7 artistas esenciales de electrónica experimental contemporánea

Nuestra generación se encuentra en medio de uno de los momentos más interesantes para ser amante de la música. Con toda la historia detrás y la excitación por el futuro, observamos con ansia y carácter analítico el envejecimiento del rock y el desarrollo adulto del hip-hop y la electrónica. La accesibilidad de la música y el avance tecnológico han permitido a estos géneros empaparse en una marea caótica de nuevas visiones y deseos. Una de las áreas más gratificantes al momento de explorar ha sido la de los círculos experimentales y avant-garde que yacen silenciosos pero prolíficos, ocultos pero triunfantes.

Aquí una lista de los artistas más relevantes para cualquiera que tenga las ganas de indagar en este género, paradójicamente calculado y emocional:

Jon Hopkins

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Apoyándose en el nuevo ecosistema musical que permite al productor dar la cara como artista, Jon Hopkins llegó al mundo no sólo como un esfuerzo de revitalización del IDM, también como un deseo de profundizar en instrumentación digital, abstracción y representación dentro de la narrativa musical moderna. Además de haber sido compositor de banda sonora, fue arma secreta de actos como Brian Eno y Coldplay. Su figura como productor ya es reconocida detrás de cámara. Ahora, con la llegada en 2013 de Immunity, ha renovado su independencia artística. Este año contemplamos la re-edición de su debut con Opalescent, que aparece como un momento reflexivo acerca del empujón que Hopkins dio con su visión a un género que ahora, más que nunca, necesita elegancia y reivindicación.

Ben Frost

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Dentro de los círculos avant-garde contemporáneos, Ben Frost se ha creado una extraña fama a consecuencia de su boca, más que de su música. Componiendo bandas sonoras, colaborando con artistas excéntricos, viajando con documentalistas a zonas de conflicto político y desarrollando foros de discusión acerca de biología y otros temas de índole científica, el artista parece más un personaje ficticio que un músico. Tal vez su obsesiva naturaleza ha visto a su música como víctima de desinterés, mientras que artistas aledaños a su historia han crecido más. A pesar de esto, Ben Frost es reconocido en la industria por nombres como Swans y Tim Hecker, donde ya ha sido colaborador en varias ocasiones, adquiriendo así validez.

Su estilo musical tiene una robusta conexión con el dark ambient, arraigado en las visiones de chamber music, y una conciencia punk. Con un lenguaje basado en la sofocación y en lo abrasivo que otorga la distorsión y la magnitud instrumental, Frost se ha postulado como uno de los músicos electrónicos más atrevidos en un competido círculo creativo.

Oneohtrix Point Never

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Daniel Lopatin es eminencia desconocida para la música moderna. Su mano ha estado presente en infinidad de proyectos innovadores, lo que le permite gozar de su reputación como uno de los productores más visionarios de nuestra época. Todo esto llevado a cabo dentro de un círculo de artistas que disfrutan de su relación con el anonimato y que sólo ha sido contemplado ampliamente en los últimos años con proyectos bien comunicados; como Garden of Delete, por ejemplo, y su reciente colaboración en el Hopelessness de Anohni, que significó un éxito este año.

Su cambiante estilo se demuestra capaz de mantener relevancia a través de los años con incisiones dentro de terrenos como el IDM, el drone, el ambient, el glitch, la industrial y hasta hallándose pionero del vaporwave. La ambición de Lopatin en la música moderna es una que silenciosamente infecta hasta a las esferas más comerciales de la industria, que ahora requieren de una visión electrónica más elocuente.

Tim Hecker

hecker

El compositor es consciente de uno de los problemas que más ha embrujado a la música electrónica: su falta de tacto humano. Este obstáculo fue atacado por el canadiense con el deseo de una delicada instrumentación en vivo que se ve desfigurada, trastornada y transformada por la amplia competencia digital del artista. Hecker ha coloreado su carrera con matices de ambient, drone y hasta de noise. Esfuerzos como Haunt Me, Haunt Me Do It Again, Ravedeath, 1972 y Virgins le han dado forma a un tratamiento meticuloso dirigido hacia la grabación en vivo, el espacio físico como personaje de la manipulación y los recursos digitales a manera de lupas sobre lo musical tangible. En Virgins, por ejemplo, observamos composiciones que toman de la mano al clásico minimalista y lo traen a su máxima expresión moderna, con resonadores y capas superpuestas que convierten a la obra en algo casi forastero para nuestro tiempo. Tim Hecker es piedra angular de un género que se apenas va alcanzando la madurez y que necesita ser observado por una audiencia más amplia para demostrar el alcance de la modernidad.

Arca

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El producto venezolano triunfó con una serie de EP’s y mixtapes que lo pretendieron como una de las caras más reconocibles de la nueva generación de productores electrónicos. Sus esfuerzos abstractos inspirados en glitch, los sonidos del IDM de los ’90 y la nostalgia aural de artistas como Lopatin fueron suficientes para darle una identidad propia. Al darse a conocer con un portafolio firme, consiguió el papel de co-productor en la gran embarcación que fue Yeezus de Kanye West y un importante rol en la producción de FKA Twigs, Björk y Kelela. Así, el sonido de Arca comienza a permear la conciencia del nuevo y moderno sonido art pop. FKA Twigs ha visto la producción de Arca imitada en círculos populares con más y más frecuencia, lo que comprueba su importancia como músico moderno.

Laurel Halo

LAUREL HALO — AUG 2013

Esta artista fue rápidamente incluida al círculo de electrónica experimental al verse relacionada con notables nombres como Daniel Lopatin y James Ferraro. Sin perder el tiempo, Laurel utilizó su sólida formación clásica y su audacia para hacer música bastante alejada de lo convencional. Inspirada por el singular sonido del techno y house europeo de finales de los ’90, la psicodelia del rock de los ’70 y un estoico dominio de la composición, su obra resulta en una especie de maquinaria robótica, fría y calculada, que por momentos tiene episodios alucinantes. La belleza de su creación es el persistente fastidio por la norma, lo cual le ha permitido renovarse constantemente. Si bien su música ha sido criticada por carecer de sensibilidad hacia la experiencia estética, es una que promueve a la experimentación como herramienta fundamental de exploración.

Nicolas Jaar

jaar

El consentido e incomprendido fenómeno de Nicolas Jaar. Hijo del renombrado artista chileno Alfredo Jaar, Nicolas tropezó con una vida confusa en Nueva York, entre amoríos con el house, sensibilidades a la poesía europea, acceso a novedosa tecnología y un contexto que ponía en sus manos la -en ocasiones- exclusiva comprensión de ritmos tribales. Fue así que desarrolló un lenguaje único que comprendía la sutileza de la indagación mientras que era lo suficientemente carismático como para resonar. La consecuencia de dicho lenguaje fue que se transformó en víctima de apropiación y desfiguración de su propio arte, en un entorno donde la música electrónica había tomado rumbos riesgosos. A pesar de esto, el joven artista dedicó esfuerzos importantes a la creación de diferentes proyectos lanzados de manera discreta, manteniendo distancia de la empalagosa industria musical. Su aventura con Darkside, el auto-ordenado y abstracto Pomegranates y sus recientes colecciones como Nymphs y Sirens nos dejan con la capacidad de percibir a Jaar como una de las voces más relevantes y sinceras de la adultez de la música electrónica.

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