Álbumes Listas

Los 7 álbumes esenciales de post-punk

Por Diego Galán y Urian Pizaña

Hacia el final de la década de los ‘70 la ética do it yourself y la energía que caracterizaron a la primera ola del punk ya no eran más que un rastro desvanecido. El género se había transformado en una exitosa fórmula comercial y en un lecho para los convencionalismos de un rock estéril y accesible. En vista de que la naturaleza subversiva del movimiento se encontraba caducada, un nicho de artistas emergentes se propuso sacudir una vez más el status quo, y bajo el precepto de que un contenido radical demanda métodos que también lo sean, erigieron una serie de vanguardias sobre los cimientos del mohawk. Repudiando la tesis populista que les precedía, los primeros exponentes del post-punk exoneraron al músico moderno a hacer uso de motivos plásticos y políticos, construyendo su estética a partir de elementos interdisciplinarios, tomando prestado, por ejemplo, del cine neo-gótico y del postmodernismo arquitectónico y literario. Durante los siguientes diez años esta serie de estilos se propagaría ampliamente, empalmándose a ratos con el jazz, el disco, y el krautrock, y resultando en algunos de los álbumes más revolucionarios de la historia, incluso hasta el día de hoy. En esta diversidad encontraron la manera de abrazar un concepto del punk como espíritu, liberándose así de los esquemas normativos de su época.

Dada su importancia para la formación del panorama musical contemporáneo, les traemos los siete esenciales del post-punk en orden cronológico.

Pink Flag (1977) – Wire

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De acuerdo a la visión anti-consumista de las vanguardias punk (y convenientemente para su ejemplificación), Pink Flag fue un fracaso comercial y un éxito con la crítica, siguiendo relevante casi 40 años después, como darse una vuelta por r/Music y /mu/ lo podrá demostrar, e inspirando a una legión de bandas y movimientos a través de las generaciones. El debut de Wire sigue al pie de la letra la única regla que el punk originalmente seguía: rompe todas las reglas. Considerando lo cuadrado que terminó siendo el género en vísperas de los ‘80, se podría decir que Colin Newman reinventó el art-punk él sólo. No sería insensato opinar (debatiblemente) que Pink Flag es el álbum de guitarras más pegajoso de todos los tiempos, una hazaña increíble para una obra con una ambición claramente experimental.  Una línea musical de poco más de una hora, en la que cada uno de los tracks resulta satisfactorio sin importar cuántas veces se reproduzca. Henry Rollins, Graham Coxon, y Michael Stipe estarían de acuerdo.

Three Imaginary Boys (1979) – The Cure

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Hay quienes debatirían la importancia de otras entregas de The Cure sobre de la de su debut, y justificadamente; con un Disintegration de paisajes perpetuos y teclados resplandecientes en el que fueron concebidos himnos de la talla de “Plainsong” y “Fascination Street”, o con un Pornography espeso y claustrofóbico, que para varios es la epítome de “lo gótico” en la música pop, es fácil desestimar al álbum de la portada rosa y los electrodomésticos, que, como es común para el trabajo inaugural de cualquier banda de trayectoria, pareciera ser una obra desaliñada e insípida en comparación. Estructuras y temáticas convencionales, y un sonido de guitarra casi permanentemente limpio le dieron la misma reputación a Three Imaginary Boys que la que un fan de Amnesiac le daría a Pablo Honey. Sin embargo, viendo a través de las descripciones superficiales, este primer álbum de Robert Smith fue sustancial como eslabón en la evolución del movimiento, tomando el bosquejo estructural en el songwriting de bandas como Buzzcocks y The Stranglers e infundiéndolo con dinámicas, para lograr un juego refinado (y extremadamente sutil) de sonoridades y texturas, que puede ir del groove al jumpscare cacofónico en un instante. Un meticuloso trabajo de estudio en el que se manipulan todos los sliders que se puedan imaginar, un sonido icónico que gusta del riff mixolidio, y un post-punk provocativo y bailable hacen de Three Imaginary Boys uno de los mejores álbumes del género, y escuchándolo en el 2016, uno de los más refrescantes.

Unknown Pleasures (1979) – Joy Division

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Un álbum rodeado de mito y folclore que indudablemente fue espejo de la situación artística de su momento, así como un drástico cambio cultural. Olvidemos cualquier pretensión inherente a este género, la misión y monumento de gran parte del post-punk y definitivamente de Joy Division fue renovar el concepto punk. Al buscar transmitir la esencia, emoción, y energía del mismo a través de rumbos diversos y a veces opuestos, demostraron que estos términos definen más un espíritu que un sonido. Unknown Pleasures es fácilmente descrito como pesado, oscuro, ruidoso y hasta agresivo pero no contiene casi ningun elemento de la música con la que se le asocia.

Metal Box (1979) – Public Image Ltd

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Al pensar en post-punk, la idea de un groove persistente de batería-bajo, vocales como profundos lamentos y agudamente estridentes, y guitarras navegando por un espacio enorme vienen a nuestra mente. Lo cierto es que este creciente cliché tomo tiempo en concebirse y por eso Metal Box resulta tan importante en retrospectiva. Líneas de bajo inspiradas en dub, toques electrónicos que recuerdan a krautrock, una guitarra que sigue su propias reglas y Johnny Lydon (Rotten) tomando el papel de renovación del punk con una libertad de interpretación que parece recién descubierta dan un resultado que el tiempo no ha logrado corromper.

In The Flat Field (1980) – Bauhaus

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Siguiendo con los álbumes debut, el de Bauhaus es un viaje de goth rock de 38 minutos, considerado como uno de los primeros ejemplares de su tipo. Inicialmente tachado de poco moderado y de modernista, In The Flat Field fermentaría uno de los estilos más imitados dentro de la escena de los ochenta. Durante toda la extensión del texto musical, Peter Murphy lleva en su garganta a un Lou Reed de tesitura madura y temple bullicioso, mientras que la música se desdobla en el centro de un submarino dentro del que se practica el ocultismo y se venera al ruido.

Deceit (1981) – This Heat

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La música de This Heat siempre ha tenido el carácter de ser inconcebible y atemporal, así dos años después de ese temible y alienígena debut regresarán con este decadente y obsesivo álbum. ¿Por que obsesivo? El temor y paranoia de una guerra fría que no cesaba de crecer y contaminar el psyche social fue inspiración para un álbum aterrorizado, pero también aterrorizante. Algunos sienten que la etiqueta de post-punk es algo floja ante este proyecto que suena a veces más progresivo, más electrónico, e incluso jazz, pero para nosotros esta etiqueta y reconocimiento general viene de lo mismo que representa el post-punk, la transmisión de ideales punk a través de un medio nuevo. Deceit transmite paranoia paralizante y ansiedad, en un álbum violento y agonizante que quizá ni siquiera estos géneros musicales alcanzan a entender su esencia.

The Queen Is Dead (1986) – The Smiths

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Johnny Marr dijo “an effortless piece of music” hablando de “The Boy with the Thorn in His Side” y a pesar de que nos hemos preguntado muchas veces qué significa, creo que podemos hacer una interpretación por farsante que esta pueda ser.  Hay simplicidad en la música de The Smiths, en toda su expresión, y esto es monumental dentro de su estilo, estética, y temas. Esta aparente livianeza en su música se vuelve más compleja cuando uno indaga en el grupo y se encara con otra cara más del punk como concepto transdisciplinario. Un producto que demanda atención con sencillez pero mucho tacto e involucramiento personal lírico y visual. Un proyecto que nos encara con la realidad de la diversidad del rock.

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1 comment on “Los 7 álbumes esenciales de post-punk

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