Sobre el cadáver de Amy Winehouse

Recuerdo la popularidad de Amy Winehouse (“Amy” para sus disquecuates”) cuando salió el Back to Black. Tuvo videos en MTV por meses, sus sencillos sonaban en todos lados, desde el coche de mi mamá hasta los iPods de mis amigas. Escapar de “Amy” era inevitable, al grado de que ese año ella fue la gran ganadora en los Grammys. Se volvió la consentida de los tabloides, su imagen y sus hábitos se volvieron más relevantes que su música. Nos dejamos de preguntar cuando volvería a sacar música en favor de preguntarnos cual iba a ser su próximo escándalo. Y entre escándalo y escándalo, entre más se perdía en la memoria colectiva, “Amy” dio su golpe más poderoso: se murió.

Tras su muerte, como la de todos los artistas que ocupan aún un poco de espacio en la cultura popular, su vida y obra fueron exaltadas como si fuera un nuevo libro de los evangelios dedicado a su carrera. De pronto su música tomó una relevancia que jamás tuvo en vida. Se hizo un documental, se le admiró como una de las grandes figuras de lucha femenina del siglo XXI e incluso había material regado para lanzar dos álbumes póstumos e incluso fue nominada para los Brits como mejor artista femenina. En 2016. Cinco años después de su muerte. Este tipo de cosas me hacen reevaluar el verdadero valor y aporte de Amy Winehouse a la música contemporánea. ¿Realmente Back to Black es bueno? ¿Realmente aportó algo interesante al mundo de la música? ¿Cuál sería la opinión pública de su música de seguir viva?

Yo soy de esos pesimistas amargados y culeros que creen que lo mejor que Amy pudo haber hecho con su carrera fue morirse. Creo sinceramente que su música no hubiera tenido ningún tipo de trascendencia, y que aún con su muerte y el foco de atención que la rodea, no recordaremos ni escribiremos mucho de ella en un par de años. Todo el luto que rodeó a su muerte fue tratado como si se tratara de Bowie, de Prince. Ni a Lemmy le hicieron tanta faramalla, y de él se seguirá escribiendo bastantes años más. También se puede ver desde el lado de lo que representaban su imagen y rebeldía. Amy como figura de empoderamiento femenino. ¿Necesita uno morir a base de adicciones y malos hábitos para convertirse en un mártir de la causa del género en la música?

Hay muchas mujeres representando y defendiendo el rol de la mujer en una industria históricamente machista, perfectos ejemplos a seguir como Beyoncé, Janelle Monáe e incluso Taylor Swift con sus constantes controversias. Entonces, ¿por qué exaltar la carrera de Amy Winehouse desde tantos aspectos? Dos álbumes, que la crítica especializada consideró como miembros oficiales del montón. En serio le he dado muchas vueltas a un tema tan trivial como el fallecimiento de un famoso y, llegando a este punto de mi crítica, tampoco entiendo muy bien la razón de ser de la misma. Así como no entiendo esa apreciación en retrospectiva de una artista que considero mediocre, y que sé que no soy el único. Así como no entiendo las complicaciones de la vida de Amy Winehouse ni lo que es estar en sus zapatos. Así como no entiendo qué parte de su vida es la que se puede tomar como la base de un modelo a seguir; pero eso sí, muy firme en lo siguiente: la música de Amy Winehouse me parece de lo más mediocre, y la muerte de ningún artista hará que cambie mi opinión. Eso sobre mi cadáver, o mejor aún, sobre el de Amy Winehouse.

 

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