u_ derblog: Who Will Cut Our Hair When We’re Gone?

En u_ derblog revisitamos los álbumes de culto más subvalorados de la escena independiente moderna -y los favoritos del autor- y atendemos a los lanzamientos que, por alguna razón u otra, pasan desapercibidos en el radar de hasta los melómanos más avezados.

Formada en el invierno del 2000 por Nicholas “Diamonds” Thorburn y Alden “Ginger” Penner (a los que se integraría Jamie Thompson en el 2003), The Unicorns fue una banda de pop experimental quebequense con una longevidad de escasos 4 años, en los que recorrerían Norte América, Europa, y Australia varias veces, haciéndose de fama en el circuito underground por sus interpretaciones cándidas y en ocasiones, caóticas. Habiendo compartido escenario con otros actos de la escena canadiense como Hot Hot Heat y Arcade Fire (que en aquél entonces eran teloneros), es casi inconcebible pensar que los unicornios nunca alcanzarían tales alturas; debido al exhaustivo ritmo de vida de las giras nacieron tensiones entre los miembros de la banda y terminaron por separarse en el invierno del 2004. En los meses previos a su ruptura lanzarían The Unicorns: 2014, un EP que, a manera de profecía, les facilitaría un breve regreso a los escenarios (en el año que el título señala) gracias al entusiasmo de su fanbase creciente y a la intervención de Win Butler y compañía.

Who Will Cut Our Hair When We’re Gone? (2003) es el primer y único full-length de The Unicorns, reconocido por ser una variedad de power pop que no necesita recurrir a la reincidencia inmediata de sus motivos melódicos en función de su memorabilidad. Trabajando en un formato esencialmente a-estructural (para estándares de la música popular),  Thorburn parece tener una habilidad sobrehumana para invocar hooks hasta en los sistemas musicales más inhóspitos. El opener, I Don’t Wanna Die, cumple la función de escaparate sonoro, ayudándonos a reconocer la identidad temperamental del álbum. Un intro de percusiones arrítmicas y disonancias (que más parecieran el berrinche de un animal taxonomicamente desconocido) se desplazan hacia un vals en 6/8 que dispone su momentum para la caricatura de una pieza marcial. Un crescendo ominoso anuncia “Death! I Just want one more breath!”, mientras trompetas, sintetizadores y otros chillidos esporádicos se abren paso entre figuras enfermizas de festividad. A continuación se encuentra Tuff Ghost, con una variedad casi innombrable de estilos que se difumina entre el dance, la psicodelia, el garage rock y el equivalente bubblegum del doom metal. “I don’t care about anyone else” advierte con un dejo de melancolía una voz intradiegética (el fantasma rudo del que habla la insripción), negando que le aquejen su soledad y distanciamiento del mundo material. Con las notas finales de Tuff Ghost da inicio el wobblebop de Ghost Mountain, una balada” que continúa con la línea temática espectral, claramente haciendo referencia a la ficción de los dos tracks anteriores, pero desde una perspectiva alterna. “There was heat from the fire, but I still froze when I saw the ghost…” armonizan Penner y Thorburn, con el mismo zeitgeist que poseyó a Phil Elverum en I Want Wind to Blow, en el 2001.

Una comprometedora línea de flauta dulce introduce Sea Ghost. Apegándose un poco más a la constitución sonora del noise pop, que también utiliza ornamentos orquestales de vez en vez, esta canción sigue el hilo mental de una persona que se sumerge en el mar junto a su pareja con la esperanza de que las corrientes los separen, presuntamente matando a alguno de los dos: “I had hoped the salt below would divorce what was wed above.” Hacia el final, la voz protagonista proyecta remordimiento después de que sus intenciones se materializaran, explorando una vez más el velo consciente entre la vida y la muerte: “But what remained of the driving intent?… Who was I with? What time was it? and where did you go?” La última de estas preguntas retóricas parece proponer que, a pesar de olvidar sus circunstancias en vida, el fallecido recuerda haber experimentado un afecto en particular.

Podemos inferir que el primer “tercio” de Who Will Cut Our Hair es un texto tragicómico cuya voluntad es explorar las implicaciones emocionales de una “vida después de la muerte”, observándolas desde distintos escenarios mentales.

Continúan; Jellybones, con una línea de sintetizador reminiscente de Kernkraft 400 y The Clap, que revive con frescura el sonido midwest emoChild Star funciona como pieza central del álbum, extendiéndose hasta los 5:22 en episodios intercalados de lo-fi y pop barroco. “-I’m not a fan of you anymore. -Yes, you are. -But you broke my fragile heart.”, dialogan una “estrella” y un fanático, en evaluación del constructo de “fama” y sus consecuencias sensibles. I Was Born a Unicorn parece ser la inspiración primaria detrás del afro-pop del primer trabajo de Vampire Weekend, re-imaginando el concepto de J. M. Barrie, en el que una criatura mágica (en este caso un unicornio) muere si se deja de creer en su existencia; una alegoría muy interesante considerando la separación de la banda, que estaba por venir. Tuff Luff, en la décima posición, es una desambiguación de la crisis ideológica de un adulto joven ante un sistema defectuoso.

Quizás el evento más memorable del álbum, Innoculate the Innocuous es un caldo primigenio en el que se unen el synthpop y el funk en un contexto post-Pixies. El título insinúa la profanación de lo inmaculado, haciendo referencia al dilema religioso del tratamiento médico -quimioterapia- como afrenta hacia la voluntad de Dios. A lo largo de 5 párrafos cortos, Innoculate aborda el concepto de la enfermedad terminal y su relación con la fe, escenificando la deconstrucción del ser corpóreo (“Somewhere in the asshole of my eye”) y la resignación ante la muerte, a base de imaginería sacra y recursos escatológicos: “Reflect on your absence. Genuflect in my presence. Remove your abssess, they say it’s cancer.” predican las últimas líneas en forma de himno bowiesiano. ¿Quién cortará nuestro cabello cuando muramos?

Les Os es una reiteración temática de la artificialidad y de las relaciones interpersonales. Interrumpidas por el juego de cejillas y sintetizadores de Penner (como el que Franz Ferdinand solicitaría en su debut) y los redobles apurados de Thompson, se pueden discernir las frases “I want to die today, and make love to you in my grave… Is this love of ours a lie? Is it chemically derived from aspartame?”, resultando en un momento de abandono absoluto que sugiere un preámbulo temático en vísperas del final.

Pidiendo prestado el estilo vocal de Ben Gibbard, Ready to Die es la consumación cronológica de esta trama. Después de temblar ante la noción de la no existencia en I Don’t Want to Die, y de haber viajado por un multiverso de potenciales vidas (con sus respectivas muertes) en el resto de las canciones, la consciencia medular que ha evolucionado dentro de estos personajes se encuentra a sí misma finalmente dispuesta a aceptar su destino: “Don’t pardon me, there’s nothing rude. Things conclude! Things conclude!” y el álbum termina inceremoniosamente, como todo lo demás, al ser tosida la misma línea que le da su nombre al closer.

Highlights: Innoculate the InnocuousLes Os, Ghost Mountain, I Was Born a UnicornTuff Ghost

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