Vacas Sagradas: Mellon Collie and the Infinite Sadness

Fue llamado el The Wall para la generación X, visto por algunos como el “álbum vendido” de los Smashing Pumpkins. Fue la obra en la que Billy Corgan se convirtió en un gótico calvo -lo cual definiría al resto de su carrera como una traducción de imagen a música bastante elocuente-. Son ciento veintidós minutos divididos en seis capítulos (DawnTea TimeDuskTwilightMidnight Starlight) que, por sus nombres y conceptos, bien pueden haber sido el antesala del emo de MTV. Es el álbum que le dio el nombre al mejor volumen de Scott Pilgrim. Es una combinación de géneros y estilos sin precedentes en el rock de MTV de los noventa,  muy lejos del otro referente multi-estilístico comercial de la época, Vitalogy. Doom metal, pop, rock alternativo, noise, trip-hop, industrial y shoegaze conviven sin ningún problema en el mismo contexto, unificados por el increíble talento de Corgan para expresar emociones adolescentes a través de sus letras y melodías.

La ambición de este proyecto no tiene rival en el ámbito en el que se encontraban los Smashing Pumpkins después del éxito rotundo de Siamese Dream. Nadie más pudo tomar todos los géneros que definieron a los noventa en términos musicales y hacer un cocktail tan coherente, equilibrado y sobre todo de tan buena calidad. El problema con los álbumes dobles es que la mayoría terminan por contener una que otra canción de relleno. Desde una perspectiva personal, y siendo absoluto fan de los álbumes dobles, considero que Mellon Collie es uno de los trabajos mejor balanceados de todos los grandes de la historia. Esto es un logro sin comparación, tomando en cuenta que la edición en vinilo del álbum no es doble, sino triple. Electric LadylandThe WallBitches BrewThe Beatles pueden ser más legendarios e influyentes, pero ninguno tiene la consistencia de Mellon Collie, comparable, en mi opinión, tan sólo con Exile on Main Street, el cual dura una hora y trece minutos menos que el de los Smashing Pumpkins.

También resulta apabullante constatar la calidad del trabajo de Corgan en esa época, ya que se dice que escribió alrededor de cien canciones durante el periodo de composición de Mellon Collie, de las cuales tan sólo veintiocho dieron el ancho para aparecer en el producto final. Es probable que no hubiera nadie más prolífico como compositor a mediados de los noventa, salvo en Inglaterra, dada la cantidad obscena de lados B que escribió Noel Gallagher durante esa época. Pero a diferencia de su colega inglés, Corgan extendió sus composiciones sobre diferentes paletas estilísticas, que bien podrían haber pertenecido a My Bloody ValentineNine Inch NailsSonic Youth.

Aunado a la fortaleza del álbum como un concepto global efectivo, una de las características que han hecho de Mellon Collie un referente inmediato del rock comercial es que aparte de tener momentos experimentales contiene una de las colecciones de sencillos más poderosa de la historia del género. “Bullet with Butterfly Wings”, “1979”, “Tonight Tonight”, “Zero” y “Thirty-Three” representan a la perfección los valores y sentimientos de su generación, así como la diversidad musical de este esfuerzo. Todas las tribus sociales surgidas en los noventa tenían como himno alguno de los sencillos, desde el eventual alza del emo con “Zero” hasta los futuros fans de Radiohead con “1979”. MTV hizo su agosto con las elecciones de los Smashing Pumpkins para promocionar el álbum.

Veintiún años después de la cúspide de los Smashing Pumpkins, se puede observar que los dos aspectos principales del álbum envejecieron con diferente gracia. El primero es la música, que a pesar de contener estilos apropiados a la época, logró conservarse fresca para los oídos contemporáneos. El fuzz cuasi-industrial que plaga la mayoría de las canciones se siente, por alguna razón, más reciente que trabajos parecidos de Marilyn MansonWhite ZombieNine Inch Nails. Esto se debe, sobre todo, al uso que los Smashing Pumpkins le daban a la guitarra, muy apegada a la tradición clásica del rock. El segundo, son las letras que, por el otro lado, ahora resultan un poco cursis, atrapadas en una angustia adolescente que adoptarían bandas como My Chemical RomanceGreen Day a mediados de la década pasada. No quiere decir que eso tenga algo de malo, pero si algo dejó la llegada del nuevo milenio fue una camada de nuevos compositores que abordaron los sentimientos juveniles de una manera muy fresca e inteligente, lo cual dejó en ridículo a las bandas ya mencionadas.

En general, Mellon Collie and the Infinite Sadness es un álbum que se puede considerar ya como un clásico, que como pocos en los últimos veinticinco años demanda algo al escucha: un periodo de atención de dos horas y veinte minutos, separados como pequeños conceptos, lo cual requiere de un esfuerzo especial que no se necesita para un álbum de cuarenta minutos. Sentarse a escuchar Mellon Collie es la versión pop de analizar una película de Sergio Leone: obras largas, llenas de detalles y uno que otro toque cómico pero involuntario debido a la época en la que fueron creadas. El álbum que exige al escucha y que además es una estrella de MTV y éxito multi-platino es ya una raza extinta; quizás el tercero de los Smashing Pumpkins es el último de ese linaje, uno que ya no es posible fabricar a causa del estado actual de la industria musical.

 

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