine, las artes plásticas y demás. Incluso, ridículamente, fueron pioneros de trabajos en formatos CD y DVD. En cada una de sus entregas demostraron una excesiva abundancia creativa. Con humor, valentía y locura absoluta, The Residents creó música que se aprecia mejor si se le ve como una ventana hacia los significados de este arte. Al contar con collages surreales de sonido, una profunda conceptualización y bromas pop, este grupo suena como una especie de culto mítico que sólo pretende burlarse de nuestra incredulidad.

Terry Riley

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Este compositor minimalista no es uno que pueda presumir de crear música carismática, sexy y llena de estilo, pero sí de ser una de las mentes más científicas y alegres de la música popular. Gracias a su obsesiva disciplina de trabajo logró crear una obra de carácter fantasioso, cristalino y optimista. Si bien sus contemporáneos y relacionados artistas adoptaban un temple frío en su expresión, Riley, por su encantador trabajo de sintetizadores, suena como un niño explorando; contrasta con lo que parece ser un cinismo inherente del avant-garde. No sólo logró mantenerse sonriente ante un nicho que está atorado en su auto-impuesta importancia,  también resultó que su elocuencia melódica superaba la de cualquiera de sus contemporáneos, dotando de un carácter delicado a su compleja técnica. A través de este cuerpo de trabajo, los amantes de los sintetizadores pueden acceder a un manual puntual que explica el potencial de la tecnología que buscan dominar.

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