Sobre la mesa: Los 7 mejores álbumes de Radiohead

Conformada por Thom Yorke, Jonny Greenwood, Phil Selway, Colin Greenwood, y Ed O’Brien, Radiohead ha sido una de las bandas más inventivas y amadas de la esfera popular en las últimas 3 décadas. A menudo hablar de su obra implica un suicidio periodístico, pues su discografía es tan consistente que resulta difícil hablar de ella sin herir susceptibilidades (saludos, “The King of Limbs” y “A Moon Shaped Pool”.)

Iniciando su carrera como una banda de garage mal reputada (On A Friday), pocos habrían apostado por la rápida evolución estilística a la que se sometería la agrupación. En el transcurso de 14 años se convertirían en el outfit que redefinió la música de guitarras (para después abandonarla casi por completo), incurriendo en terreno impensado para un acto que inicialmente habría sufrido bajo la sombra del grunge, y destruyendo para siempre los estigmas formulaicos que solía significar el éxito musical. Estos son los 7 mejores álbumes de Radiohead, en orden ascendente.

 

7. Pablo Honey (1993)

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El debut de los de Abingdon suele ser su trabajo más críticamente explotado, tanto por el medio periodístico como por sus obstinados seguidores. Un álbum de pop/rock como Pablo Honey difícilmente podría evitar palidecer ante las tres obras que le sucederían, cada una más ambiciosa que la anterior. Parte de la culpa podría corresponderle a “Creep”, sencillo con el que Radiohead alcanzaría la fama mundial, pero que rápidamente se convertiría en un estigma para las aspiraciones artísticas de la banda -como lo delata “My Iron Lung” (1995) -. En retrospectiva, el álbum de los pistilos de pan de hada puede parecer un esfuerzo mediocre si se le observa superficialmente. Un par de escuchas descontextualizadas evidencian que el trabajo de riffs y la soltura melódica presentes en Pablo Honey se alinean mejor con el power pop de Dinosaur Jr. y los Pixies (como Paul Q. Kolderie podría testificar) que con el sonido refinado que el fan común de Radiohead busca en uno de sus full-lengths. De “Stop Whispering” a “Blow Out”, cada track implica un hook del que hasta Stephen Malkmus y Doug Martsch podrían sentirse orgullosos, de haber sido los autores.

 

6. Hail to the Thief (2003)

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Uno de los reproches más recurrentes hacia el cuerpo de Hail to the Thief es el de su extensión. 56 minutos y 35 segundos que, en opinión de muchos, abundan en fillers auto-indulgentes y auto-imitativos. En efecto, las primeras impresiones del también llamado The Gloaming suelen aparentar un álbum desabrido e innecesariamente largo, cuyas pretensiones le quedan grandes hasta a las canciones; pero a pesar de ser comúnmente percibido como tedioso, el sexto de Radiohead puede ser uno de sus más sugestivos si se la da la oportunidad. Este es un documento con una carga política trascendental que, en materia, buscó lidiar con la paranoia doméstica provocada por el adviento de la Guerra de Irak, y con la corrupción editorial que acechaba (y que hoy domina) a occidente. El mismo título de la obra es una satirización del himno presidencial estadounidense “Hail to the Chief”, señalando a George W. Bush y a Tony Blair como responsables. Dejando a un lado las agendas de la época, es indiscutible la atemporalidad que destaca en la mayoría de estas canciones, planteando reiteradamente que un acto diplomático  se  origina, también, de un afecto personal (i.e. “There, There”, “A Wolf at the Door”, “Sail to The Moon”).

 

5. In Rainbows (2007)

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Mucho se ha hablado de In Rainbows como el álbum que, gracias al sistema “paga lo que quieras”, cambió la forma en la que se consume (y aprecia) la música en la modernidad. De la sustancia del álbum se escucha menos, aunque no faltan quienes lo vocalizan como su predilecto de entre la discografía de la banda. Lo cierto es que In Rainbows vio a Radiohead regresar a un formato naturalista de composición, bajo el que construyeron su disco más cálido e íntimo hasta la fecha. Las baterías de Phil Selway y los bajos de Colin Greenwood son los protagonistas imperturbables del line-up instrumental; el motorik perpetuo y el groove refrenado le dan su identidad serena al álbum (“Weird Fishes/Arpeggi”, “Reckoner”), desarrollando un ambiente ideal para el desdoblamiento de la guitarra post-romanticista de Jonny Greenwood _adecuadamente etiquetada, por la presencia de temáticas faustianas (“Videotape”, “Faust Arp”) y motivos que exploran una fascinación por la cualidad estética del cuerpo (“Nude”, “Bodysnatchers”)_ y para el trabajo de sampleo de Ed O’Brien. Un álbum redondo desde donde se le aprecie.

 

4. Amnesiac (2001)

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Conocido como el gemelo malvado de Kid A por haber sido compuesto durante las mismas sesiones de grabación (y por procurar una versión de “Morning Bell“), Amnesiac es, sin duda, el menos accesible y más especulativo de los trabajos de Radiohead, siendo el krautrock, el dixieland, la electrónica, y la música clásica los estilos más explorados dentro de su amplitud sonora. El álbum, como su nombre lo indica, trata temas como la persistencia de la memoria (“I Might Be Wrong”), y la reencarnación (“Pyramid Song”, “Knives Out”). Variando en influencias desde Charles Mingus y Stephen Hawking hasta textos budistas y mitologías egipcia y griega, es evidente la procedencia de tales excentricidades. Como parte integral de este organismo ecléctico, el eslabón dominante tiene que ser “Life In a Glasshouse”, uno de los arreglos más sofisticados de Jonny Greenwood y una de las interpretaciones vocales más conmovedoras en la carrera de Thom Yorke.

 

3. The Bends (1995)

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Esta podrá no ser la obra más extravagante de Radiohead en cuanto a influencias y diversidad de estilos, pero fue la que dejó claro que no eran otra banda insípida de rock “alternativo” reciclando idiosincracias del grunge y trasladándolas al contexto británico. The Bends es, en esencia, un álbum de britpop; uno que definitivamente toma prestado de otros estilos (el dreampop y el glam, por ejemplo), y que, no obstante, concibió en el trabajo de guitarras de Jonny Greenwood lo que bien podría ser un género hasta entonces inédito, un género sin nombre. Es a través de los aspectos temáticos del álbum que se hace evidente la creciente distancia entre las aflicciones adolescentes características de Pablo Honey y el interés adquirido de Yorke por cuestiones relevantes a gran escala. El calentamiento global (“Planet Telex”), el efecto anestésico del consumismo (“Fake Plastic Trees”) y la futilidad de la existencia (“Street Spirit”) son algunas de las problemáticas sobre las que se reflexiona, ejemplos de esta inclinación gestante que, sin separarse de lo emotivo, tiende hacia lo político.

 

2. OK Computer (1997)

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La premisa de OK Computer se encuentra encapsulada en “Fitter, Happier”: la inautenticidad de la vida funcional no cuestionada. Esta canción expone, inmersa en una atmósfera decadente, una serie de acciones que conforman un estándar de conducta que supuestamente garantiza la plenitud (“Regular excercise at the gym…, Will  frequently check credit…, Cry at a good film…”). A lo largo del álbum se habla también de la elección como fabricación de la consciencia y de la impotencia subliminal, como en los versos de “Paranoid Android”: “Your opinion is of no consequence at all… I may be paranoid, but am not an android”, anuncia un autómata. El discurso filosófico cada vez más complejo de Yorke viene acompañado de una grandilocuencia musical sin precedentes discográficos para la banda, que, sin embargo, también se toma el tiempo de explorar la experiencia individual de la condición humana, como se aprecia en “No Surprises” (“I’ll take a quiet life, a handshake of carbon monoxide” y “Let Down” (“The emptiest of feelings, disappointed people clinging on to bottles”). “Airbag” ubica la narrativa en una época apocalo-futurista (“In the next world war… I am born again”) y “Karma Police”, tomando la forma de un himno Lennoniano, personifica el principio espiritual de “causa y efecto”, reactivo ante la opresión sistémica, y ante la demencia social que la misma ocasiona (“For a minute there, I lost myself”). Además de la apropiación de esta dialéctica entre el discurso filosófico y el emocional, el juego sonoro representa el balance perfecto entre la música pop y la experimental. OK Computer fue el primer álbum de Radiohead en cambiar el devenir de la música.

 

1. Kid A (2000)

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El éxito de OK Computer fue abrumador para la composición de su follow-up. Un colapso mental y la amenaza de una separación inminente (catalizada por la indisposición de cada integrante a separarse de sus roles musicales habituales) culminaron en un proceso creativo inortodoxo: Yorke, exhortado por el estrés, llenó un sombrero de palabras recortadas elegidas al azar, apretó frenético todas las teclas de su ordenador, y transformó una guitarra en un pad de ambient. Por su parte, Jonny Greenwood modificó su teclado para construir un controlador de ondes Martenot, jugueteó con sintetizadores modulares, dirigió una orquesta, y le encomendó a un conjunto de jazz emular el sonido de un embotellamiento. El resultado fue un montaje dadaísta de ambient, krautrock, jazz, electrónica, y art-rock, acondicionado en texturas deconstructivas por el oído de Nigel Godrich e ilustrado por el artista plástico Stanley Donwood (ambos colaboradores de la banda desde 1994)Paradójicamente, del tratamiento absurdo surgieron varios objetos centrales: “The National Anthem” delata a la nación como una construcción ilusoria dispuesta a preservar el status quo: “Everyone is so near, everyone has got the fear”. “How to Disappear Completely” funciona a manera de mantra, describiendo una experiencia extracorporal, y “Motion Picture Soundtrack” se burla, con arpas y falsettos operáticos, de la romantización de la fantasía capitalista, denunciando la levedad de la ficción ante la inevitabilidad de la muerte: “It’s not like the movies. They feed us on little white lies… I will see you in the next life.” Kid A es la tesis de la inarticulación, de la brecha gradual entre lo humano y lo artificial; la memoria que sobrevive, el flautista que nos rapta en sueños, la muerte del ego, el líquido amniótico trascendiendo el plano sensible.

 

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